Fuertes críticas al Gobierno nacional por privatizar Dioxitek

Córdoba 14/11/2017 Por
A través de un duro informe, el Observatorio de la Energía, Tecnología e Infraestructura para el Desarrollo (Oetec) tildó de "globalización verde" al decreto emitido por Macri días atrás.
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1 / 2 - - Ingreso a la planta de Dioxitek en Alta Córdoba

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Citamos por su importancia a los objetivos de este informe el artículo 4 (subrayado es nuestro): “En DIOXITEK SOCIEDAD ANONIMA, la COMISION NACIONAL DE ENERGIA ATOMICA será titular de las acciones de clase “A”, por un TREINTA Y OCHO POR CIENTO (38 %) del Capital Social. NUCLEAR MENDOZA SOCIEDAD DEL ESTADO será titular de las acciones de clase “B”, por un UNO POR CIENTO (1 %) del Capital Social. Las acciones de clase “C”, por un CINCUENTA Y UNO POR CIENTO (51 %) del Capital Social quedan sujetas a privatización. Hasta tanto se privaticen estas últimas, serán de titularidad de la COMISION NACIONAL DE ENERGIA ATOMICA quien ejercerá los derechos societarios…”.

Y del Decreto 1.286 al Decreto 882 de 2017. Como se advierte del párrafo anterior, la normativa firmada por el ministro de Energía, Juan José Aranguren, concreta el primer paso en el proceso de privatización de Dioxitek. ¿Cómo lo hace? Ordena la transferencia de las acciones Clase “C” en poder de la CNEA al Ministerio de Energía “a los fines de su posterior enajenación en el proceso de venta correspondiente”.

A través de un duro informe, el Observatorio de la Energía, Tecnología e Infraestructura para el Desarrollo (Oetec) tildó de "globalización verde" al decreto emitido por Macri días atrás e indicó que casi un cuarto de siglo más tarde se termina por desplazar a la CNEA de algo tan vital como es la oferta doméstica del dióxido de uranio, crucial a su vez para la fabricación de los combustibles nucleares que alimentan nuestras centrales y reactores de investigación.

De la Fundación Mediterránea a Shell, Nicolás Caputo y los “verdes”

El Oetec se pregunta 'por qué vuelve a escena la intentona privatizadora contra el sector nuclear' cuando, en 1994 se puso en marcha la primera movida en esta dirección (Decreto 1.540), a la CNEA se le colocaba el rótulo de “Organismo en Disolución” mientras se la transfería al Ministerio de Economía. En paralelo, se creaba la empresa Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NA-SA) a los efectos de iniciar el desguace. NA-SA, si bien poseía al Estado como único accionista, quedaba sujeta a privatización.

Al frente de NA-SA asumieron contadores y abogados de la Fundación Mediterránea, organización que había puesto al secretario de Energía de la Nación, el ingeniero Carlos Bastos (1992-1996). Bastos, hoy uno de los directores del Ente Nacional Regulador de Electricidad (ENRE), autor intelectual y ejecutor de las privatizaciones de SEGBA y Gas del Estado, favoreció a operadores privados (locales y extranjeros) de la industria petrolera, que no contentos con apropiarse del sector hidrocarburífero (upstream y downstream), marcharon sobre el sector eléctrico.
Y como la electricidad es mejor negocio cuando proviene de centrales térmicas alimentadas a gas natural y combustibles derivados del crudo (las nucleares proveen electricidad más barata en $/MWh), el mercado bajó el pulgar a lo nuclear.

La administración macrista

Tal como viene informando en informes anteriores, el Oetec indicó que de no haber sido por la presión de la República Popular China, el oficialismo hubiera desmantelado el Plan Nuclear Argentino relanzado en 2006. Obviamente, no pudo (como tampoco pudo, y por idéntica razón, con las represas sobre el río Santa Cruz).

"¿Por qué tanta saña contra lo nuclear de parte de las fuerzas conservadoras? Negocios, por un lado, y proyecto políticopor el otro. Atentar contra este sector significa desmantelar una actividad industrializadora por excelencia, promotora y modernizadora de las capacidades científicas y tecnológicas genuinamente argentinas. Difícilmente le pueda llegar a interesar fabricar radioisótopos y generar electricidad barata y abundante al granero del mundo", señala el escrito.

Y destaca un cambio entre Menem y Macri. "Al tradicional frente de las petroleras y los dueños de la generación termoeléctrica se le ha sumado, en su histórica lucha contra las energías nuclear e hidráulica, un poderoso y bicéfalo aliado: un fundamentalismo ambiental renovado al galope del “cambio climático” y la todopoderosa burguesía “verde” estadounidense y europea. En ese galopar ambientalista, una vez más la Fundación Mediterránea, entre otros centros ultra-conservadores, respaldó la Cumbre Economía Verde realizada en Córdoba en octubre pasado", dicen desde Oetec.

La globalización “verde” y su rol oculto en la privatización macrista 

Promovida y amplificada por el alarmismo del “cambio climático” y el fin del mundo (ninguna de las catástrofes pronosticadas por el “pastor climático” Al Gore se cumplió), una arrolladora ola “verde” de proporciones globales se lleva puesta la seguridad energética y la calidad de vida de las clases populares en Europa, América Latina y África.

