"Difunta Correa: la verdadera historia" estrena hoy en el Cineclub Municipal

Cultura & Espectáculos 14/02/2018 Por
Con dos funciones, una a las 20.30 (cuyas entradas gratuitas están agotadas) y otra a las 21.45, el largometraje cuenta la historia de Deolinda Correa de Bustos. Está dirigido por Pepe de la Colina.

Este miércoles 14 de febrero, coincidiendo con el Día de los Enamorados, estrenará en la ciudad de Córdoba el largometraje "Difunta Correa: la verdadera historia", del realizador cinematográfico sanjuanino Pepe de la Colina.

La avant premiere será en el Cineclub Municipal Hugo del Carril, en bulevar San Juan 49, y contará con dos funciones. Una a las 20.30 y otra a las 21.45. En el caso de la primera función, las entradas se encuentran agotadas. Además estarán presentes su director y la protagonista, Marina Zeghaib, entre otros actores y técnicos del rodaje.

La película, mezcla de documental y ficción, fue filmada íntegramente en la provincia de San Juan y contó con la participación de 30 actores y actrices.

"Se trata de un docu-ficción donde más de treinta actores interpretan la historia de Deolinda Correa y su travesía con su hijo a cuesta en busca de su marido hecho prisionero, pero también damos cuenta del crecimiento del santuario que en la actualidad es un lugar que recibe a 3 millones de promesantes al año",  contó De la Colina a LA NUEVA MAÑANA.

Entre los orígenes del interés del cineasta por llevar a la pantalla grande la experiencia de la Difunta Correa se encuentran experiencias de sus primeros años de vida: "Desde muy chico, en los años 60', yo apenas tenía seis o siete años, y con mi madre íbamos al paraje de Vallecito, que está a unos 60 kilómetros de la capital de San Juan. Era un lugar muy desolado, apenas había una capillita y un lugar para tomar un café con leche. Y a lo largo del tiempo lo he visto crecer inmensamente. Es un polo gastronómico, tiene un barrio con casas para albergar a quienes trabajan en el santuario".

De la Colina agregó que la película contiene datos que surgieron de un trabajo de investigación previo, como ser la intención durante la última dictadura cívico militar, de "arrasar con todo Vallecito y prohibieron con un escrito del Episcopado Argentino el culto a la Difunta Correa".

Durante muchos meses el director trabajó junto a Sebastián de la Colina, quien se encargó de llevar adelante un registro fotográfico del santuario, dando cuenta de los actos de fe de los promesantes. "Él no sólo es mi asistente en todo, sino que además junto a Sebastián trabajamos recabando testimonios de los fieles, luego hicimos el casting de los actores y cerramos investigando cómo surgen la leyenda", agrega De la Colina.

Sobre la Difunta Correa

Deolinda Correa fue una mujer cuyo marido, Clemente Bustos, fue reclutado forzosamente hacia 1840, durante las guerras civiles. Vivían en el departamento de Angaco, provincia de San Juan. Esto hizo que Deolinda, angustiada por su marido y a la vez huyendo de los acosos del comisario del pueblo, decidiera ir tras él.

Con el objetivo de reunirse con su marido en La Rioja tomó a su hijo lactante y siguió las huellas de la tropa por los desiertos de la provincia de San Juan llevando consigo sólo algunas provisiones de pan, charqui y un poco de agua. Cuando se le terminó el agua, Deolinda estrechó a su pequeño hijo junto a su pecho y se cobijó debajo de la sombra de un algarrobo. Allí murió a causa de la sed, el hambre y el agotamiento.

Cuando unos arrieros pasaron por el lugar al día siguiente y encontraron el cadáver de Deolinda, su hijo seguía vivo amamantándoso de sus pechos, de los cuales aún fluía leche. Los arrieros la enterraron en el paraje conocido hoy como Vallecito y se llevaron consigo al niño.

Al conocerse la historia, muchos paisanos de la zona comenzaron a peregrinar a su tumba, construyéndose con el tiempo un oratorio que paulatinamente se convirtió en un santuario. La primera capilla de adobe en el lugar fue construida por un tal Zeballos, arriero que en viaje a Chile sufrió la dispersión de su ganado. Tras encomendarse a Correa, pudo reunir de nuevo a todos los animales.

Hoy en día mucha gente deja en el santuario de la difunta botellas con agua, pensando que "Nunca le falte agua a la Difunta".

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