Cerro Colorado, entre la riqueza cultural y un bello paisaje

Turismo 06/07/2019 Por
Custodiado por cerros, este pequeño pueblo conjuga un paisaje increíble, historia de los pueblos originarios y huellas de uno de los artistas más importantes de nuestro país.
Cerro Colorado © Vanina boco00005
- Cerro Colorado reúne la belleza natural de exuberantes cerros y un río que lo envuelve, el valor histórico de las pictografías y la riqueza cultural que aporta la Casa Museo de Atahualpa Yupanqui.

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Especial para La Nueva Mañana

No en muchos lugares se da esta combinación que presenta la localidad de Cerro Colorado, ubicada a tan solo 160 kilómetros de la ciudad de Córdoba. A su belleza natural, de exuberantes cerros y un río que lo envuelve, se le suma el valor histórico de las pictografías rupestres que aún se conservan y la riqueza cultural que aporta la Casa Museo del cantautor Atahualpa Yupanqui. No en vano, la zona es denominada Reserva Natural y Cultural Cerro Colorado.

Llamativamente, el área de la Reserva está emplazada en la unión de tres departamentos: Tulumba, Río Seco y Sobremonte. Son alrededor de tres mil hectáreas que fueron declaradas Monumento Histórico Nacional y que albergan gran número de aleros con pinturas rupestres realizados por el pueblo comechingón y sanavirón.

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Un viaje al norte cordobés

Para llegar a Cerro Colorado se puede tomar el colectivo de la empresa Ersa, la única que llega hasta allí. Hay otros transportes, pero terminan su recorrido en Santa Elena, y habría que conseguir un remis para recorrer los 11 kilómetros que separan a ambos pueblos. En auto, claramente, es más fácil y rápido: hay que tomar la Ruta 9 Norte y luego doblar por la Ruta Provincial 21 que nos deposita directo en la localidad.

El viaje en colectivo demora una tres horas y media, pero vale la pena. Durante el trayecto, se puede ver el contraste del paisaje: mientras transitamos por la Ruta 9 hay grandes extensiones de sembrados, donde solo las sierras conservan la vegetación autóctona, y, al doblar en dirección a Cerro Colorado, el monte se vuelve más tupido, se levantan algarrobos, palmas y todo tipo de arbustos.

El pueblo me recibe con el color rojizo de sus calles y cerros, y con el verde que aún conservan sus árboles, a pesar de la época del año. Un mediodía pacífico, casi sin gente en las calles, y un cielo completamente nublado redondean la postal. 

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En unas pocas cuadras se encuentran la escuela con un mural y una foto de Don Ata en sus paredes, la comisaría, la plaza, la iglesia, la comuna, la Oficina de Turismo y el Museo Arqueológico. Todo en un par de cuadras y, a sus alrededores, los tres cerros custodios de la comunidad: Inti Huasi, Veladero y el Cerro Colorado.

Lo mejor que se puede hacer cuando se llega a un lugar donde hay mucho por descubrir es consultar en la Oficina de Turismo para que nos den un pantallazo de todas las actividades y sitios de interés, para luego planificar la visita.

La huella de los ancestros

Una de las primeras paradas es en el Museo Arqueológico, que reúne elementos encontrados en la zona como pedazos de vasijas, restos de un alero que se cayó no hace tanto tiempo, herramientas y puntas realizadas en piedra, además de información sobre la zona. Pero, sin dudas, lo más atractivo son las visitas guiadas a las pinturas rupestres, que se realizan en tres horarios: 11, 14 y 15.30.

Hacia allí nos dirigimos con un nutrido grupo –ya que era fin de semana largo– y, atravesando el arroyo Los Molles, llegamos al circuito de aleros. Frente a la primera pictografía, el guía nos explicó que sólo se puede visitar una pequeña parte de la cantidad de salientes con pinturas que guardan los cerros aledaños porque, lamentablemente, la mayoría se encuentra en campos privados. Luego, nos fue contando las interpretaciones que se han hecho de cada una de las figuras dibujadas en las piedras: las serpientes identificadas por una sucesión de puntos, el telar por pequeñas líneas onduladas, los inconfundibles guanacos, las figuras humanas, algunos pumas, los corrales y lo más impactante, el dibujo de un hombre montando un caballo, identificando así la llegada de los españoles.
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Un importante número de pictografías se encuentran en el Cerro Inti Huasi y, cruzando la calle, el recorrido termina en el Cerro Veladero donde luego de una pequeña subida, hay algunas pinturas más y se puede atravesar la “cueva del indio”, que se cree sirvió de vivienda.

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En la cima del Cerro Colorado

Otra de las experiencias que ofrece el circuito turístico del pueblo es el ascenso al Cerro Colorado. Omnipresente en la geografía del lugar, el Cerro se levanta exponiendo sus formas caprichosas, que dejan ver el color rojizo de su interior.

Para subir hay que cruzar el vado que atraviesa el Río de los Tártagos y unos metros más arriba hay un cartel que indica: Sendero de los Jotes. El recorrido es de 400 metros y se realiza en una hora, pero es importante estar en óptimas condiciones físicas porque la dificultad es media-alta, ya que requiere algunas trepadas de piedras altas.

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Desde la cima, se puede ver el pueblo y los cerros que lo rodean en todo su esplendor. También se nota una marcada diferencia entre el área que comprende la Reserva Natural y la que no corresponde, ya que allí el monte desaparece.

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Cerro Colorado ofrece muchos rincones de una belleza distinta a la que la serranía cordobesa nos tiene acostumbrados. Hay varias caminatas que se pueden hacer para conocer su bosque de matos –el árbol autóctono de la zona– y para recorrer su río y arroyos. Además, la visita a la Casa Museo de Don Ata para descubrir el lugar que tanto lo cautivó y sirvió de inspiración para sus versos.

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