Con la mirada puesta en Budapest, Putin avanza sobre Europa

Mundo 06/09/2017 Por
El presidente ruso Vladimir Putin recientemente visitó la capital húngara, por segunda vez en el año. ¿Cuál es el interés ruso sobre la región? ¿Deberían preocuparse los miembros de la Unión Europea?
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“Desde la fundación del estado, Hungría es un país del Oeste que, por su propia voluntad, nunca jamás quiere ser parte del Este.” Estas son las palabras de Viktor Orbán, el actual primer ministro de Hungría, pronunciadas en 2007. Ocupa el cargo desde 2010, y va por su tercer mandato. Actualmente es uno de los líderes europeos más controversiales y avasallantes tanto por sus políticas populistas como por su afinidad soviética.
En 2009, y como líder de la oposición, Orbán fue invitado a un congreso del partido de Vladimir Putin (Rusia Unida) a San Petersburgo. Nadie sabe la conversación que mantuvieron a puertas cerradas. Pero desde este encuentro, la política de Orbán se dio vuelta. Él, cuya carrera empezó en 1989 con un discurso en el cual exigió que las tropas soviéticas salieran del país, se convirtió en absoluto aliado con la empresa rusa.
El lunes 28 de agosto Putin vino a Budapest por segunda vez en el año. Visita la capital húngara con más frecuencia que el otrora secretario general del partido comunista de la Unión Soviética, Leonid Brézhnev.

Pero, ¿estamos hablando de la misma Rusia que fue en los ochenta? Claro que no. La empresa cayó en pedazos, su influencia disminuyó y, con la presidencia de Boris Yeltsin, el país casi colapsa en caos y corrupción. Su sucesor, el ex-agente de la KGB y actual presidente, Vladimir Putin intenta recuperar el antiguo honor ruso y lo hace con instrumentos directamente militares (Crimea), medio-militares (Oriente Cercano, Siria), oscuros (influencia a las elecciones de los EEUU) y económicos (abastecimiento energético a Europa).
“Rusia, en su condición actual, no es capaz de crear un problema, pero sí puede sacar fruto con una eficacia impresionante de los problemas existentes”, describe el docente universitario y experto en Política Exterior y Seguridad, András Rácz en una entrevista para el portal de periodismo de investigación húngaro, Átlátszó (transparencia, en español). La nueva amistad entre Putin y Orbán parece perfecta para debilitar la Unión Europea.
Orbán copia la práctica de poder de Putin. Y estas prácticas son muy ajenas a los principios de la Unión Europea.
Unos ejemplos. En 2016 el estado ruso hizo lo imposible para que la Universidad Europea siguiera funcionando. Por medios burocráticos y con el apoyo de la propaganda, alegó que la casa de altos estudios, al estar relacionada con la Fundación Sociedad Abierta de George Soros sirve “intereses extranjeros”. En 2017, el Gobierno húngaro copió la receta rusa e hizo lo mismo con una de las universidades más prestigiosas en ciencias sociales de Europa, la Universidad Centroeuropea, también relacionada al magnate liberal Soros.

En Rusia la prensa independiente y las organizaciones civiles se convirtieron enemigos, “traidores de la patria”. Poco después, Hungría hizo lo mismo. No obstante, en 2014, Orbán declaró que Hungría se erige como un “estado liberal”. En el Parlamento, el partido oficialista (Fidesz) cuenta con la mayoría de dos terceras partes. La ley electoral fue modificada, y el premier húngaro estará habilitado para competir por su tercer mandato consecutivo. Hay descontento social con el gobierno pero sin una oposición unida, parece casi imposible destronarlos. Además, recientemente abandonaron el país 500 mil húngaros, de un total de 10 millones de habitantes. Principalmente son los más educados y jóvenes. Por ahora, la mayor ciudad húngara -después de la capital, Budapest- es Londres.


