José “Piculín” Ortiz: “Hay niños que no me vieron jugar y me piden fotos”

Deportes 14/09/2017 Por
Una leyenda mundial del básquetbol, José “Piculín” Ortiz, formó parte de la logística en FIBA, en la AmeriCup, en Córdoba. El portorriqueño rememoró con LA NUEVA MAÑANA sus tiempos en el Mundial ’90 en nuestro país y recibió el cariño general.
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1 / 3 - - José “Piculín” Ortiz, formó parte de la logística en FIBA, en la AmeriCup, en Córdoba.

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Intimidaba con su presencia al costado de la línea que separa el parquet de la primera fila, en el Orfeo Superdomo, mientras Argentina intentaba batir a Estados Unidos, en la final de la Americup 2017. Sus 2,11 centímetros imponían respeto. Y, a pesar de no ser personal de seguridad, su labor como encargado de logística para FIBA de los partidos oficiales lo ponían casi a la misma estatura. Nadie osaría cruzar su figura, en su sano juicio. Sin embargo, detrás de esa imagen se esconde José Rafael Ortiz, inmortalizado como “Piculín”, leyenda en el mundo del básquet.
Ese nombre causa respeto. Y una sonrisa que legitima su gran legado. Con una bondad suntuosa, el portorriqueño se prestó al diálogo con LA NUEVA MAÑANA sin omitir ningún tópico. “Es lindo y grato regresar a Argentina y a Córdoba. Presenciar la pasión del público, sentir que lo viven con la misma magnitud que uno lo hizo en el reducto de juego, para uno, que fue ex profesional, es lo más importante”, contó “Piculín”, apelativo y expresión que los boricuas aplican para decir “pequeño”.

-El Mundial ’90 en Argentina para Puerto Rico marcó una irrupción mundial...
-Fue impresionante. De hecho le ganamos a Estados Unidos y el único partido que perdió Yugoslavia, un gran campeón, fue contra nosotros. Fue una alegría inolvidable, es grato saber que la gente me recuerda porque pasaron 26 años de esto. Y el reencuentro con amigos también. Es lindo que nuestro equipo perdurara en el recuerdo. Hay miles de anécdotas. Marcamos época.

- Pudiste completar tu carrera hasta los 41 años algo no muy común.
-Es que afortunadamente nunca tuve lesiones de gravedad y siempre entrené con mucha dedicación. Tuve 26 años de carrera, desde los 17 que estoy en cancha, con Selección Nacional y todo ese recorrido. Estoy orgulloso y es lindo saber que al nombrar a Puerto Rico, muchos evoquen el nombre de “Piculín”.

-¿Actualmente a qué estás abocado?
-Sigo cerca de FIBA. Considero que aquellos que recibimos tanto de este deporte debemos buscar seguir ligados y comprometidos para perfeccionar lo que sea necesario dentro de la estructura de este hermoso deporte. Siempre dispuesto a ayudar con lo que sea necesario. Es un compromiso.

- ¿Por qué “Piculín” es el portorriqueño más conocido, a pesar de que Arroyo, Varea y otros compatriotas suyos llegaron a ser más efectivos en la NBA?
- No sabría responderte y no sé si eso es cierto. Por suerte la gente de muchos países me sigue reconociendo. Algún legado habremos dejado. Me tocó formar parte de una gran camada de mi país. Los “Doce magníficos” hicimos historia, al estilo la “Generación dorada” de Argentina. Además, jugué en Europa y otras ligas. Para mí, es un honor. Hay niños que no me vieron jugar nunca y me reconocen.

- ¿Te quedó alguna cuenta pendiente?
-Ninguna. Viví de todo, hasta una experiencia en la NBA en Utah Jazz, pero elegí Europa por otras razones. Quizás faltó colgarme alguna medalla olímpica. Haber logrado algún lugar en el podio con Puerto Rico hubiera sido el broche de mi carrera, pero no dejo nada inconcluso.

-¿Cuál fue su arma principal en la cancha?
-La pasión, sin dudas. Más allá de ser un jugador interno, con vocación a las anotaciones y a los rebotes, el alma fue mi máxima herramienta. Porque cada partido era una motivación y jugué de esa forma hasta mi retiro. Tenía disciplina y una mentalidad fuerte.

- Pero algún atributo tenía por encima del resto…
-Justamente me reuní con Marcelo (Milanesio), “Pichi” Campana y “Mili” (Luis Villar) y les contaba que lo más contagioso era superarse de acuerdo al nivel del oponente. Históricamente realicé mejores partidos contra rivales de primer nivel. Me hacía esforzar el doble. Me fortalecía una buena oposición, como hicimos ante Yugoslavia de Drazen Petrovic, Vlade Divac y Tony Kukoc. Me motivaba los desafíos importantes.

-¿Cómo ves la realidad del básquet argentino?
-Se les fue una generación fuerte pero veo que hay recambio que puede dar frutos en un futuro cercano. Hay valores, hay pasión, hay dedicación. Se va Manu Ginóbili, “Chapu” Nocioni pero llegarán otros. Y sigue Luifa Scola para marcar esa senda gloriosa. Admiro el corazón del básquet argentino, a pesar de ser un pueblo que respira fútbol sobre todas las cosas, en básquet también hicieron historia.

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