La grieta política trasladada al gusto gastronómico

Sociedad 20/09/2019 Por
Como analizamos en la edición anterior, vemos ahora cómo el consumo de mate, alcohol, carne y la preferencia por uno u otro gusto de helado también tiene un espejo en la ideología de los votantes.
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- El consumo de café, mate, carne, vino y el gusto de helado puede relacionarse con la identificación política.

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Segunda parte

La semana pasada, en la edición N° 119 de La Nueva Mañana papel mostramos cómo la Encuesta de Costumbres Argentinas (ECA) permitía comparar la ideología del votante graficada de izquierda a derecha y su poder adquisitivo con los artistas y géneros que consideraba sus favoritos. Ese trabajo, llevado adelante por los sociólogos Daniel Schteingart y Sol Civale, permitió además conocer cómo otros factores tales como el consumo gastronómico se entremezclaban con la preferencia de bebidas, con o sin alcohol, nacionales e importadas, y la preferencia o no por la carne con el voto y la posición económica.

musicosLa grieta política traspolada al gusto musical

Por el otro, va más allá y relaciona el gusto de helado favorito en esos mismos parámetros, mostrando que en el único punto donde pareciera que los argentinos “estamos todos de acuerdo” es en el favoritismo hacia el dulce de leche y el sambayón.

El mate, Starbucks y el fernet

Como muestra el gráfico de consumos gastronómicos y explica Schteingart, el consumo de mate como “bebida preferida” está fuertemente asociado a un votante del kirchnerismo o la izquierda que suele ser más politizado.

Como este tipo de consumo está fuertemente asociado al poder adquisitivo ese voto se relaciona más con la zona inferior izquierda que con la derecha, se explica el lugar no solo del mate, sino también del bajo consumo de carne.

Asimismo, hay una fuerte asociación al varón joven que escucha rock nacional (principalmente Los Redondos y La Renga), juega al fútbol y prefiere bebidas azucaradas, aunque paradójicamente, dentro de ese mismo cuadrante estén aquellos que no consumen gaseosas. Estos últimos, ligados también al veganismo y la asistencia a lo que los sociólogos marcaron como “cafés notables”: los típicos con estanterías llenas de objetos retro, mesas y sillas de madera y luz tenue.

Del otro lado del mapa está Starbucks ejemplificados en la cadena internacional Starbucks. Al menos un 65% votaría a un candidato de derecha si admite que prefiere asistir a esos espacios regularmente.

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“Es clarísima la correlación entre preferir Starbucks y votar a Macri/Espert/Gómez Centurión (y, además, ser joven y escuchar estilos como pop, electrónica o reggaetón). A la inversa, hay una importante asociación entre elegir cafés notables como lugares donde ir a tomar café e identificarse en colectivos como “peronismo”, “kirchnerismo”, “izquierda” o “nacionalismo”.

La predilección por los cafés notables es un poco más marcada a mayor edad, mayor politización, en varones, en porteños y en quienes escuchan tango, folclore, rock nacional, jazz y/o música clásica y detestan el reggaetón y el pop.

Por su parte, elegir cafés hípsters correlaciona mucho con clases medias-altas, pero también con ser mujer, tener menos de 45 años, comer poca carne, hacer actividad física (como running, crossfit y yoga), tener interés en la astrología, escuchar géneros como indie, rock en inglés, electrónica, jazz y pop y no tomar gaseosas azucaradas.  En términos de identidades políticas, quienes gustan de ir a cafés hípsters tienden a identificarse más con colectivos como “feminismo”, “hippismo”, “ecologismo” y “LGBT” y menos con palabras como “peronismo”, “nacionalismo” o “kirchnerismo”, comentaron los sociólogos en su informe sobre la encuesta.

En lo que respecta al alcohol, una gran mayoría de los puntos se encuentra dentro de los votantes más de derecha pero con bajo poder adquisitivo. El fernet, el Gancia, el whisky, el vodka, el Campari y los licores varían según la edad (el Campari y el whisky entre jóvenes y adultos).

Al igual que estas bebidas espirituosas, paradójicamente también están aquellos que no consumen alcohol. El gin y el champagne se muestran como las bebidas que más arriba están en la escala de poder adquisitivo, seguidas por el vino y la cerveza, aunque estas se posicionen mucho más entre la población más “progre”.

“También hay consumos que son muy diferentes respecto al género y la edad. Como el heavy metal y el blues, que son muy consumidos por hombres de más de 30 años; el consumo de carne, tomar mate y tocar la guitarra están más relacionados a un voto a Alberto Fernández en los varones”, agrega Schteingart.

Dulce de leche, helado nacional

Quizás el resultado más particular que deja la ECA es que el único punto de todos los consultados (música, fútbol, gustos gastronómicos, entre otros) en donde los votantes de Fernández y Macri coinciden es en la preferencia por el helado de dulce de leche. Por eso se posiciona en el medio del gráfico seguido por el sambayón y el chocolate, aunque estos preferidos por distintos grupos etarios.

“El 40% de los que votaron la encuesta eligió el dulce de leche como el más indispensable dentro de los gustos de helado. Y aquí no hay diferencias ideológicas: ese porcentaje es idéntico entre los votantes de Macri y los de Fernández”.

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Asimismo, a diferencia de los otros dos sabores, el dulce de leche es más preferido por varones y jóvenes. Además, “quienes aman el helado de dulce de leche tienden a consumir simultáneamente otras pasiones argentinas, como el mate, el fútbol y el rock nacional”, agregan Schteingart y Civale.

“En cambio, el helado de chocolate (el segundo más votado, con el 29%) es la otra cara de la moneda, al ser relativamente más consumido por mujeres, por personas mayores de 45, por quienes aman el café, no les gusta el fútbol y escuchan rock en inglés.

Pero, al igual que con el dulce de leche, aquí la grieta ideológica no existe: alrededor del 30% de los simpatizantes de Macri y Alberto Fernández elige el helado de chocolate como el preferido”, subrayan.

Más allá de que, como comentó a La Nueva Mañana Schteingart, se refuerzan distintos estereotipos, cabe recordar el objetivo de relación que buscó la encuesta. El sociólogo no sólo niega que se persigan determinismos, sino que se trata de “tender puentes” y entender al votante sin perder de vista la enorme complejidad de cada uno, sea cual fuese su posición frente a un cuadro estadístico.

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