Héctor "Chulo" Rivoira, te recordaremos y extrañaremos siempre

Falleció un tipo que escribió páginas gloriosas en Instituto. Su paso por Córdoba no fue uno más. Dejó una huella en todos los que lo conocieron. Tristeza por su partida.
rivoira
El "Chulo" tuvo varios pasos por Alta Córdoba y siempre dejó su legado.

(Al lector le aclaro en la primera línea que esta nota está cargada de subjetividad y de emociones recientes. Por ende, por respeto, aparecerá la primera persona).

Héctor Rivoira llegó a La Agustina allá por el 2003 con una sonrisa y dispuesto a trabajar. Conformó un plantel con "gente que tiene hambre de gloria", decía. Y formó un grupo de personas que se pusieron la camiseta de Instituto con ganas de conquistar al hincha. Puso trabajo y motivación. Y respeto. Ese plantel, encabezado por el "Chulo" y don Tobares, tenía respeto por los periodistas que íbamos todos los días a las prácticas al predio. Se bancaban los elogios y las críticas sabiendo que se estaba formando algo importante.

Cuando se tuvo que ir a mitad de temporada, ya con el título del Apertura, lo anunció en una habitación pegada al vestuario del estadio. Lo hizo con los ojos rojos, frenando lágrimas. No se quería ir, pero la familia era lo más importante. 

Volvió a los pocos meses. Lo fueron a buscar. Y aceptó. Volvió con la misma sonrisa. Y diciendo que había tiempo para lograr lo que tanto se buscaba. El día de su retorno lo encontré en la calle, a una cuadra de la Chacabuco, estaba feliz. Sentía que se identificaba con ese hincha de Instituto. 

"Todos unidos, lo lograremos", le decía a sus dirigidos. Y lo lograron. Ascendieron en un partido histórico e infartante ante Almagro. Rivoira reía, lloraba, se abrazaba con todos, levantaba los brazos, muchos sacrificios habían quedado atrás... Instituto ascendía a Primera división.

En los días previos y posteriores, el "Chulo" siguió siendo el mismo; el que te daba una mano.

Este cronista hacía sus primeras armas. Llegaba desde el "interior" y encontraba todo dificultoso. Pero Héctor Rivoira te la hacía fácil, te ayudaba, sin pedir nada a cambio. Siempre dispuesto a hablar de fútbol, a enseñarte, sin aires de supremacía. Con su tonada porteña, el "Chulo" se sentía un cordobés más, y se hizo hincha de Instituto. Si alguien me enseñó sobre pasión por el club de Alta Córdoba debo nombrar a Héctor Rivoira. Él se fue, volvió, anduvo por decenas de lugares más, y siempre hablaba bien de Instituto.

Es el técnico del último ascenso, el técnico que volvió cada vez que se lo pidieron, el que se sintió mal cuando no lo invitaron al centenario, el que te mandaba mensajes preguntando por tu salud o saludando para Navidad, y te pedía que siempre saludaras a "algún glorioso" de su parte.

Era un buen tipo el Chulo. ¡Qué difícil que es hablar en pasado! 

En Alta Córdoba será recordado siempre. Ese mural que está en las paredes del estadio dice mucho de quién era este hombre. Los hinchas lo tendrán en su memoria. Los puteadores seriales se estarán mordiendo la boca con su veneno. Los jugadores que lo tuvieron lo recordarán con una sonrisa. Los que tuvimos el privilegio de conocerlo, recordaremos sus anécdotas. Tengo muchas con él, y en muchas él es el bueno de la historia. Ese era el "Chulo" Rivoira que pasó por Córdoba: "el bueno de la historia".

Bendiciones, Chulo. ¡Que en paz descanses!

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