Denuncia abierta en defensa de la memoria colectiva

Cultura & Espectáculos 06/11/2017 Por
Recientemente fui convocado para participar del encuentro “IDEAS – Pensemos juntos el futuro”. Organizado por el Ministerio de Cultura, el evento reunía a jóvenes de todo el país.
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Pablo Avelluto, ministro de Cultura de la Nación

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Por: Darío Mascambroni (*) - Especial para La Nueva Mañana

Hace poco más de un mes tuve la posibilidad de participar del encuentro “IDEAS - Pensemos juntos el futuro” organizado por el Ministerio de Cultura de la Nación; un evento que se propuso reunir a más de 80 jóvenes de todas las provincias de la Argentina con el supuesto objetivo de generar un espacio de debate en el cual surgieran nuevas maneras para forjar un “futuro mejor”.
Entre los jóvenes había representantes de las distintas ramas de la ciencia, la tecnología y las artes. Una buena conjunción de mentes que hubieran elevado el nivel de debate y discusión sobre cualquier tema que se tratase. Pero en el encuentro “IDEAS”, ni el debate ni la discusión estaban invitados. Bastaron unas pocas horas para dar cuenta de que los verdaderos objetivos giraban en torno a un sistemático adoctrinamiento compuesto de actividades didácticas y charlas (casi en su totalidad con disertantes del exterior) que ponían en tela de juicio la importancia de la democracia al mismo tiempo que se relativizaban conceptos como el de memoria, verdad y justicia.

Curioso fue lo que sucedió apenas comenzado el evento cuando Pablo Avelluto, el ministro de Cultura de la Nación, pronunció sus palabras de bienvenida. Discurso en el cual pidió con aparente ingenuidad que al participar del encuentro dejásemos de lado cuestiones políticas y partidarias. Una petición que con el correr de las horas se volvería cada vez más incoherente, no solo por el ineludible carácter político de cada una de las actividades sino también por la temprana visita de Marcos Peña (jefe de Gabinete y uno de los principales referentes del actual Gobierno nacional) quien intentó, según mi parecer, hacer uso en plena campaña de la imagen de 80 jóvenes “destacados” de todo el país reunidos con el fin de “mejorar el mundo”. Lo positivo de esta visita surgió cuando algunos pudimos pronunciarnos en contra del accionar incoherente del jefe de gabinete. De esta manera, quienes habíamos sido convocados pudimos conocernos realmente, saber dónde estábamos parados, y de esta manera generar un espacio de debate en paralelo que fue sin dudas mucho más interesante y productivo.

El encuentro proponía a sus participantes encuestas en las que se mezclaban preguntas tales como “¿Escuchaste la canción Despacito esta semana?”, “¿Sabés jugar al truco?”, “¿Estás afiliado a un partido político?” y mi favorita, teniendo en cuenta la petición despolitizadora del ministro Avelluto: “Puede que la democracia tenga problemas, pero es mejor que cualquier otra forma de gobierno. ¿Hasta qué punto estás de acuerdo o en desacuerdo con esta frase?”.
Párrafo aparte para el nivel de las actividades. Hace más de diez años terminé el secundario y estoy seguro de que aún entonces me habrían parecido demasiado infantiles. Entre las más complejas se proponía encontrar un “nuevo y mejor” sistema de votación: era una consigna OBLIGATORIA que no admitía el comentario de quienes creemos que nuestro actual sistema no debe ser modificado.

Cuando los organizadores pudieron identificar cierta disconformidad en algunos de los jóvenes convocados, las actividades se tornarían sistemáticamente en un espacio reducido a escuchar primero las opiniones de quienes evidentemente estaban felices con la tónica del encuentro. Cuando el grupo de ovejas negras alzaba las manos para pronunciar sus opiniones, casualmente el tiempo de la actividad se acababa.
Varias fueron las frases que se utilizaron para relativizar la noción de memoria colectiva: “Hay veces que el olvido es más importante para la paz”, era la frase de cabecera del politólogo estadounidense David Rieff, quien expuso sus ideas en el encuentro. La psicóloga alemana Julia Shaw, por su parte, aportaba frases como: “La memoria colectiva también puede ser implantada” y “es más ético en el laboratorio implantar recuerdos negativos”. De esta manera, las consignas parecían estar destinadas a menospreciar una lucha de años por reivindicar la memoria y la justica, en la que incluso varios de los jóvenes convocados participan activamente desde distintos puntos del país. Como ya dije, había tiempo para que opinen quienes cuestionaban la cantidad de desaparecidos y apelaban a la condición de “mito” de la memoria. También para la opinión de quienes argumentaban desde un costado meramente biológico y en teoría fáctico. Pero el tiempo se acababa antes de que pudiéramos emitir sonido aquellos que veíamos estos planteos como un retroceso democrático.

Habiendo pasado poco más de un mes tal vez puedan negar mis palabras argumentando que todo se trata de una ilusión que yo mismo me inventé. Tampoco puedo comprobar mi participación ya que intenté esquivar las fotografías que luego serían publicadas en el marco del encuentro. Pero hacerse el desentendido no es una opción. Tal vez este relato, al ser publicado, se inscriba en esa memoria colectiva que quieren exterminar y en la que yo sí creo y considero necesaria.

(*) Cineasta

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