Historias mínimas para desmitificar la Reforma Universitaria

Cultura & Espectáculos 11/04/2018 Por
Este miércoles a las 19, en el Auditorio Luis Gagliano, Juan Cruz Taborda Varela presenta su segundo libro, “El corazón sobre sus ruinas. Crónica de una Reforma que fue revolución”.
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1 / 2 - - Juan Cruz Taborda Varela en la presentación de su primer libro, acompañado por Dante Leguizamón y Luis Rodeiro.

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A casi un siglo de la revolución estudiantil que transformó las universidades públicas de Córdoba, del país y de América Latina, así como también el pensamiento de una época, Juan Cruz Taborda Varela presenta un libro para devolverla a las calles y quitarle el olor a estante de biblioteca que, infinidad de investigaciones y ensayos académicos le fueron dando en estos 100 años. En “El corazón sobre sus ruinas. Crónica de una Reforma que fue revolución”, el periodista y escritor busca recuperar a través de historias mínimas, la esencia subversiva que originó la gesta latinoamericanista, anticlerical y anticapitalista.

"Qué fue la Reforma. Cómo se hizo. ¿Explotó, dolió, sangró?". Preguntas que intenta responder el nuevo libro de Taborda Varela, donde no hay análisis de academia ni de las proyecciones internacionales que la Reforma generó. Hay, sí, una crónica de aquello que empezó en septiembre de 1917 y culminó un año después. Una crónica sostenida por las voces de sus protagonistas, a los que el autor va haciendo aparecer paulatina y destacadamente, en un acto de justicia histórica que se anima a desterrar mitos y a proclamar verdades como que no fue Deodoro Roca, sino Enrique Barros, el líder estudiantil más destacado de la gesta.

El segundo libro de Taborda Varela -el primero es ‘La ley de la revolución, biografía política de Gustavo Roca’- fue editado por Ediciones Recovecos y tiene ilustraciones de Juan Delfini. Será presentado el miércoles 11 de abril en el Auditorio Luis Gagliano, Jujuy 27, y estarán junto al autor el médico y escritor Carlos Presman y la historiadora y docente universitaria Mónica Gordillo. Antes de la presentación, el periodista habló con LA NUEVA MAÑANA.

-Tu primer libro fue sobre la vida de Gustavo Roca, hijo de Deodoro. Y este segundo sigue profundizando

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de alguna manera en esa misma línea al abordar la Reforma Universitaria. ¿Qué te motivó a investigar en un hecho que ha sido tantas veces contado?
-Lo que me motivó es el interés por la historia como punto de partida para entender el presente. No soy un historiador. Soy un periodista interesado con cuestiones que tienen que ver con la vida política de la ciudad, de la provincia y del país Y la historia es el inicio para comprender muchas cuestiones que tienen que ver con la realidad política cultural, religiosa y social actual. Hace 20 años descubrí la figura de Deodoro Roca, en función de su cualidad de escritor político por el Manifiesto Liminar en un primer momento y después por la obra que lo dejó en evidencia como uno de los más interesantes escritores políticos que tuvo el mundo hispano. El otro día hablaba con Horacio Sanguinetti y me decía que a nivel de escritor político Deodoro está a la altura de Borges y Sarmiento. También creo que es una figura que no es lo suficientemente valorada por la idiosincrasia cordobesa. No obstante, y si bien tiene una participación muy importante en la Reforma Universitaria, Deodoro aparece casi al final. Es decir, aparece en junio del 18 y el movimiento comenzó en julio del 17 y terminó en diciembre del 18. Aparece la noche anterior a que explote todo, que fue el 15 de junio en el viejo rectorado de la Universidad Nacional de Córdoba.



-¿Ese sería uno de los mitos de la Reforma a los que te referís?

-Sí, es uno de los grandes mitos en cuanto a su condición de líder único. Esto no es cierto, aunque sí podemos afirmar que fue el máximo referente intelectual e ideológico. Pero hubo otros líderes estudiantiles que quedaron relegados por el peso que tenía Deodoro, un hombre de una capacidad y un análisis político que Córdoba no tuvo antes y no tuvo después. Yo siempre destacó cuando murió Deodoro, a su ataúd lo llevaron el gobernador que era Santiago H. Castillo y el vicegobernador que era Arturo Umberto Illia. No me imagino hoy a las autoridades provinciales llevando el ataúd de un pensador que además era un libertario, casi un anarquista.

-¿Con qué archivos y documentos trabajaste en el proceso de investigación?
-El tiempo de investigación fue desde que presente el anterior libro hasta que lo terminé hace unos meses. Así que fue más o menos un año y dos meses. No quería análisis, no quería proyecciones, no quería conocer cómo estaba la reforma 100 años después. No porque no me interese sino que de eso hay mucho. Yo lo que necesitaba saber era dónde habían sido las cosas. Quiénes eran los protagonistas. Cómo habían empezado los hechos puntuales, esas historias mínimas, las tensiones, las disputas. Así que me fui a los dos diarios de la época que fueron La Voz del Interior y el diario Los Principios. A los dos diarios los consulté y los revise de punta a punta desde julio del 1917 a diciembre del 1918. También tomé un poco de La Nación. Me concentré en La Voz y Los Principios porque ellos relataban fielmente los hechos y además habían tomado una postura muy clara y muy determinada en relación a la Reforma. También me interesé en la revista que fundaron los estudiantes en los mismos días del proceso reformista, que fue La Gaceta.

-La escritura de los hechos es dinámica, directa y reproduce, de algún modo, las voces de los protagonistas. ¿Hay algún otro material que narre así la Refoma? ¿A quiénes te interesa que llegue el libro?
Tengo la sensación de que durante todo este tiempo se ha buscado hacer de la Reforma Universitaria algo aburrido para que la gente no se interese y para que fundamentalmente no conozca los métodos, para que a nadie se le ocurra hoy hacer algo similar. Por supuesto que no tengo ningún dato científico para corroborarlo pero me da esa sensación. El proceso reformista fue un hecho que duró un año y para el cual se podrían hacer infinidad de series para Netflix, películas en Hollywood, se podrían escribir novelas y sin embargo la producción cultural de Córdoba ha estado vedada para la reforma. Con este libro, y respetando la rigurosidad y exhaustividad que suponen un proceso político como lo que fue, entendí que había que hacerlo entretenido. Me interesa salir de la academia. A Córdoba hay que leerla en el pasado para entender cómo es hoy. Quien siente curiosidad por entender cómo es la Córdoba de hoy debiera acercarse a la Reforma como un hecho fundante de la Córdoba moderna que logró sacarla del Medioevo en que vivía. En el libro dejo plasmado en qué calles transcurrió, dónde fueron las marchas, dónde pelearon, dónde hirieron a un dirigente.

¿Cómo ves a la UNC de hoy con relación a las banderas ideológicas y políticas de la revolución de 1918?
Pese a la proclama institucional de reconocimiento histórico por los 100 años de la Reforma, tanto del gobierno nacional que decretó que este es el año de la Reforma y como de la Universidad de Córdoba, no encuentro puntos de contacto en términos políticos ideológicos. Es difícil comparar las directrices político ideológicas de hace 100 años y lo que pasa hoy. La Reforma del 18’ fue un movimiento anticlerical, anticapitalista, latinoamericanista y anti imperialista. Todo esto está en el Manifiesto y también en los distintos discursos públicos de los estudiantes, en alianza con los trabajadores. Sin embargo, nada de eso se puede ver hoy ni en el Gobierno nacional, ni en el rectorado de la Universidad Nacional de Córdoba.

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