Para el Oetec, la Argentina de Macri, cooptada por el neoliberalismo, las corporaciones y el fundamentalismo ambiental, en la cresta de dicha ola “verde” a la par de Chile, México y Uruguay, entre otras. El Plan RenovAr es fiel reflejo de ello, prohijado aquí por la mismísima Fundación Mediterránea, la Universidad del CEMA, FIEL y cuanto centro ultra-conservador se encuentre en el país. Todos de la noche a la mañana convertidos en “verdes”, preocupados y dedicados a tirar abajo el consumo energético de un pueblo derrochador porque daña el ambiente y libera mucho dióxido de carbono. Qué coincidencia la convergencia entre los objetivos históricos del neoliberalismo de desindustrialización y atrofia del mercado interno y los postulados del ecologismo medieval.

En fin, asegura el informe del Oetec, los dueños de la energía en todo el mundo se vuelcan masivamente a las tecnologías del viento y del sol. Negocio redondo y sutil pero eficientísima estrategia recolonizadora en lo económico, comercial y financiero en las naciones periféricas, bajo una nueva división internacional del trabajo “verde”. Si aún no se nos cree, formúlese el lector y la lectora la siguiente pregunta: ¿A quién/quiénes financian los organismos de crédito internacionales y los gobiernos europeos cuando “invierten” en América Latina? ¿A la industria, a la ciencia, a la tecnología y al empleo latinoamericano de calidad? ¿O a sus propias industrias, su propia ciencia, tecnología y empleo? El Plan RenovAr del macrismo no es ninguna excepción.

Dioxitek
Es la única empresa en la Argentina que produce el polvo de dióxido de uranio (UO2) de pureza nuclear grado cerámico, que es el material que se emplea en la fabricación de los elementos combustibles que usan los reactores nucleares de nuestro país. La materia prima empleada por Dioxitek para la fabricación del dióxido de uranio es un producto sólido denominado comercialmente concentrado de uranio, el que es transformado en un complejo proceso químico realizado bajo estrictas normas de calidad y seguridad.

El control del dióxido de uranio, clave

La guerra contra la energía nuclear y la hidroelectricidad de gran potencia instalada es condición sine qua non para el triunfo de la ola “verde”. De eso se trata la reapertura privatizadora del sector nuclear luego de casi un cuarto de siglo y, en ella, la posibilidad concreta de privatización de Dioxitek, ubicada en barrio Alta Córdoba de la ciudad Capital, iindican desde el Observatorio de la Energía, Tecnología e Infraestructura para el Desarrollo.

De acuerdo al nivel de concentración y verticalización del sector energético que se sucede desde diciembre de 2015, no sería descabellado suponer que el 51% del paquete accionario sea adquirido por empresas de (o vinculadas a) Mindlin, Caputo, ENEL, Techint, etc. Si dicho actor privado decidiera, por ejemplo, abastecer a las centrales con dióxido de uranio importado, los costos del sector nucleoeléctrico dispararían afectando así la promoción y el sostenimiento de la capacidad autónoma y soberana del desarrollo científico-tecnológico ligado al Plan Nuclear Argentino relanzado en 2006. Esto asestaría un golpe letal a los proyectos de construcción de nuevas centrales basadas en este tipo de tecnología. Ni que hablar de la inconveniencia para la seguridad nacional del desplazamiento del Estado del control del Ciclo del Combustible nuclear.

El Decreto 882 es contundente: no van a paralizar los planes nuclear e hidroeléctrico como otrora sucediera en tiempos de Alfonsín, Menem y De la Rúa. Antes bien, y como fuera explicado antes, condicionados en buena medida por la presión china, se deciden por hacerse de su control (privatización) desde donde podrán no sólo neutralizar sus efectos anti-tarifazo (por tratarse de fuentes de generación que compiten con las más caras termoeléctrica, eólica y la solar) sino también hacer pingues negocios con ellos, todo a costa de la seguridad energética nacional, la viabilidad económica y la calidad de vida de la población.

En una administración cuyo Ministerio de Energía está cooptado por la industria petrolera y el sector energético vinculado a la generación termoeléctrica (en progresiva alianza con las principales empresas extranjeras de las energías eólica y solar), el control del dióxido de uranio clave para la viabilidad comercial de la nucleoelectricidad constituye una jugada magistral.

Magistral, claro está, para dominar una fuente de generación que compite y hasta es antagónico con los desbocados intereses del frente “verde” (igual para la generación hidráulica de gran porte). Fue por esta misma razón que, en 1996, se decidió avanzar con Dioxitek. Fue por la misma razón también, que el Plan Energético Nacional implementado entre 2004 y 2015, así como el Plan Nuclear relanzado en 2006, mantuvieron la propiedad accionaria en manos de CNEA, potenciando incluso ciertas ventajas de la creación de Dioxitek. Y fue por la misma razón, finalmente, que el cartel energético al frente del Ministerio de Energía decide volver con todo, terminando aquello que Cavallo y Menem no pudieron, en paralelo a un presupuesto del ajuste para el sector y la demora de más de año y medio en la construcción de la cuarta y quinta centrales nucleares.

Fuente: www.oetec.org (Observatorio de la Energía, Tecnología e Infraestructura para el Desarrollo).

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