Riesgos de una economía sostenida sólo por el crédito externo

País 17/10/2017 Por
Las políticas económicas implementadas por el Gobierno nacional perjudican el tejido productivo, generan más déficit comercial con Brasil, destruyen y el mercado interno.
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Por Facundo Piai - Especial para La Nueva Mañana

Desde la vuelta a la democracia a esta parte, la economía argentina arrastra tres problemas estructurales, al menos, que se presentan con distinto énfasis de acuerdo a las políticas económicas que se instauran para menguar sus efectos, evidenciándose en todo su esplendor en los momentos de crisis. Estos problemas recurrentes debilitaron la economía en la crisis de la década del 80, en la de los años 90 y en el estallido de comienzo de siglo. Hablamos de la restricción externa, la inflación y la falta de empleo (consecuencia de una economía que no diversifica su estructura productiva, ni crece intensivamente a un ritmo que permita absorber mano de obra de acuerdo al crecimiento poblacional). Más allá de la orientación económica general y el patrón de acumulación al que tributaron los diferentes gobiernos, ninguno logró solucionar la matriz de los problemas estructurales. Cuando estos problemas se manifiestan, las consecuencias son harto conocidas por el pueblo argentino: merma del poder adquisitivo del salario, destrucción del mercado interno y del tejido productivo, fuga de capitales, falta de dólares y en consecuencia, pérdida de soberanía económica, pobreza, marginalización; etc.
De acuerdo al discurso oficial y el de gran parte de los medios que apoyan al Gobierno nacional, parecería ser que el equipo económico de Macri logró lo que los otros no: superar los problemas estructurales. De modo tal que solo quedaría esperar a que los beneficios del nuevo modelo se manifiesten en la realidad de la población, aunque, a juzgar por la tapa del diario La Nación del día jueves pasado, la reactivación ya “llegó al consumo masivo”. Contrariamente, como venimos sosteniendo en este espacio, el modelo económico que el Gobierno propone, basado en la distribución regresiva del ingreso, no es sustentable.

Como venimos sosteniendo en este espacio, el modelo económico que el Gobierno propone, basado en la distribución regresiva del ingreso, no es sustentable.

“La inflación ya no es un problema”, había manifestado el ex ministro de Economía Prat Gay, en una entrevista radial a mitad del año pasado. Sin embargo, el BCRA sigue sin lograr resolver este tema, pese a la batería de políticas e instrumentos empleados para reducir la base monetaria. Recientemente, el FMI desmintió la meta de inflación que propuso Federico Sturzenegger para este año. Los técnicos del Fondo prevén una inflación de 26.9%, diez puntos por arriba de lo que espera el Gobierno. De efectuarse, probablemente tenga repercusiones en el campo sindical ya que acordaron paritarias en torno a la meta de 17% en un contexto de pérdida de poder adquisitivo. De acuerdo a un relevamiento del Instituto Estadístico de los Trabajadores (IET), en 2016 el salario real formal cayó 5,3% interanual y en lo que va de 2017 creció apenas 2,2%, de modo que no se recupera lo perdido.

Los datos publicados por el Indec sobre el Intercambio Comercial Argentino del mes de agosto permiten matizar el rebote de la economía de este año. El país acumuló durante ocho meses un rojo comercial de USD 4.498 millones, es decir que, en todos los meses del año, se importó más de lo que se exportó. Durante agosto, la exportación cayó 9% respecto a la comparación interanual con agosto del año 2016, año recesivo en el que la economía cayó más de dos puntos. Por su parte, las importaciones de agosto de este año aumentaron 24%. Esto quiere decir que en la relación comercial de la Argentina con el resto del mundo están ingresando menos dólares por exportación y se están gastando más dólares para comprarle al mundo. La caída de las exportaciones se debe, en parte, a la baja de la cotización de la soja y otros comodities, que representan las principales exportaciones de nuestro país.

