Abrirá sus puertas la primera casa trans de Córdoba

Sociedad 06/03/2018 Por
Funcionará en barrio Los Naranjos y, gestionada por el Centro Socio Cultural Laura Moyano, brindará capacitación en distintos oficios, además de ofrecer contención a personas transgénero ante situaciones de discriminación y vulneración de derechos.
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1 / 2 - La primera casa trans de Córdoba estará ubicada en barrio Los Naranjos. Fotos: Consuelo Cabral

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Por: Consuelo Cabral

Laura Moyano tenía 35 años y estaba aprendiendo a leer y escribir. El 24 de julio de 2015 salió de su casa en la Villa 9 de Julio, al noroeste de la ciudad de Córdoba, y fue a bailar a Santa Diabla. Esa misma noche Laura fue asesinada. Quien la mató, le pegó en la cara y le pisó el cuello. Después la dejó tirada en una obra en construcción de la avenida Donato Álvarez, una de las zonas rojas que se ubican en la periferia de la ciudad. A dos años y medio de su travesticidio, no hay imputados.

En su memoria, y en nombre de todas las víctimas por ola de travesticidios y transfemicidios que en los últimos años vienen sucediendo en Córdoba, es que surgió el Centro Socio Cultural Laura Moyano. Su nacimiento fue impulsado por la muerte de algunas y por el deseo de vivir de otras. Pero más todavía por el deseo de vivir de una forma digna, donde derechos básicos como el acceso a la identidad, la educación, la alimentación y la salud sean una realidad y no un dolor cotidiano. Y a pesar de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha llamado a los estados a aplicar políticas públicas que garanticen el cumplimiento de sus derechos y programas que luchen contra la transfobia, las vidas tans siguen siendo descartables. Asesinadas o no, son muertes anticipadas, cuya expectativa de vida no supera los 35 años.

A dos años de su creación, el Centro Socio Cultural Laura Moyano inaugurará a fines de marzo la primera casa trans de Córdoba, que funcionará en Vieytes 1383, en barrio Los Naranjos. Será además la segunda casa de este tipo en América Latina, la primera está en la ciudad de Buenos Aires. Pero previo a ello hubo un trabajo territorial que surgió como una “contraofensiva” a la llegada del presidente Mauricio Macri al Gobierno nacional, y que consiste al día de hoy en brindar asistencia en alimentación, salud, educación y capacitación laboral a mujeres transgénero. Si bien casi todo el trabajo que llevan a cabo se financia de forma autogestionada con venta de rifas o tortas, desde la secretaría de Políticas Sociales de la Provincia se les brindan ayuda.

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En 2016 comenzaron dando asistencia a 50 mujeres trans y hoy, en 2018, son cerca de 150 las que reciben un módulo alimentario y preservativos para cuidar su salud sexual.

Franco Bonino, estudiante de Sociología y Ciencias Políticas en la Universidad de Villa María, cuenta a La Nueva Mañana que sumado al crimen de Laura, la idea de crear un espacio autogestionado que brinde contención a personas trans surgió también en respuesta al recambio del Gobierno nacional en 2015. “El Centro nace de la articulación de la organización Putos Peronistas con las compañeras y compañeros trans que están nucleados en esa organización y que entendían que a partir de la coyuntura que se venía con Macri en el poder, tenían que hacer un trabajo territorial en respuesta a un modelo neoliberal, que finalmente se terminó imponiendo tal como pensábamos. No quería un espacio sesgado, sino un lugar inclusivo, que luchara contra violencia contra las compañeras. Una violencia que no sólo es física, sino económica, simbólica, de la cual no se habla en la agenda de género. Un ejemplo claro fueron los tarifazos en la luz. Si a una persona cualquiera le afecta, a una mujer trans le afecta siete veces más. Termina con la luz cortada, viviendo en la oscuridad y ahí, en esas cosas chiquitas pero que hacen al día a día, entramos nosotros a ayudar”.

En 2016 comenzaron dando asistencia a 50 mujeres trans y hoy, en 2018, son cerca de 150 las que reciben un módulo alimentario y preservativos para cuidar su salud sexual. El trabajo territorial consiste en recorrer las zonas rojas de donde muchas de las chicas trabajan: el Mercado Norte, la Donato Álvarez, la Juan B. Justo y en localidades del interior tales como Jesús María, La Falda, Villa María.

“En los últimos dos años las chicas se organizaron y de no reclamar ayuda del Estado, empezaron a recorrer los ministerios con el convencimiento de que es una obligación del Gobierno ayudar a las personas trans cuyo derechos son avasallados desde la infancia hasta la adultez. Por eso es que nos autogestionamos, pero exigimos apoyo del Estado”, dice Bonino.

