La reforma laboral, la competitividad y el mito del costo argentino

Política / Economía 19/07/2019 Por
El pre acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea que busca aranceles cero para comercializar libremente instaló el tema de la competitividad de la economía argentina.
trabajo industria art
Para ganar competitividad es decisivo aplicar políticas específicas por sector que actúen sobre los principales costos, antes que sobre los salarios.

chapa_ed_impresa_01


Especial para La Nueva Mañana

CEOs de las empresas más importantes del país expusieron su parecer sin rodeos y pidieron que se impulsen cambios en la legislación laboral, según ellos, para mejorar la competitividad.

Cristiano Rattazzi, presidente de Fiat Argentina, declaró que contratar y “no tener más a esa gente” tiene que ser más “libre” de lo que es con la legislación vigente. A la cual consideró un “bloqueo” que reduce la producción. En el mismo sentido se expresó el empresario del café Martín Cabrales, quien abogó por “más flexibilización”. “Los países con menores requisitos de despido son los que tienen mayor productividad y mayor cantidad de empleo”, señaló Julio Crivelli, el presidente de la Cámara Argentina de la Construcción. Estos tres empresarios de sectores golpeados por la recesión económica no fueron la excepción.

Ratazzi © NA
Para Cristiano Rattazzi la legislación vigente es un “bloqueo” que reduce la producción y opinó que la reforma debe permitir “ser mucho más libre y posible tomar gente, no tener más esa gente”. (Foto: NA)

La situación del salario actual

Sin embargo, cabe aclarar que, durante el primer trimestre del 2019, la mitad de los argentinos ocupados ganó menos de 17 mil pesos, de acuerdo a la evolución de la distribución del ingreso que toma los relevamientos de la Encuesta Permanente de Hogares. Asimismo, el último Reporte del Trabajo Registrado publica que el salario mediano fue de $31.719 en abril, de acuerdo a información del Ministerio de Producción. Lo cual significa que el haber señalado se redujo unos doce puntos, teniendo en cuenta la inflación acumulada hasta ese período. El mismo informe sobre la situación del mercado laboral señala que (comparando abril de este año con el mismo mes del 2018) se perdieron 141 mil puestos de trabajo en el sector privado. Los trabajadores independientes también se vieron afectados al registrarse 39.800 menos que en abril del año pasado. En consecuencia, la masa salarial estimada se redujo en 8,4% respecto a un año atrás.

También hay que tener en cuenta que desde el 10 de diciembre del 2015 hasta hoy, la moneda norteamericana aumentó más de 300 por ciento. En efecto, la devaluación del peso y el atraso de los salarios respecto a la inflación que generaron las sucesivas corridas cambiarias no sólo produjo pérdida de poder adquisitivo, sino que también redujo el salario medido en dólares. En los últimos años, el sueldo argentino lideraba el ranking regional y estaba entre los más altos de Latinoamérica. Actualmente, con un salario mínimo mensual de U$s294, Argentina ocupa el noveno lugar de los salarios latinoamericanos.

Ahora bien, si el salario fuese la variable determinante a la hora de hablar de competitividad, tal como muchos sugieren en sus argumentaciones a favor de la reforma laboral, la producción local debiera ser más competitiva que la de los Estados Unidos, en donde sus trabajadores ganan de mínima un promedio de U$s 1.232, o que Alemania en donde el mínimo es de más de mil setecientos dólares. Lo mismo podríamos decir respecto a Japón, Australia, Francia, Holanda con mínimos salariales similares al de los teutones. Sin embargo, no es así. Las economías de los países mencionados pagan mejores haberes y sus productos son más competitivos que los nuestros (en la mayoría de los sectores manufactureros).

Crivelli © gentileza
“Los países con menores requisitos de despido son los que tienen mayor productividad y mayor cantidad de empleo”, afirmó Juio Crivelli, presidente de la Cámara Argentina de la Construcción. (Foto: NA)

El trabajo en la estructura de costos

Si analizamos el peso que tienen las diferentes erogaciones en insumos, distintos factores y servicios que realiza la industria automotriz para producir los automóviles y utilitarios, vemos que la compra de autopartes importadas representa un 32% del valor bruto de producción, mientras que la masa salarial el 7%. Del análisis de los balances de las terminales automotrices deviene que los insumos, partes y piezas, tanto importadas como nacionales, representan el 71,7% del valor; 10% de salarios más contribuciones patronales; mientras que los impuestos representa casi cinco puntos, por mencionar los rubros de mayor peso (al año 2014).

Asimismo, dentro de la industria metálica básica, la siderurgia y producción de aluminio también sufrieron un encarecimiento de su estructura de costos por la devaluación. Insumos claves para el desarrollo de otras actividades, con lo cual, su suba repercute en la estructura de costos de muchos sectores. El aluminio requiere de dos inversiones principales, la alúmina que se importa (representa el 32% del costo total) y energía para la producción (representa un 21% del gasto total). De igual modo, en la siderurgia las materias primas y la energía para la fundición tienen un peso de más de 70% del costo, siendo los salarios poco menos de 13%.

Si el salario fuese la variable determinante a la hora de hablar de competitividad, tal como muchos sugieren en sus argumentaciones a favor de la reforma laboral, la producción local debiera ser más competitiva que la de los Estados Unidos, en donde sus trabajadores ganan de mínima un promedio de u$s 1.232, o que Alemania en donde el mínimo es de más de mil setecientos dólares.

En el sector de la construcción, en el subrubro obra pública, la mano de obra representa el 23% de los egresos, contra un 76% que se conforma entre insumos y servicios. En este sector se invierte más en la compra de metales, cemento, cal, yeso y materiales para hacer las instalaciones que en salarios, de acuerdo a relevamientos realizados por el INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial), durante el 2016 y 2017.

Informes publicados por la Subsecretaría de Programación Microeconómica da cuenta que en la producción de carne de cerdo el salario tampoco es de los principales costos. Por el contrario, la alimentación de los capones es el setenta por ciento de las erogaciones para producir, seguido por la alimentación y sanidad de las madres que tiene un peso del 19%. En el sector de la carne vacuna, en la etapa primaria, los gastos en estructura e impuestos componen el 47% del costo; seguido de gastos de comercialización, amortizaciones y personal. En lo que respecta a la invernada para el engorde, la compra del ternero representa el 62% del coste total. Otros rubros significativos son la alimentación (17%) y la comercialización (11%).

De lo expuesto se desprende que para ganar competitividad es decisivo aplicar políticas específicas para cada sector que actúen sobre los principales costos, antes que imponer reformas que aplican sobre un componente minoritario del coste total como son los salarios.

Martín Cabrales © NA
Martín Cabrales se unió al reclamo de sus pares y pidió por “más flexibilización”.  (Foto: NA)



Edición Impresa

Seguí el desarrollo de esta noticia y otras más 
en la edición impresa de La Nueva Mañana
 
Todos los viernes en tu kiosco ]


Te puede interesar