El déficit comercial con Brasil, difícil de revertir

En consecuencia, el déficit comercial con nuestro principal socio comercial, Brasil, llegó a USD 776 millones durante agosto. De no modificarse la composición de nuestras exportaciones a Brasil, principalmente materias primas y manufacturas de origen agropecuario con poco valor agregado, difícilmente pueda revertirse la situación. Algunos analistas económicos avizoran que el rebote de la economía carioca traccionará la demanda de productos locales, lo cual beneficiará a nuestra economía. La composición de los bienes que comercializamos con el vecino del norte dicen lo contrario. De acuerdo a un informe de la Cámara Argentina de Comercio (CAC) sobre el intercambio comercial, los principales bienes que demandamos de Brasil son: vehículos para el transporte de personas, tractores de carretera para semirremolques, camiones, chasis con motor y cabina marca Scania, autobuses con motor de émbolo, aparatos mecánicos y electromecánicos, máquinas de ordeñar, chasis para vehículos, excavadoras, hematites y alúmina calcinada. Por otro lado, exportamos: vehículos para transporte de personas y mercancías, cajas de cambio, trigo, pan, maíz en grano, querosenos de aviación, ajos, cebada cervecera, leche entera, papas y gasolina natural, entre los principales productos.

De no haber un cambio en el origen de nuestros productos comercializados, un crecimiento de la economía brasilera profundizaría el rojo comercial con este país, puesto que demandarán más materias primas y producirán más mercancías de origen industrial.

De no haber un cambio en el origen de nuestros productos comercializados, un crecimiento de la economía brasilera profundizaría el rojo comercial con este país, puesto que demandarán más materias primas y producirán más mercancías de origen industrial. Inclusive, la información disponible sobre el comercio con los brasileros pinta un escenario poco alentador. Ya que, como lo están haciendo casi todas las potencias económicas, Brasil está evaluando excluir del libre comercio del Mercosur a la leche en polvo proveniente de Argentina. Así lo reveló el ministro de Agricultura de aquel país. Por otro lado, desde Balcarce 50 aprobaron certificados sanitarios para la compra de carne vacuna fresca deshuesada, posiblemente frente a la presión de los lobistas de la brasileña JBS, el mayor frigorífico latinoamericano.

Endeudamiento externo y fuga de dólares

De acuerdo al informe de CAC, hubo un aumento significativo de la importación de vehículos, bienes de consumo y de capital. Si al rojo comercial le sumamos los giros de remesas que las empresas de capital extranjero hacen hacia sus casas matrices y la fuga de capitales -investigadores del Centro de Estudio y Política Argentina concluyen que desde que Macri arribó al poder el promedio de salida mensual de dólares supera los mil millones- ¿por qué no estamos en una situación de restricción externa? Únicamente por la política de endeudamiento. En la medida que este modelo no genere las condiciones para que la economía sea superavitaria en dólares, el país depende de préstamos externos. Al ser el endeudamiento externo el pilar sobre el cual se asienta la economía, si la Reserva Federal Norteamericana aumenta el costo del crédito la Argentina se verá seriamente perjudicada. Los riesgos son considerables puesto que la suerte de la economía depende del frente externo, y allí es imposible manejar variable alguna.

El Gobierno, lejos de resolver el problema de la falta de dólares, logra sortear coyunturalmente la restricción externa mediante endeudamiento. De este modo, en la medida en que aumente el déficit comercial y no se generen las condiciones para revertirlo, mientras se acumulan compromisos de deuda con el exterior, se fabrica un panorama económico frágil, que no sería lo suficientemente sólido como arguyen desde el Gobierno. El investigador Eduardo Basualdo, autor del libro “Endeudar y Fugar”, dijo, en una entrevista en virtud de su nuevo libro publicado, que la fuga de capitales durante el 2016 fue de 11.700 millones de dólares. Una cifra considerable, sin embargo menor a la del ’90, que alcanzó los 14 mil millones de promedio anual. Pero es menor a la fuga del modelo Menem-Cavallo “por efecto del blanqueo de capitales y por la lógica de valorización financiera; las altas tasas de interés de las Lebac le restaron presión a la fuga”, reflexionó el investigador de Flacso.

Es decir, el Gobierno posterga problemas, el de la fuga y la falta de dólares, generando valorización financiera interna y nuevos compromisos de deuda con el exterior. El equipo económico contrae préstamos a tasas elevadas y el BCRA, a su vez, eleva la tasa de sus letras para reducir la base monetaria e intentar disipar la compra de dólares y posterior fuga. Lo que hace que en poco tiempo el Gobierno deba pagar onerosos compromisos de deuda en el exterior y elevadas tasas a los tenedores de letras, quienes luego, presumiblemente, comprarán dólares y fugarán.

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