Los salarios, lejos de ser la principal variable en la productividad

País 27/11/2017 Por
Aunque el Gobierno nacional apunta al costo laboral como la traba para generar nuevos empleos y mayor competitividad argentina en el mundo, la mano de obra ocupa un porcentaje menor en la estructura de gastos de las empresas.
Salarios lejos de ser la principal variable en la producción
Ilustración: Leandro Cirico

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Por: Facundo Piai - Especial para La Nueva Mañana

Con la postergación de la discusión del proyecto de reforma laboral en el Senado, desde el Gobierno intensificarán las críticas hacia el campo sindical en caso de no lograr un eventual acuerdo. Por su parte, gran parte de los trabajadores ya se organiza en contra del proyecto de reforma, la Corriente Federal de Trabajadores, las dos CTA, y varios gremios de la CGT liderados por Pablo Moyano planean movilizarse frente al Congreso para mostrar su rechazo. Así, lo que parecía ya un hecho dado a los acuerdos del ministro Jorge Triaca con los triunviros de la CGT, terminó por derrumbarse la semana pasada.Con la postergación de la discusión del proyecto de reforma laboral en el Senado, desde el Gobierno intensificarán las críticas hacia el campo sindical en caso de no lograr un eventual acuerdo. Por su parte, gran parte de los trabajadores ya se organiza en contra del proyecto de reforma, la Corriente Federal de Trabajadores, las dos CTA, y varios gremios de la CGT liderados por Pablo Moyano planean movilizarse frente al Congreso para mostrar su rechazo. Así, lo que parecía ya un hecho dado a los acuerdos del ministro Jorge Triaca con los triunviros de la CGT, terminó por derrumbarse la semana pasada.
Para justificar la reforma, desde las filas oficiales y la prensa adicta afirman que el costo del trabajo es uno de los principales factores por los cuales la economía no crece sustancialmente. El ministro de Trabajo había justificado la necesidad de un régimen laboral más flexible aduciendo que las cargas patronales impiden la generación de nuevos empleos. Lo cierto es que el proyecto modifica la Ley de Contrato de Trabajo y presenta puntos rechazados por los trabajadores, siendo los más controversiales: el cambio del cálculo de la indemnización, la creación de un banco de horas, reducción de las contribuciones patronales y la alteración del concepto de trabajo (considerado “valor social compartido” entre el asalariado y la empresa/empresario, modificando el artículo 4 y 5 de la Ley de Contrato de Trabajo vigente), entre otros. 
Las distintas cámaras empresarias que apoyan las reformas (laboral e impositiva) alegan falta de productividad en la economía local, padecimiento que se corregiría con un marco laboral más flexible. Para un sector amplio del empresariado y el Gobie rno, la supuesta “industria del juicio laboral”, la fortaleza de las organizaciones sindicales, junto al ausentismo y el salario mínimo más alto de la región generan una baja productividad. Cabe aquí hacer una aclaración, rentabilidad y productividad no son estrictamente una misma cosa. Si por productividad se entiende la relación entre los recursos utilizados y la cantidad de mercancías obtenidas, no es del todo correcto afirmar que la economía local no es productiva por los altos salarios. Ya que el rendimiento del trabajo, en cuanto su capacidad de producir bienes, no se incrementaría necesariamente por una disminución del costo de la fuerza laboral. En ese caso lo que sí se incrementaría es la rentabilidad empresaria, pero esto no significa mayor producción de mercancías en menor tiempo.  

Productividad, competitividad, rentabilidad y reforma laboral

Abeceb, compañía en consultoría económica y negocios en América Latina, posiciona a la economía argentina penúltima en un ranking de Costo Laboral Unitario Global de Manufacturas formado por 25 países (entre economías desarrolladas y semiindustrializadas). Este relevamiento da cuenta de que los salarios no son la principal variable a la hora de hablar de productividad, por caso, Argentina es menos competitiva en términos generales que: EEUU, Alemania, Australia, Canadá, Japón, España, Francia, Italia, Inglaterra, Turquía, entre otras economías en donde el salario mínimo es mayor al que perciben los trabajadores argentinos. China, que ocupa el primer lugar del ranking, tiene un salario mínimo (170 euros según el portal datosmacro.com) mayor al de otras economías a las que les gana en competitividad, como es el caso de Rusia, México, India, Paquistán o Indonesia. Del informe se puede concluir que el desarrollo tecnológico aplicado a los sistemas productivos y la reinversión del capital son más importantes que el costo del salario a la hora de hablar de productividad. 

