Por qué asoma un febrero conflictivo en lo económico

Córdoba 14/02/2018 Por
El Gobierno nacional, que tiene varios frentes abiertos en estos comienzos de 2018, buscar congelar el consumo poniendo un techo a las paritarias para intentar cumplir con una meta de inflación no superior al 15%, algo que se avizora muy complicado. Los gremios, en pie de lucha.
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1 / 3 - En la Argentina de “la grieta” hay un punto de consenso: economistas de distinta formación concuerdan en que la situación económica no es buena.

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Por: Facundo Piai - Especial La Nueva Mañana

Luego de un fin de semana largo “traumático” para aquellos que se quedaron sin cash por no pasar por el cajero antes del viernes, se espera un mes con una agenda sindical cargada. El viernes 9 de febrero hubo un paro de La Bancaria por 24 horas exigiendo el cumplimiento de distintas cláusulas de acuerdos anteriores y en rechazo al techo paritario de este año. Sergio Palazzo, secretario general del gremio, denunció que no pueden llegar a un acuerdo con los propietarios de los bancos debido a que desde el Gobierno exhortan a los banqueros a que no avalen una recomposición salarial por arriba de 9%. De no haber respuesta satisfactoria para los empleados de bancos, repetirán la medida de fuerza el 19 y 20 del corriente mes.
Todo indicaría que el conflicto entre trabajadores y el Gobierno se agudizaría este año. A la pérdida de poder adquisitivo del salario (un informe de la Universidad Nacional de Avellaneda concluye que en los últimos dos años el salario de los argentinos es el que más se deterioró en relación a los otros países de la región; fue alrededor de 6,1%, producto del incremento sostenido de los precios que licuó los distintos aumentos salariales) se suman la intención del Gobierno de reducir la inflación congelando el consumo y una situación fuera de lo común que también incentiva a que haya aumentos escuetos. El bochorno del ministro Triaca con su empleada doméstica ocasionó mucho malestar dentro del gabinete, al punto tal que algunos medios se atrevieron a publicar nombres de posibles reemplazantes. Motivo por el cual, el ministro de Trabajo sabe que de no lograr ponerle un techo a las pretensiones de los sindicalistas, para que los aumentos estén por debajo del 15%, su salida será casi inevitable.

A todo esto, diferentes organizaciones sindicales confirmaron que se movilizarán el 21 de febrero en oposición al modelo económico de Cambiemos. La Corriente Federal de Trabajadores, junto a Camioneros y otros sindicatos de la CGT, acompañados por los movimientos sociales y las dos CTA, se convocan en repudio a los despidos, por paritarias libres que les permitan ganar el poder adquisitivo perdido, el rechazo a las reformas laboral y previsional.

En la Argentina de “la grieta” hay un punto en el que existe consenso: economistas de distinta formación concuerdan en que la situación económica no es buena. En este sentido, Orlando Ferreres, director de la consultora Ferreres & Asociados, sostiene en su columna habitual del diario La Nación que el Gobierno no logró las metas previstas en inversión extranjera y ocupación; ni tampoco satisfizo sus objetivos “de reducción de la pobreza y la indigencia. Lo mismo podemos decir en cuanto a la inflación y al déficit fiscal”.
El mismo analista sostuvo en diálogo con radio La Red que no habrá una baja significativa de la inflación durante este año y que “la receta del Gobierno para atacarla no funcionó”, en consecuencia, el aumento de precios durante el 2018 será del orden de los veinte puntos, de acuerdo a lo que marcan las estimaciones de su consultora. Tampoco prevén un repunte en el consumo. De seguir congelado el consumo es poco probable que se cumpla el crecimiento del PBI en torno a 3,5%, tal cual lo prevé el presupuesto de este año. De no repuntar, ni siquiera se cumplirá la perspectiva que dio a conocer el Banco Central en el informe REM (Resultados del Relevamiento de Expectativas de Mercado) que es un crecimiento económico de tres puntos. Sin expansión del consumo se dificulta el desarrollo de la economía por el peso específico que tiene en nuestra estructura económica. De acuerdo al informe Técnico del Instituto Nacional de Estadística y Censos de la República Argentina (Indec) sobre el avance de nivel de actividad publicado a fines del 2016, el consumo (público y privado) representa el 70% del PBI medido de acuerdo a la demanda global.

Por su parte, el director de la Licenciatura en Economía de la Universidad de de Avellaneda, Santiago Fraschina, también describe un escenario económico preocupante. La producción industrial tuvo comportamientos dispares durante el año pasado, mientras la industria de la construcción repuntó de la mano de la obra pública, traccionando a los sectores conexos como la producción de cemento, el desempeño total de la industria fue raquítico. “El crecimiento fabril total 2017 fue del 1,8 por ciento, con lo cual está aún un 2,9 debajo de los estándares de 2015”, advierte el analista.
La política económica del Gobierno para este año parece ser congelar el consumo incrementando la pérdida de poder adquisitivo del salario, reducir la base monetaria con tasas bancarias elevadas y regular la circulación de pesos mediante las Lebacs para, de este modo, intentar controlar la inflación; devaluar el peso de acuerdo al pedido del complejo exportador; y en el sector externo proseguir con la apertura comercial.

Ahora bien, ocurre que cada una de las políticas implementadas tiene efectos negativos para los objetivos buscados. Por caso, congelar el consumo implica postergar la expansión de la economía; darle a los exportadores el dólar que desean implica devaluar y las devaluaciones siempre han repercutido en los precios internos agudizando la inflación; las Lebacs direccionan eventuales reinversiones en maquinarias o personal hacia la renta financiera, su efecto es negativo para el crecimiento de la economía y también para la inflación, puesto que atenta contra una expansión de la oferta; el aperturismo comercial para “volver al mundo” implica aumentar el déficit comercial, malgastar dólares en bines suntuarios e importar trabajo. Aumentar el déficit comercial también significa nuevos empréstitos para financiar el faltante de divisas. Deuda que, como hizo Nicolás Avellaneda, se honran “sobre el hambre y la sed del pueblo”.

Así las cosas, es natural que estemos en un año conflictivo. Para no dejar de responder el interrogante que se presenta en la nota, nunca más precioso recurrir al lema con el que el ex presidente norteamericano Bill Clinton puso sobre el tapete los problemas reales de los estadounidenses y se impuso en las elecciones de 1992 al popular George Bush (padre), quien tenía niveles de aprobación superiores al 80%. “Es la economía, estúpido”.

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