Adelanto del libro "El camino del Salmón", de Panichelli

Pequeños relatos 22/02/2018 Por
En poco más de un mes saldrá el cuarto libro del escritor Germán Panichelli. Otra historia que atraviesa el fútbol de Córdoba en sus detalles más certeros.
PANICHELLI

El autor cordobés Germán Panichelli prepara su cuarto libro de la saga de historias de Aldo Rocamora. El ex futbolista de Instituto repasa en sus relatos los detalles más certeros del fútbol cordobés con un estilo que atrapa desde la primer página.

En LA NUEVA MAÑANA adelantamos un fragmento de "El camino del salmón", que editado por Lago Editora, saldrá a la calle dentro de 45 días.

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El tren de las oportunidades

–El chico ahora está jugando en Almafuerte, en la liga de Río Tercero. Te resumo la historia, jugaba en Belgrano, hizo las inferiores ahí de los 11 a los 16 años, a esa edad se lo lleva Boca. Allá durante dos años fue considerado una de las promesas más firmes, pero había un problema, el chico se venía a Córdoba más seguido de lo habitual, argumentando que extrañaba a la familia. Una vez al mes viajaba para acá, así hasta los 18 años cuando lo promueven al plantel profesional y le dicen que ya no se puede venir tan seguido. Lo llevan a un par de pretemporadas, alcanza a debutar en primera, siguen apostando por él, pero no pueden impedir que una vez al mes se venga, eso lo perjudicaba, notaban que al regreso de cada viaje le costaba recuperarse cada vez más. Resulta que el chico no era que extrañaba a la familia, extrañaba a los amigos y a los bailes, pero eso en Boca nunca lo supieron —dijo el representante Richard Castillo.
–¿Entonces?
–Lo ceden a Belgrano. Como en Boca su rendimiento fue decayendo, deciden prestarlo, y no les pareció mejor lugar que a un equipo de su ciudad, donde ya lo conocían y para que esté cerca de la familia, creyendo de buena fe que ese era el motivo de sus viajes.
–Apagaron fuego con nafta –dijo Rocamora.
–Exactamente, acá vino y comenzó de titular, pero lo mismo, empezó bien, porque tiene unas condiciones bárbaras, pero resulta que salía a los bailes todos los días que tenía libre y al cabo de unos meses no podía levantar las piernas –dijo Castillo.
–¿Al final qué pasó?
–Desde mitad de campeonato en adelante ya no jugó, Boca lo dejó libre y nadie lo pidió, porque ya todos sabían de su conducta, acá y allá. Se quedó en Córdoba hasta que le salió esto de Almafuerte –se quedaron en silencio, hasta que el representante agregó apenado–. Qué desperdicio.
–¿Será recuperable? –preguntó el coordinador.
–Andá a hablar con él, vive acá en Córdoba, va los viernes a Almafuerte y se queda hasta el domingo, tomá, esta es la dirección de su casa, andá a verlo, si lo recuperás, ese es de otro nivel.

A las once llegó a Villa Libertador, consultó la dirección que le había dado Castillo y encontró el lugar sin inconvenientes. La casita, muy humilde, se ubicaba a unas cuadras de la rotonda central del barrio. Tocó timbre y al poco tiempo salió el joven. Rocamora luego de presentarse y de las palabras de compromiso dijo:
–Estamos armando el plantel de San Carlos para el próximo Nacional B y hemos apostado en su gran mayoría a jugadores de Córdoba, de la liga cordobesa y el interior de la provincia, y me hablaron de vos –hizo una pausa y contempló al chico, que se mantenía imperturbable–, yo algo te conocía de tus primeros pasos en las inferiores de Belgrano, después te perdí y recién volví a saber de vos cuando debutaste en Boca y luego regresaste a Belgrano y ahora me sorprendió cuando me dijeron que estabas en Almafuerte, ¿qué pasó?
–Que soy el más pelotudo del mundo –el joven hizo una pausa y agregó– y no le echo la culpa a nadie, solo a mí.
–Algo sé de tu conducta afuera de la cancha ¿No intentaste cambiar?
–Pensé que se podían hacer las dos cosas a la vez, es que hasta Belgrano, que era primera división, veía que con esa vida me iba bien, podía salir y jugar, pero resulta que no tuve tiempo de cambiar, de decir, por este camino voy mal, lo voy a corregir, no, de un día para otro ya era tarde, no me llamó nadie más.
–¿Y qué hiciste? –preguntó Rocamora.
–En Belgrano no anduve tan mal, tampoco me destaqué, nunca me imaginé que no me iba a salir nada, que se yo, otro club más chico de primera, del Nacional B, o volver a Boca. Mi representante me decía que tranquilo, que algo va a salir, pero después cuando Boca me dejó libre se borró.
–¿Nadie te iba hablando para que corrijas tu conducta?
–Todos, los profes, técnicos, me hablaban, me aconsejaban, pero insisto, nunca había tenido un golpe que me haga reaccionar. Es cierto que Boca me prestó, pero eso no lo tomé como un retroceso, sino que lo hicieron para que yo agarre experiencia. Resulta que era el paso previo a dejarme libre, y el rumor de que a mí me gustaba la joda ya lo sabían todos, de primera división a las ligas del interior. No lo puedo creer.
Rocamora vio arrepentimiento en los ojos del chico y el deseo imposible de volver el tiempo atrás.
–¿Ya tiraste la toalla? ¿No te gustaría una oportunidad más?
–¿En serio me lo dice profe? –preguntó Flores.
–No tengo ni quiero perder mucho tiempo, si te interesa jugar en San Carlos, juntame a todos tus amigos, los que salen con vos, para hoy a las siete de la tarde, acá, yo hablo con ellos y mañana vas al club a hacer fútbol para que te veamos un poco, simplemente para ver tu estado físico. Pero solo si antes logro hablar con tus amigos, llamame en el transcurso del día y avisame –dijo Rocamora, quien tenía planeada una estrategia a seguir y le dio un papel con su número de teléfono.

(...)

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