Chicas trans al mando

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A través de la Secretaría de Equidad y Empleo provincial obtuvieron máquinas de coser y decidieron armar una cooperativa textil, cuya personaría jurídica está en marcha.

El local de barrio Los Naranjos donde funcionará la primera casa trans de Córdoba, llegó por medio de una vecina que les cedió el inmueble a cambio de que fuera usado para dar capacitaciones y generar empleo. Después, a través de la Secretaría de Equidad y Empleo de la Provincia, obtuvieron máquinas de coser y decidieron armar una cooperativa textil, cuya personaría jurídica está en marcha. Naty, una chica trans ex trabajadora sexual y hoy costurera, será la capacitadora.

Además, lograron a través del ministerio de Educación tener cinco cursos de oficios: habrá peluquería, maquillaje, pedicura, manicura y depilación. Cada curso tendrá una capacitadora y 25 asistentes. A largo plazo, la idea es además de la cooperativa, contar con personas capacitadas para poder abrir un centro de estética.
“Es una forma de empoderarnos porque vamos a ser chicas trans las que estemos al mando, tanto para dar las capacitaciones como para aprender y el día de mañana poder tener un trabajo. Esta es una experiencia inédita en Córdoba, porque hasta ahora podíamos acceder a cursos en otros centros socio comunitarios, pero eran dictados por personas fuera de la comunidad. Acá somos nosotras las que hacemos y deshacemos, con autonomía y de forma colectiva”, dice Paola Rosemberg.

Daniela Demichelis, una de las dos mujeres trans que integran el Colectivo Ni Una Menos Córdoba y que forma parte del Centro Socio Cultural Laura Moyano, cuenta que “en las zonas rojas las chicas están muy expuestas a situaciones de violencia, a la vez que están totalmente desprotegidas. No existe una política pública específica para ayudar a personas trans, siendo que muchas de nosotras sufrimos discriminación desde la familia hasta del Estado. Tenemos muchos casos de chicas que no terminaron ni la primaria, porque se fueron de sus casas peleadas o echadas por los padres que rechazan su identidad de género. Hay muchas chicas que viven en pensiones, que la están luchando desde abajo, y en el Centro nos ocupamos de darles una mano, de acompañarlas, y no dejarlas solas”.

Un refugio pendiente

La casa de Los Naranjos no tendrá camas, ni dormitorios. El espacio es chico y las necesidades grandes, por lo que por el momento se darán allí sólo capacitaciones y se usará para la cooperativa textil. Sin embargo, eso no hace que desde el Centro Socio Cultural Laura Moyano pierdan de vista su próximo objetivo: la creación de un refugio para personas trans víctimas de violencia. Éste es el principal reclamo a los estados municipales, provinciales y nacionales.

“Consideramos violencia de género no sólo la física de un hombre hacia una mujer, sino también la exclusión del hogar, la falta de empleo, de educación, de salud”.

“Hay un gran problema habitacional donde las víctimas de violencia no pueden ir a refugios de hombre, ni a refugios de mujeres porque tienen que estar judicializadas por violencia de género, desde una perspectiva binaria, del hombre que le pega a la mujer. No está caracterizada la violencia de género hacia las chicas trans desde una visión más amplia, donde se considere violencia la discriminación. Nosotros consideramos violencia de género no sólo la física de un hombre hacia una mujer, sino también la exclusión del hogar, la falta de empleo, de educación, de salud. Hay muchísimas chicas que son echadas de su casa por la familia, y quedan durmiendo en la calle. Que tienen 30 años y no tienen documento porque vivieron toda la vida la calle. Es una violencia que se desprende por salirse de una norma”, explica Bonino.

Según el joven, impulsor de la primera casa trans en Córdoba, es necesario continuar visibilizando esta problemática y acercar al Estado la realidad de la comunidad transgénero. “Un caso emblemático fue lo que ocurrió con el crimen de Azul Montoro de 23 años, donde el fiscal Guillermo González, por primera vez en Córdoba, caratuló la causa como femicidio. Eso fue posible en cierto modo gracias a que desde la comunidad LGTB se le acercaron los argumentos necesarios para que ocurriera el cambio de carátula. Por eso es tan importante este movimiento de empoderamiento trans que viene ocurriendo”.

Quienes deseen colaborar con donaciones o como voluntarios pueden contactarse al teléfono 351 3735548 o a través de Facebook, en Centro Socio Cultural Trans Laura Moyano.

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