El salario y la investigación como variables de ajuste

En la anterior entrega de La Nueva Mañana, en la entrevista a José Ignacio De Mendiguren, el diputado nacional y dirigente empresario desestimó que las reformas puedan ser el puntapié para el crecimiento económico, tal cual lo plantean los funcionarios del gobierno, “porque cuando el modelo económico es lo que no anda, no hay reforma que sirva”, sentenció. De Mendiguren dio en una de las claves, que es señalar el equívoco del Gobierno al confundir el todo con una de las partes. Ya que es ilusorio pretender que la economía se reactivará por modificaciones en factores secundarios, como lo son el sistema laboral e impositivo. Afirmar lo contrario implica asumir como fáctica la imagen de que hay empresarios con maletines llenos de dinero, esperando estas modificaciones para, de inmediato, invertir productivamente el capital. Para terminar por descartar estas elucubraciones hay que analizar cuánto pesa el salario en la estructura de costos de las empresas.
Durante este año y el 2016 el INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) realizó diversos relevamientos en múltiples empresas para echar luz sobre la cadena de valor de diferentes sectores de la economía, con estos datos podemos afirmar que las erogaciones que hacen las empresas para adquirir mano de obra no son de los principales gastos, en la estructura de costos ocupan el segundo o tercer lugar de acuerdo a la actividad referida. Por ejemplo, en el sector de la construcción, en el subrubro obra pública, la mano de obra representa el 23% de los egresos, contra un 76% que se conforma entre insumos y servicios. 
En este sector se invierte más en la compra de metales, cemento, cal, yeso y materiales para hacer las instalaciones que en salarios. En la estructura de costo promedio de la industria automotriz tampoco la mano de obra tiene un peso significativo, siendo el principal gasto los insumos y las piezas importadas (más del 70% de las erogaciones totales), frente a sólo un 10% que representa la adquisición de personal. Lo mismo ocurre en el sector vitivinícola, el salario no presenta el principal peso en una estructura de costo en donde los insumos representan el 31% del gasto y la gestión y administración otro 30%.

Cuál es el costo laboral en los rubros más significativos

Mención aparte merece el sector de la producción de carne de cerdo y leche de vaca, puesto que las distintas políticas implementadas por el Gobierno de Cambiemos impactaron fuertemente en el sector, perjudicando la productividad y competitividad. En la producción de cerdos, la alimentación de los animales representa un 69%, otro 19% del gasto total se destina a la adquisición de madres y a la reproducción de los cerdos, representando la mano de obra sólo el 5%. En el sector lácteo, más de la mitad del gasto se destina a la alimentación de las vacas lecheras, de acuerdo a la campaña 2012-2013. Tras la quita de retenciones, el aumento del maíz golpeó al sector porcino y las protestas no se hicieron esperar, Omar Príncipe, presidente de la Federación Agraria Argentina (FAA), afirmó que “miles de productores porcinos viven una situación crítica, ya que se trabaja a pérdida, con un costo de $20 para producir un kilo de carne, cuando el mercado paga a razón de $15 y en las góndolas se vende a $100”. La situación del sector lechero no es muy distinta, un informe elaborado por el Centro de Estudios Para el Desarrollo Económico sostiene que la quita de retenciones perjudicó a diversos actores del campo. En ese sentido, el estudio afirma que “la eliminación de los derechos a las exportaciones al maíz, y el aumento del precio del gasoil, empeoró sensiblemente la ecuación de costos de los tamberos”, quienes durante el 2015 compraba con 303 litros de leche una tonelada de maíz, un año más tarde, necesitaba 877 litros para comprar la tonelada de maíz. “En otras palabras, los productores debían entregar un 190% más de leche para comprar este insumo clave”.
Dentro de la industria metálica básica, la siderurgia y producción de aluminio también se vieron encarecidas por el modelo económico implementado a partir de diciembre de 2015. Insumos claves para el desarrollo de otras actividades, con lo cual, su encarecimiento repercute en la estructura de costos de muchos sectores. El aluminio requiere de dos inversiones principales, la alúmina que se importa (se le destina  el 32% de las erogaciones) y energía para la producción (representa un 21% del gasto total). De igual modo, en la siderurgia las materias primas y la energía para la fundición tienen un peso de más de 70% del costo, siendo los salarios poco menos de 13%. Huelga aclarar que los aumentos de la electricidad, gas y combustibles perjudicaron al sector más de lo que puede llegar a recuperar ahorrándose parte de las contribuciones patronales, tal cual propone el proyecto de reforma laboral en ciernes.

