La Argentina que viene: la hora de los movimientos sociales

Política / Economía 20/09/2019 Por
Llevaron al tope de la agenda a la emergencia alimentaria y le torcieron el brazo al Gobierno. Fueron la oposición más dura a Macri. Ya miran cómo pararse ante el próximo gobierno.
Acampe 9 de julio © NA
(Foto: NA)

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Especial para La Nueva Mañana

Los Movimientos Sociales consiguieron instalar en lo más alto de la agenda nacional el debate por la emergencia alimentaria, durante 15 días estuvieron en el centro del debate político en la Argentina.

El sujeto político y social más novedoso del sistema político argentino volvió a mostrar su potencial en medio de la campaña electoral y logró visibilizar las consecuencias de la política económica que el gobierno de Mauricio Macri lleva adelante desde hace cuatro años.

El debate por la emergencia alimentaria sirvió, entre otras cosas, para ponerle rostro a los números. Para ponerle cara y contexto a los cuatro millones de nuevos pobres que parió la Argentina de Macri. Para ver multiplicados hasta el infinito por las pantallas de televisión la realidad de los comedores que no dan a basto con las necesidades de los más vulnerables. Para dejar constancia de la malnutrición que aqueja a los pibes en los barrios.

Claro que el atrás de eso, o con eso como telón de fondo, se da una disputa política, una construcción de sentido sobre el hambre.

“Están alejados de la realidad”, sentenció sin miramientos el diputado nacional del movimiento Evita, Leonardo Grosso y agregó: “El 50 % de los niños y niñas en Argentina son pobres, por eso es urgente sacar al hambre de la grieta y resolverlo”.

Grosso además señaló: “Claramente hay un fracaso en las políticas del Gobierno que lamentablemente implica que más de tres millones de personas estén por debajo de la línea de pobreza y la mitad de los niños sean pobres”.

Desde los Movimientos Sociales le recriminan a Macri la tardanza. Aseguran que se perdieron semanas valiosas para poder darle de comer a la gente.

Los movimientos sociales más duros tienen como espacio más visible al Polo Obrero, el brazo social del Partido Obrero y aprovechan la situación para acampar en la 9 de julio. No tanto para conseguir soluciones inmediatas sino como una señal para el gobierno que viene. Foto: NA.

Desde el oficialismo prefirieron que el Presidente no firme un decreto que más allá de poner en marcha la emergencia alimentaria daría cuenta de su propio fracaso. La evaluación de la Casa Rosada fue tan sencilla como mezquina: de los escenarios posibles el paso de la norma por el matiz parlamentario era el mejor. En el equipo de campaña de Juntos por el Cambio aseguran que tanto la firma de un decreto implementando la emergencia como el bloqueo de la sanción por parte del bloque oficialista hubiera sido peor. Además, sostienen que presupuestariamente no les generará problemas y que, incluso, tal cual está redactado el texto podría complicar la gestión del futuro Presidente.

Los movimientos sociales, más allá de la coyuntura, se convirtieron en los últimos cuatro años en el centro de la oposición. Como representantes de los sectores más perjudicados por el ajuste estuvieron en la calle desde 2016, cuando el sindicalismo aun actuaba con timidez y cuando la oposición en el Congreso no lograba articular una mayoría en defensa de los más necesitados ni canalizar los primeros coletazos de un modelo que ya dejaba ver su espíritu.

En ese contexto, lograron sancionar dos leyes que el Presidente no pudo vetar. Ambas emergencias, tanto la social como la alimentaria, nacieron en la calle, y siguieron allí hasta que no hubo manera de voltear la mirada.

La nueva columna vertebral, el subsuelo de la Patria que aflora gritando por el hambre, será también un eje central de lo que venga en la Argentina. En ese escenario los movimientos sociales más dialoguistas ya tienen sus puentes tendidos con el equipo del candidato a presidente del Frente de Todos, Alberto Fernández, y aspiran a que esos puentes se transformen en políticas activas para el sector que representan.

Por otra parte, los movimientos sociales más duros que tienen como espacio más visible al Polo Obrero, el brazo social del Partido Obrero, aprovechan la situación para acampar en la 9 de julio. No tanto para conseguir soluciones inmediatas sino como una señal para el gobierno que viene.

El diputado nacional Daniel Arroyo, uno de los nombres que suena fuerte para ocupar el Ministerio de Desarrollo Social en un hipotético mandato de Alberto Fernández, ya lidió con una situación similar cuando en 2003 desembarcó en esta misma cartera junto a Alicia Kirchner como viceministro. Con casi el 40% de los argentinos en la pobreza, desde el Frente de Todos, detallan que el Ministerio de Desarrollo Social será de vital importancia para implementar un plan que “le ponga plata en el bolsillo a los más necesitados y comience a generar trabajo”.

La situación se puede comparar con lo que Argentina vivió en los primeros años de este siglo. En 2001 la desocupación ascendía al 28 y 60 por ciento de la economía estaba en la informalidad. Sin embargo esos números no se comparan con la realidad que se vive hoy, también es cierto que los alimentos eran accesibles a diferencia de lo que sucede ahora. En ese escenario los movimientos sociales serán claves para la articulación de políticas específicas para el sector. Igual que sucedió en 2003 la idea que prima es la de abrirle las puertas del Ministerio a todos los espacios más allá de su filiación política.

Por eso, al tiempo que transcurre la campaña, la mesa sobre la que se sostiene el proyecto político que encabeza Alberto Fernández se va fortaleciendo. Y ahí, junto a los empresarios, las centrales obreras, los gobernadores y el albertismo, los movimientos sociales ya tienen una silla. A la luz de estas aseveraciones, en el esquema que plantea Fernández para llevar adelante un acuerdo económico y social los representantes de la denominada nueva columna vertebral del campo nacional y popular, tendrán voz y voto.

  

 

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