Pese a la amistad soviética, Hungría no recibe nada a cambio de su cooperación. Incluso, al momento de renovar los vagones del metro, la empresa rusa Metrovagonmash cobró el mismo precio que hubieran costado los nuevos, siendo el productor original. Los vagones tienen problemas técnicos y frecuentemente se interrumpe la circulación de una de las principales líneas, usadas por 600 mil de personas diariamente.
Sin embargo existe un negocio mucho mayor en la relación rusa – y mucho más peligroso a la vez. En Paks se localiza la única central nuclear del país que produce aproximadamente el 40% de su electricidad. Actualmente, la gran empresa estatal rusa, Rosatom tiene el derecho a construir el segundo bloque de la central nuclear en dicha ciudad. Los detalles del contrato son estricto secreto de estado.
El proyecto “Paks 2” está financiado con un crédito de un banco ruso con acciones mayoritarias estatales. La suma es inconmensurable. Hungría recibe 12 billones de USD. Cada uno de los 10 millones de ciudadanos húngaros, desde los recién nacidos hasta los ancianos, deberán 1200 USD a Moscú.

A pesar de los argumentos de los expertos ecológicos y del mal ejemplo de los carritos del metro: sabemos qué tecnología tienen los rusos con sólo recordar la tragedia nuclear de Chernóbil.
En su última visita, Putin arregló con Orbán que los trabajos de Paks empezarán en enero de 2018. Y hasta entonces podrían comenzar las transferencias bancarias también. El oficialismo húngaro tendrá muchísimo dinero, poco antes de las elecciones de 2018.
Formalmente Putin vino a Budapest el lunes 28 de agosto para asistir al Campeonato Mundial de Yudo – deporte marcial que practica el mandatario eslavo. Le acompañó el ministro de Deporte y el presidente de Rosatom.
La visita no fue por puro placer, más bien pareció una manifestación de poder. La universidad húngara de Debrecen lo nombró ciudadano ilustre, pese a las protestas estudiantiles. Putin no los visitó en absoluto. Todo parece más humillante para un país que en propaganda se proclama como una tierra europea “fuerte y orgullosa”.
¿Cuál será el plan de Moscú? ¿Quiere Putin restablecer la zona de influencia de la ex Unión Soviética? Según András Rácz no es eso. Rusia “solamente” quiere debilitar las alianzas del Oeste, la UE y el OTAN. Desde su punto de vista los países de Europa Central, incluido Hungría, además los países bálticos, no pueden solos sino bajo el cobijo de esas grandes asociaciones.

Moscú quiere impedir la fortificación de las tropas del OTAN en el Norte, que se levanten las sanciones desde la ocupación de Crimea y la dependencia energética continental a Rusia.
Orbán no es el único líder europeo seducido por Moscú. Pero sí es el único que copia la espiritualidad, los argumentos y las recetas de la empresa rusa. El gobierno alemán es opositor al ruso, pero las empresas alemanas hacen negocios con las firmas rusas, sobre todo en la industria energética. Detrás de los partidarios del Brexit, o los de la candidata presidencial francesa, la extremo derechista Marine Le Pen, estaba el ejército ruso de trolls en internet.
La amistad de Putin y Orbán también causa confusión dentro de la alianza de los países centroeuropeos. Polonia, que tiene un gobierno derechista y populista como Hungría, está absolutamente en contra de los acercamientos a Rusia por memoria histórica.
“Hasta ahora no sabemos cuál fue la razón que hizo dar vuelta a Orbán desde el Oeste hacía el Este. Sólo sabemos una cosa precisamente: que las copias de los documentos del espionaje de Hungría comunista, ahora están en Moscú. Y que Moscú ejerce su influencia en los servicios secretos”, denunció el activista civil, Gábor Vágó, ex-diputado del partido verde LMP, a través de su blog.

Orbán fue denunciado por un ex colaborador, Lajos Simicska, de haber colaborado para el espionaje régimen socialista húngaro, el cual comenzó en 1949 y finalizó en 1989. Desde el ambiente del primer ministro siempre negaron las acusaciones.
Pase lo que pase, la amistad existe y parece cada vez más fuerte. Pero el impacto hasta entonces resulta ambiguo. La investigación de Globsec muestra que Hungría es el más vulnerable para la influencia rusa. Por otro lado, según un reciente sondeo los húngaros tienen miedo de Putin, y piensan en la UE, el OTAN y los países europeos como sus aliados. Lo cierto es que la propaganda gubernamental con el mensaje “¡Hagamos parar a Bruselas!”, en relación a desafiar a la UE, pagada por los contribuyentes húngaros, no tiene reposo.

(*)Periodista del portal
www.atlatszo.hu

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