Aplicaciones productivas, claves en el desarrollo industrial 

El doctor en sociología y becario del Conicet Daniel Schteingart sostiene la tesis de que en la actualidad las economías pujantes tienen un modelo de desarrollo en donde la inversión en ciencia y tecnología con aplicaciones productivas son fundamentales para la competitividad y el desarrollo económico a futuro. De hecho, las economías más productivas y, en consecuencia, altamente competitivas en el comercio internacional pertenecen a países que invierten fuertemente en I+D (investigación y desarrollo). En efecto, Alemania destina casi tres puntos de su PBI en ciencia, teniendo 4.431 investigadores cada un millón de habitantes (según estimaciones del Banco Mundial); lo propio hace China al destinar más del dos por ciento de su producto a la investigación; Corea del Sur tiene más de 7 mil científicos cada millón de habitantes e invierten en ciencia y técnica más de cuatro puntos de su PBI; al igual que países pujantes como: EEUU, Finlandia, Noruega, Suecia, Dinamarca y Japón. Australia, un país con el que les gusta compararnos a muchos economistas dispone de cuatro mil investigadores cada millón de habitantes para lo cual otorga el 2% de su PBI a I+D. Contrariamente, nuestro país cuenta con poco más de mil investigadores cada millar de habitantes y prepara un nuevo recorte en investigación para el próximo año. Un estudio realizado por el CyTA (Ciencia y Técnica Argentina)  sostiene que “tras la asunción del presidente Macri, la inversión en ciencia bajó a 1,39% en 2016 y hoy el gobierno propone reducirla al 1,22%”.  Así, el peso de la ciencia en la inversión del Estado nacional se redujo más de un 20%.

La especulación financiera vs sistema productivo

Sumado a este deterioro en la innovación y la técnica, el ahorro interno tampoco se focaliza en el sistema productivo. Por el contrario, se direcciona hacia la especulación financiera, gracias a los altos retornos de las Lebacs. Renta financiera que luego es fugada a paraísos de nula tributación con firme secreto bancario. De acuerdo a estimaciones del CEPA (Centro de Economía Política Argentina), sólo durante el primer semestre de este año se fugaron más de USD$7 mil millones. Lo cual se suma a las grandes fortunas que la alta burguesía argentina tiene en paraísos fiscales y que según el economista Alfredo Zaiat equivalen al 80% del PBI de nuestro país. Con todo esto, es más factible que la falta de competitividad de nuestra economía se deba a fenómenos estructurales (como la fuga, que no distingue modelos económicos ni gobiernos) conjunto a las políticas antiproductivas implementadas por la gestión Cambiemos (suba de energía, gas y combustibles; encarecimiento del crédito; y la vuelta de la “bicicleta financiera”) que al salario argentino “y las pesadas contribuciones patronales”.
De ser aprobada la reforma laboral cabera preguntarse ¿por qué la disminución del salario, erogación que no representa un peso significativo en la estructura de costos de las actividades antes señaladas beneficiaría a la productividad de la economía? Más bien la flexibilización de las condiciones de trabajo y la consecuente disminución salarial afectará al poder adquisitivo de las familias perjudicando a aquellas empresas cuyas ganancias provienen del mercado interno. En efecto, quienes obtienen del mercado externo su riqueza se beneficiarán, pero en este estado de situación no es seguro afirmar que reinvertirán el dinero proveniente del ajuste de la masa salarial. Debido a que la valorización financiera interna producto de las altas tasas de las Lebacs genera las condiciones propicias para que el dinero proveniente de la flexibilización laboral se direccione hacia la especulación financiera, para luego ser fugado, intereses mediante, hacia paraísos financieros.  

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