“Estoy convencida de que el fútbol femenino es una revolución”

Deportes 30/08/2019 Por
La flamante técnica del plantel femenino de Belgrano, Daniela Díaz, habló sobre sus orígenes, su presente y el momento que atraviesa la disciplina.
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1 / 3 - (Fotos: Javier Imaz / LNM)

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Una vida en el fútbol, disfrutándolo, jugándolo, sufriéndolo, siendo protagonista y haciéndolo parte de una revolución. Es que éste deporte provoca en Daniela Díaz un sinfín de emociones, sensaciones y acciones. Desde que jugaba siendo una niña o desde que jugó en la primera edición de la liga cordobesa de fútbol femenino, o desde que se puso la camiseta de Boca o desde que es la técnica de Belgrano... de una u otra forma, el fútbol y su vida van de la mano.

“Jugar al fútbol lo hice toda mi vida. En mi barrio era a la que le tocaban la puerta para que organice los partidos”, comienza Daniela relatando su historia mientras le pide al mozo un café con leche. “Más leche que café y una medialuna”, acota. Afuera los autos pasan y pasan, parece una imagen en loop; pronto llegará la nueva reglamentación. En el bar, los vecinos de la mesa, hablan de ese tema. Pero Daniela, que está con el buzo celeste de Belgrano y una sonrisa indisimulable viaja hasta aquellos días de infante en barrio Ampliación América rememorando el génesis de su pasión.

“De los tres hermanos más grandes, la única que jugaba al fútbol era yo. En realidad jugábamos los tres, pero después mi hermano se tiró un poco para la natación y el otro para el boxeo. Por eso a la que iban a buscar para jugar era a mí”, cuenta en la charla con La Nueva Mañana, aunque aclara que tiene un hermano más chico, Ernesto, que está jugando en la Reserva de Racing de Nueva Italia.

Las anécdotas familiares dicen que al hermano mayor Juan le regalaron una pelota y no le dio ni bola, y fue Daniela la que se interesó por ese juguete. ¡Bendito juguete que la termina acompañando toda su vida!.

“Yo jugaba de chica en el barrio, pero me pasó lo que nos pasa a todas las mujeres, los prejuicios sociales, que machona que lo otro, y cuando empecé el secundario dejé de jugar en el barrio. Entonces mi viejo me empezó a buscar un club que tuviera fútbol femenino, una historia media larga ahí con mi papá haciéndose cargo de una liga junto a una señora María Rosa, mucha historia hasta que fuimos a Racing. Ahí jugamos mucho tiempo y a los 17 años el técnico Horacio Solá me llamó a Belgrano. Y ahí también empieza mi historia de lesiones. Tuve una operación de cruzados a los 18, y él me ofrece terminar la rehabilitación en el club y así llego a Belgrano, donde jugué cuatro años. Alcancé a jugar en el 2012 el primer año de la Liga cordobesa, salimos campeonas con muchas de las chicas que ahora dirijo...”, su relato parece interminable, quiere contar muchas cosas, y lo hace tirando datos y emociones. Es su historia. Una historia que tiene muchísimos capítulos, imposibles de relatar todos en la casi hora en que la estuvimos dialogando con ella.

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“Quiero disfrutar de esta etapa. Soy como una niña con un juguete nuevo. Quiero aprender, mirar videos, analizar, capacitarme. Busco juntarme con los que más han estudiado”. (Foto: Javier Imaz / LNM)

Jugó ese año en el histórico torneo de fútbol femenino de la liga cordobesa y al siguiente se fue a Buenos Aires, a jugar a Boca Juniors. “Arranqué en el club el primer año que Boca daba departamento a las chicas del interior. También era la primera vez que el plantel femenino hacia la pretemporada en el mismo lugar que el masculino, en Tanti. Me gané un lugar de titular. En esa época corría mucho y anduve bien. Fueron dos años, donde jugué la Copa Libertadores, fue increíble y aprendí un montón. Con ese Boca ganábamos todo. Jugaba con todas cracks. De ahí pasé a la UAI Urquiza, donde estuve dos años y medio. En Boca pasé muy buenos momentos, pero también tuvimos que pasar algunas cosas. Esta mal que lo diga, pero gracias a algunas que sufrimos hoy las chicas de Boca avanzaron un montón. A nosotras, por ejemplo, nos tocó comer en un vestuario, eso fue un punto que nos hizo replantear muchas cosas”, repasa.

Una pionera. Por eso hoy celebra el momento que está atravesando el fútbol femenino. Sabe que faltan muchísimas cosas por conquistar, pero ella conoció lo mucho que se padeció por lograr estos pequeños avances. Con Belén Potasa se fueron a la UAI, donde había otra cordobesa: Florencia Bonsegundo. “Ahí me valoraron como persona y aprendí un montón”, resalta.

Tras estar en su segunda Copa Libertadores, tomó la decisión de volver a Córdoba. Las lesiones le seguían jugando una mala pasada. Retornó a la ciudad en el 2017, y lo hizo en el club de sus inicios, en la “Academia”. El año pasado salió campeona junto a las chicas de Nueva Italia y colgó los botines. Pero inició una nueva etapa en su vida... eso sí, relacionada al fútbol.

