Boleta y tijera, la estrategia profunda del peronismo cordobés

Estiman que cerca de la mitad de los peronistas que gobiernan en el interior provincial apostarán a la boleta presidencial del Frente de Todos. Las estrategias y el miedo de Schiaretti.
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Especial para La Nueva Mañana

“El peronismo de Córdoba no tiene candidato a Presidente”, reiteró con efusividad el gobernador Juan Schiaretti a comienzos de esta semana. Sus esfuerzos, en el marco de la campaña electoral que comenzará oficialmente el próximo domingo, parecen concentrados en lograr una unidad interna que garantice la “neutralidad” de los referentes locales en la elección nacional y que los 282 jefes comunales del peronismo se dediquen solamente a trabajar por la boleta corta que lleva como principal candidato a Carlos Gutierrez. Sin embargo, las fisuras comienzan a ponerse de manifiesto y las rencillas del PJ cordobés reavivan viejos enfrentamientos.

El contexto en el que se desarrolló el armado preelectoral para las presidenciales de este 2019 se actualizó luego del derrumbe de Alternativa Federal y, sobre todo, con del encolumnamiento del justicialismo nacional tras la boleta que lleva los nombres de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner. La apuesta del partido presidido por José Luis Gioja por acercar a las partes circunstancialmente alejadas del peronismo en un frente amplio para enfrentar al macrismo recibió el apoyo de la gran mayoría de los gobernadores y eso le abrió a Schiaretti un frente de batalla interno.

Así fue que el gobernador de Córdoba que, a diferencia de su antecesor y socio político aún mantiene sus diferencias públicas con el kirchnerismo al borde de la irreversibilidad, se vio obligado a optar por no apostar a ningún candidato presidencial en pos de mantener la imagen de unidad que había sido puesta en valor en la elección en la que fue reelecto con el 54% de los votos.

La lista de Schiaretti y el despegue de Caserio

Pese a que Schiaretti intentó reunir a la mayor parte de líneas internas en el armado de listas, la pluralidad de lecturas quedó en evidencia y la lista definitiva tuvo un mensaje inequívoco: los diputados que lleguen al Congreso deberán “defender los intereses provinciales” en representación directa del gobernador. En las horas previas, incluso, algunos nombres del peronismo circularon como posibles integrantes de otras listas. Nada de eso sucedió, pero las versiones sólo dieron cuenta de una real división en el seno de Hacemos por Córdoba, que Schiaretti intenta disimular.

Uno de los gestos que terminaron de poner en sobre el tablero las divergencias dentro del peronismo cordobés fue la designación de Carlos Caserio al frente del bloque justicialista del Senado. La decisión del Presidente del PJ provincial de encolumnarse públicamente y “trabajar para” la fórmula Fernández-Fernández fue una de las claves de su elección al interior del bloque que, en representación de los gobernadores que apoyan la candidatura del ex jefe de gabinete, empezó a acercarse al espacio legislativo que integra la ex presidenta.

Eso descolocó a los schiarettistas y animó a los que, por lo bajo, se hubiesen sentido más a gusto con un acompañamiento explícito del peronismo cordobés con el binomio del justicialismo nacional.

La legión interior

En las administraciones municipales saben que de la buena relación con quienes ocupan las oficinas del Centro Cívico depende buena parte del futuro de sus gestiones, sobre todo en materia de fondos y el acceso a programas de financiamiento. Eso genera el principal conflicto para aquellos que comprenden que “la lealtad” a Schiaretti quedó manifiesta en la elección de mayo pero que ya llegó el momento para “jugarse” de otra manera.

El primero de los intendentes en salir a marcar la cancha fue el villamariense Martín Gill. Reelecto con el mayor porcentaje de votos de la historia de su ciudad, el ex diputado nacional se manifestó a favor de la fórmula del Frente de Todos desde la noche misma de los festejos. Entre los referentes que lo acompañaron en la celebración, incluso, se encontraba una buena parte de los dirigentes del sur provincial que en algún momento formaron parte de la mesa de intendentes encolumnados con el gobierno nacional durante la gestión de Cristina Fernández.

Consultados por este medio, algunos de esos referentes confirmaron que desde la tercera ciudad más poblada de la provincia se motorizaron las primeras reuniones para comenzar a trabajar en esa conjunción de boletas que lleve a los candidatos de Hacemos por Córdoba en el tramo legislativo y a la fórmula encabezada por Alberto Fernández en el ejecutivo.

Más allá de las intenciones de los militantes del interior provincial, el mayor miedo de Schiaretti es que la polarizada disputa nacional se lleve por delante la identificación local y que la jugada a favor de la boleta del Frente de Todos termine perjudicando a la lista corta de Hacemos por Córdoba. En ese lugar está la raíz de todas las discusiones.

En Río Cuarto, Juan Manuel Llamosas ya anticipó que seguirá las directivas del gobernador. Allí, dos dirigentes históricos quedaron expuestos en posiciones bien definidas: mientras el legislador Carlos Gutierrez encabeza la lista de Hacemos por Córdoba, Alberto Cantero fue uno de los referentes que se abrazó con Gioja el día en que, en la sede del peronismo nacional, se sumaron los apoyos cordobeses para Alberto Fernández.

En Carlos Paz, la elección de la semana pasada parece haber abierto un signo de interrogación. Con una base de votos que reúne a radicales, vecinalistas, peronistas y macristas, Daniel Gómez Gesteira obtuvo una victoria electoral que puso en valor a la figura del actual mandatario Esteban Avilés; un nuevo aliado del gobernador Schiaretti que, al parecer seguirá sus consejos al pie de la letra. A pesar de una mala elección, que dejó a Mariana Caserio en tercer lugar, el peronismo delasotista tiene una base muy importante de votos en esa ciudad Valle de Punilla.

En Alta Gracia se presenta otro frente abierto entre schiarettistas y delasotistas, con correlatos en la elección local (serán el 22 de septiembre, con primarias previas) y la nacional. El intendente Facundo Torres es uno de los preferidos de Schiaretti, en mayo fue electo legislador provincial y ahora integra la nómina de aspirantes a la Cámara Baja. En la otra vereda, el histórico delasotista Walter Saieg es uno de los principales impulsores de la militancia por Alberto y Cristina en el departamento Santa María.

De hecho, hace unas semanas encabezó un encuentro en Toledo al que asistieron prácticamente todos los intendentes de esa región de la provincia. “Invitamos a todos los intendentes a sumarse al trabajo artesanal que hay que hacer en relación a la boleta corta de diputados nacionales y a nivel presidencial a apoyar Fernández-Fernández; y la mayoría de los intendentes del departamento aceptaron trabajar para la fórmula Alberto Fernández”, dijo Saieg al finalizar dicho encuentro.

El panorama empujado por las ciudades más pobladas de Córdoba se completa con la capital y San Francisco. Hasta el momento, ni García Aresca ni Martín Llaryora han tenido manifestaciones que contraresten la estrategia schiarettista, aunque el todo complejo de Córdoba Capital puede traer aparejado algún tipo de sorpresa.

“Hay que dar vuelta la página” se le escuchó decir a Alberto Fernández días atrás en un mensaje dirigido a los militantes del Frente de Todos en Córdoba. Con el correr de las semanas estará en la provincia y, más allá de los propios, la mirada sobre los ajenos empezará a correrle el velo de la estrategia profunda del peronismo cordobés.

 

 

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