Garba: contar el mundo

Cultura 28/09/2019 Por
Una juglar que se mueve en el cruce de caminos de la actuación, la música, el juego y la palabra. Desde el compromiso político, la responsabilidad profesional y la felicidad del juego convida mundos más grandes para los que se acerquen a escuchar.
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- "Al contar historias a los adultos, los lleva a un territorio de infancia, no por el tema, sino por esta libertad", nos dice nuestra juglar. Foto: gentileza

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Especial para La Nueva Mañana

Garba se mueve cómoda en ese espacio donde se encuentran la actuación, la música y el juego y hacen ronda alrededor de la palabra. Se define como juglar, una de las profesiones más viejas, históricamente negada a las mujeres. “Ir de lugar en lugar, actuando, contando, cantando, llevando y trayendo historias, eso es lo que hago”, dice mientras estira y enrosca un larguísimo rulo de su melena, esencia de sus ancestros y símbolo de libertad.

Estudió música, teatro, bellas artes, filosofía, lengua. No le interesa sectorizar las disciplinas sino entender el enfoque de una cultura popular, donde se mezclan los temas: cómo cambiar el patriarcado, cómo generar justicia social, cómo abrir el acceso al conocimiento, cómo aprender a jugar.

Cree que el uso de la palabra es una acción política. Y hacer política le sale natural, como los dedos en V en tantas de sus fotos. Lee de todo. Se forma e investiga en oralidad. Cuando le nombran un autor o un artista que no conoce lo busca, investiga, lee todo lo que encuentra, dice que quiere conocer el trazo que ese autor deja en el mundo, que eso entra en una caja negra que un día le va a servir para algo.

Su manera de pararse en la vida tiene que ver con el trabajo de las emociones y la actuación. Cuenta que se subió por primera vez a un escenario a los tres años, en un homenaje a Pipo Pescador, y que aún se acuerda de la sensación de estar arriba de ese escenario del que ya no se bajó más.

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Garba manda poesías por Whatsapp a quien se prenda y dicta su taller Juglar que es un espacio intensivo que cruza lo musical, lo teatral y la oralidad . Foto: gentileza



¿Y cómo es la sensación de estar arriba del escenario?

- Es enorme. Actuar no se diferencia mucho de vivir, y contar no se diferencia mucho de hablar pero tiene otro plano de intensidad. Hay una intención deliberada de colocar otro orden de cosas. Entonces una flor no es una flor, una poesía hace que una palabra sea un universo. Pararse delante de un escenario, sola, contar un cuento, cantar una canción, con un instrumento, termina siendo lo más revolucionario.

En un mundo donde hay tanta oferta de tanto, eso que ancestralmente era lo único que había, hoy termina siendo mucho más hipnótico porque es una cuestión vincular. La cultura es una necesidad humana. No de quién la hace sino de quien la recibe. Quien no recibe cultura tiene un pedazo de mundo muy chiquito, una capacidad menor de imaginar, menos herramientas para resolver de un modo más feliz la vida. Hace unos años en Perú, un chico que vive en Iquitos y que nunca había salido de esa isla que está en la puerta del Amazonas me dijo: “usted que conoce el mundo ¿me cuenta el mundo?”.

¿ Y qué le contestaste?

- “Te cuento mi mundo, porque mundos hay un montón, yo te puedo contar el recortado mundo mío”. Más o menos eso es lo que hacemos, qué  responsabilidad…

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"Me gusta definir la infancia como un territorio infinito donde entramos todas las personas que queremos entrar". Foto: gentileza



Viajás mucho, participás y organizás festivales, ¿buscás conocer más mundos?

- Los festivales son todos distintos porque los puntos de partida son otros, no hacemos los festivales por las mismas razones. Hay gente que genera espectáculos, otros generan espacios de investigación. En el Festival Itinerante que hago me interesa llevarlo a donde no hay, a los pueblos chiquitos. Armo un equipo que entre en un auto y hacemos una gira por varios pueblitos o hacemos base en Córdoba y de acá salimos hacia un lugar y otro.

No es que le escapás a la urbe -donde está concentrado el acceso a la cultura- pero no es el objetivo, incluso muchas veces hacés en la ciudad para poder sostener los otros caminos. Antes había programas, subsidios, que te permitían imaginar algo y llevarlo a cabo. Hoy no. Así que nuestra agenda es diaria, no se puede prever porque nadie se arriesga a invertir en cultura hasta último momento, planificar a 3 o 6 meses es imposible.

Trabajás mucho con chicas y chicos ¿cómo ves a la infancia hoy en día?

- Me gusta definir la infancia como un territorio infinito donde entramos todas las personas que queremos entrar. Es una manera de estar en el mundo, es la capacidad de asombro, un espacio de aprendizaje, una fe en que la magia sucede. Los mundos adultos invaden cada vez más ese terreno, hay como un afán porque se juegue menos, pero la infancia sigue siendo un lugar de mucha inquietud.

En el terreno del juego y la actuación, la infancia te cree, te tiene fe. Cuando vas a una escuela primaria tenés que trabajar para chicos de 6 y para chicos de 12. El de 6 cree, el de 12 cree menos. Mi trabajo es volver a posibilitar el juego, generar un espacio de infancia para que el de 12 pueda entrar y una vez que entre, vuelva a creer.

¿Y el público adulto?

- Cuando sos adulto parecería que tenés que responder siempre o que te tenés que defender. El contar historias los lleva a un territorio de infancia, no por el tema, sino por esta libertad de ser espectador, del espacio de escucha donde te podés entregar, no tenés capacidad de controlar lo que va a pasar, entonces te podés relajar.

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"En el Festival Itinerante que hago me interesa llevar teatro a donde no hay". Foto: gentileza



¿Cómo pensás un espectáculo? ¿En qué estás trabajando ahora?

- Creo que cuando le ponés nombre a las cosas se empiezan a definir. Por eso es tan importante que respeten tu nombre cuando hablamos de identidad. Ponerle nombre a las cosas hace que sean eso y no otra cosa. Pongo nombre y todo lo demás se va acomodando.

Estoy armando un espectáculo nuevo que se llama La Negra Blanca. Yo soy una negra blanca, tengo raíces afro pero soy blanca. En Colombia me decían “usted es como nosotros pero desteñida”. Desde el lugar en el que me paro en el mundo, qué tiene que ver con la justicia social, soy una negra, después investigando me doy cuenta que vengo descendiendo de esclavos. Es un poco recorrer el camino hacia atrás, ser mujer desde lo diverso. Lo que nunca nadie puede borrar del todo son los datos genéticos,  en el pelo, un rasgo muy característico mío, ahí está la africanía.

Garba no para. Sostiene dos ciclos #tardedecuentos en la librería En un lugar de la Mancha y #nochedecuentos. Trabaja para Cultura UEPC,  Córdoba Cultura y de manera privada. Para chicos ofrece RIMA CANCIONES PARA DESARMAR Y NANAS y para grandes NOCHEGARBA. Manda poesías por whatsapp a quien se prenda y dicta su taller Juglar que es un espacio intensivo que cruza lo musical, lo teatral y la oralidad para investigar las emociones y descubrir cómo transmitirlas desde la palabra. Sostiene desde hace años un grupo de Facebook donde todas las personas que alguna vez hicieron con ella el taller generan vínculos. Una maestra de Bell Ville se pasa información con una maestra de Iquitos. Un mundo, tantos mundos, y en el medio, la palabra.

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