El flamante rol de entrenadora

“Mi carrera terminó en mayo, me operé y nunca más pude volver, me costaba mucho; y en diciembre, luego de que Racing ganara todo le quedaba jugar la Córdoba Cup, y como yo estaba ahí, me pidieron que diera una mano en la preparación física. Y me empezó a gustar estar del otro lado. En enero me llegó la propuesta oficial de ser PF. Arranqué re bien, motivada, el femenino siempre pechando a pesar de la situación complicada. Un grupo de socios se portó increíble. A mí me gustaba la parte física, pero sentía que tenía algo más para dar, por mi experiencia y me gusta estar a cargo de todo, así que de repente llegó el llamado desde Belgrano, que Coti Guerra había renunciado, les habían hablado de mí, y mucho no lo pensé, me convencieron porque era un club para crecer. La propuesta era ser ayudante de campo del Tano Spallina, pero tuve que asumir rápidamente y ahora estoy disfrutando”, explica la ahora entrenadora que desde hace un mes está al frente de las “Piratas”, y ha ganado todos los partidos. A tal punto que son las punteras de la Primera A de la Liga cordobesa. Le tocó debutar en el clásico ante Talleres y con una victoria.

“Es buen grupo, aprendes, las chicas son buenas técnicamente, hay recursos para entrenar. Hay buena predisposición del club que siempre acompañó al femenino y es como trabajar con ventajas”, agrega la hija de Juan y Miriam.

La militancia

Las referentes que tiene Daniela en el deporte son muchas de sus amigas, y le da cosa nombrarlas para no quedar mal. Pero elige a dos universales: las brasileras Marta y Formiga.

“En el fútbol femenino proponemos un fútbol distinto, sin prejuicios, inclusivo, el fútbol soñado, sin violencia en las tribunas”, explica y se emociona Díaz cuando habla del fútbol femenino. Toma un sorbo del café y se emociona al hablar sobre ese fútbol soñado. Y entiende que hay más por dar. Por eso le gusta lo que pasa con la norteamericana Megan Rapinoe, y explica: “El fútbol para mostrar otras cosas, decir lo que hay que decir. Referentes involucradas como Macarena Sánchez o Juan Cruz Komar”, sostiene.

- ¿Sufriste prejuicios de chica?

- Como todas las chicas de mi camada lo sufrí. Ahora es menos y eso se celebra, porque hoy una nena de cinco o seis años puede elegir y está buenísimo. Nunca lo sufrí de mi familia. Mi mamá es psicóloga, mi papá es re futbolero. Quizás con alguna amiguita del barrio o en el colegio, sin querer, porque son niñas, pero te queda marcado, y te daba vergüenza. La pasamos todas, y ahora nos cagamos de risa. Cuando nos juntamos nos contamos las anécdotas, igual seguimos.

- Pero, lamentablemente, muchas dejaron por eso.

- Sí, hay muchas... Por eso se reconoce lo de Maca Sánchez, que es íntima amiga mía. Es una bandera que levantamos todas... Estoy militando en el fútbol femenino, en un club de barrio.

- ¿En qué club?

- En el Club Social y Deportivo Los Vaqueros. En Talleres Oeste... Por las lesiones me metí mucho más en la militancia y empecé a ver las historias del Patón Guzmán, de Kurt Lutman... Entonces encontré mi lugar de militancia en el fútbol, en el club Los Vaqueros enseñamos fútbol a las chicas y hay historias increíbles. Chicas que por primera vez se están comprando botines. Eso significa que algo estás dejando.

- El fútbol más allá de jugarlo.

- Estoy convencida que el fútbol femenino es una revolución. Sí, no es sólo fútbol. Todo este auge de la lucha feminista lo atraviesa. Una lucha de pioneras y referentes. Es lindo. Me encanta todo eso, y a la vez tengo el placer de enseñar y estar todo el día hablando de fútbol, que es lo que me llena.

- ¿Qué hacen en el club Los Vaqueros?

- En el Club Vaqueros es un club que recuperan unos amigos, entre ellos mi hermano que es militante. Un grupo de vecinos recuperó el club que estaba parado hace más de 20 años. Y este año se tomó la gran decisión política de que sea un club feminista y disidente. Los Vaqueros le abre las puertas a todos. Hay tantas escuelitas de fútbol masculino, y este club es de fútbol femenino. Hay otras actividades, pero en fútbol es sólo femenino. Estoy enamorada ese espacio.

- Recién hablabas de “revolución”, ¿creés que falta mucho para el fútbol femenino sea realmente aceptado como debe ser?

- Va en camino y celebro los avances de Argentina. Pero falta. Y, acá, en Córdoba, falta un montón todavía. Estamos luchando para que nos den cupos en las comisiones directivas... Invito a las profesionales del área a que se sigan capacitando, que tenemos que ocupar esos lugares. Para que vayamos por la calle y veamos a nenas jugando a la pelota, falta todavía. Quiero creer que esto va siempre para adelante.

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“Jugar al fútbol lo hice toda mi vida. En mi barrio era a la que le tocaban la puerta para que organice los partidos”. (Foto: Javier Imaz / LNM)



   

 

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