Elecciones 2019: viejas fórmulas en campañas nuevas

Política / Economía 02/08/2019 Por
En las campañas políticas actuales de los gobiernos autodefinidos como antipopulistas los mecanismos del viejo fascismo del siglo pasado parecieran estar en pleno funcionamiento.
Trump + Le Pen + Crous + Bolsonaro
Donald Trump; Marie Le Pen; Félix Crous; Jair Bolsonaro.

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Especial para La Nueva Mañana

El fascismo fue una experiencia de gobierno totalitario implementado en Italia (entre 1922 y 1945). Desde allí irradió fuertes influencias en cuanto al modo de ejercer el poder. Uno de ellos fue el método de difusión mediática. El ministro de propaganda de la Alemania nazi, Joseph Goebbels, hace casi un siglo, impartió directivas al respecto a fin de controlar y manipular a la ciudadanía a través de los medios de comunicación masiva.

EE.UU. y Europa

Donald Trump llegó al poder merced a un aceitado mecanismo de publicidad de sus propuestas con fuerte contenido antipopular. En plena campaña se manifestó abiertamente contra la población latina, contra la ley de salud, a favor de la expulsión de inmigrantes.

Ya desde la presidencia su retórica hace gala de un belicismo latente e incesante en la política externa y en la interna excluyente para con sectores populares de origen no anglosajones. La amenaza durante la administración Trump funciona como método constante en todos los ámbitos. Repatriaciones, ataques militares, sanciones económicas, forman parte del menú de acciones de reprimenda que el mandatario ostenta frecuentemente a través de su herramienta comunicacional preferida, su cuenta de Twitter.

En Europa la avanzada de partidos políticos que explícitamente defienden posturas ideológicas fascistas van ganando escaños a paso firme en las elecciones de algunos países centrales y no tanto que la conforman. Los casos de España con el partido franquista Vox y el de Francia, con Marine Le Pen, sirven de muestra. A diferencia de EE.UU. en Europa, durante el pasado siglo, muchos países vivieron en carne propia la experiencia de confrontar bélicamente contra algunas naciones fascistas y otros de tener un gobierno fascista administrando el estado por lo que durante cincuenta años aproximadamente la mera presencia de algún mínimo contenido fascista en el discurso era impensado para quien aspirase a la función pública.

En la Región y el país

El actual presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, presentó durante su campaña un discurso de fuerte contenido fascista. Reivindicó públicamente en el recinto del senado al torturador de la presidenta Rousseff y a la dictadura militar del pasado siglo. Se declaró homófobo en extremo, a favor de la pena muerte, e hizo pronunciamientos racistas lo que le valió el apoyo de exlíder del Ku Klux Klan David Duke. También está a favor del armamentismo ciudadano. Con todo logró imponerse en las elecciones, con el apoyo de un inmenso arsenal mediático -el cual fue provisto por los poderes fácticos de Brasil-, una feligresía fanática como la del sector evangelista de la población brasileña, y de dos aliados políticos claves, el senado de la nación -para destituir a la presidenta Dilma Rousseff, sin que le haya podido comprobar delito alguno- y el poder judicial, hoy ya percibido como cómplice en el encarcelamiento irregular del ex presidente Ignacio “Lula” da Silva. Pocos días atrás los presidentes de Brasil y EE.UU. Se reunieron en el país vecino. Se repartieron mutuos elogios y no hubo ninguna discrepancia entre ambos. Daría la impresión de que en nuestro país los mecanismos comunicacionales que llevaron a uno y otro a sus respectivas presidencias operan de modo similar.

Miente, miente, que algo quedará

En una entrevista televisiva del 11 de junio el ex titular de la Procuraduría de violencia institucional (Procuvin) Félix Crous expresó que en Argentina los mecanismos presentes, tanto en la propaganda oficialista como en su publicidad de campaña, siguen los mandatos del manual de operaciones psicológicas del Ejército Argentino (dictado por Lanusse en 1968) tanto como del decálogo de instrucciones concebidas por el ministro de propagada de la Alemania nazi, Joseph Goebbels. Al mismo tiempo dejaba entrever que si bien el actual gobierno nacional no cuenta con un ministro de propaganda el asesor ecuatoriano Durán Barba pareciera ocupar un rol del estilo. Desde aquí intentamos hallar alguna correspondencia entre lo dicho por Crous respecto de Goebbels y los mecanismos comunicacionales oficialistas.

Algunos ejemplos domésticos

En uno de los mandamientos de su decálogo el ministro nazi propone como recurso comunicacional la instalación mediática de una mentira hasta que se perciba como verdad en el fuero íntimo del ciudadano.
Las noticias falsas (fake news) reiteradas por los grandes medios operan en este sentido. Dos hechos instalados que nunca tuvieron lugar sirven de ejemplo. Muchos ciudadanos están seguros de haber visto las imágenes televisivas de un funcionario público (José López) el 14 de junio de 2016 revoleando bolsos con dinero tras los muros de un convento; al mismo tiempo que creen haber escuchado, por estos días, declarar a Alberto Fernández que no pagará, de ser electo, los intereses de las Leliq.

En el decálogo se recomienda también que, de no poder negar una mala noticia, se inventen otras para distraer. Ver y oír a la diputada Elisa Carrió días atrás denunciando una conspiración ruso-cubana-cristinista mientras se daban a conocer cifras desfavorables para el gobierno (en la economía y en las encuestas) nos lleva a hacia dicha recomendación.

El siguiente consejo, el de convertir cualquier anécdota, por mínima que sea, en amenaza grave. Nos remite al caso de los dos artistas chilenos detenidos en nuestra ciudad bajo sospecha de terrorismo mientras se celebraba el Congreso de la Lengua. O en centralizar una anécdota banal (desde los medios de comunicación hegemónicos) para forzar una discusión pública vacua por el uso de dos palabras populares (pindonga y cuchuflito) por parte de la ex presidenta Cristina Fernández.

El decálogo nazi remarca que la propaganda no tiene que exigir ninguna actividad mental, debe estar dirigida a los niveles más bajos de inteligencia de la población ya que la masa entiende poco y olvida pronto. El asesor presidencial de Macri, Alejandro Rozitchner, ha dejado, en entrevistas, declaraciones en tal tono. Sosteniendo que: “El pensamiento crítico es un valor negativo” o que “el país no está a la altura de la decisiones del presidente Mauricio Macri”.

La última indicación de Goebbels es señalar en el enemigo los defectos y errores propios. Lo que nos pone a reflexionar por qué en los últimos días el presidente de la nación y varios políticos, funcionarios, periodistas o agentes culturales como Elisa Carrió, Alejandro Rozitchner, o el escritor Federico Andahazi, señalaron insidiosamente a la principal fuerza política opositora, el peronismo kirchnerista, de ser de naturaleza fascista.

 

 

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