Eclipses en Familia: recuerdos de episodios que marcaron a Córdoba

Opinión 02/07/2019 Por
Como ocurrirá este martes, en 1947 se produjo un eclipse total de Sol que fue visible como tal desde pocos kilómetros al norte de la ciudad de Córdoba.
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Fotografía captada en 1947 por León Goldes, padre del astrónomo Guillermo Goldes.

El día 20 de mayo de 1947 se produjo un eclipse total de Sol. Era visible como tal desde pocos kilómetros al norte de la ciudad de Córdoba. El Observatorio Nacional Argentino, hoy Observatorio Astronómico de la Universidad Nacional de Córdoba, se alistó para realizar estudios y tomar fotografías de ese evento.

Una misión encabezada por su entonces director, Ramón Enrique Gaviola, viajó a Villa de Soto e hizo base en esa localidad. A la sazón, Gaviola fue el fundador, años más tarde, del Instituto de Matemática, Astronomía y Física (IMAF) de la Universidad Nacional de Córdoba.

El clima, sin embargo, jugó una mala pasada. Esa mañana una gruesa capa de nubes cubría el cielo en el norte de la provincia. Gaviola no estaba precisamente contento, aunque se trataba de gajes propios del oficio de astrónomo. Dos meses después, y por otros motivos, presentaría su renuncia como director.

Un equipo mucho más modesto de un grupo de aficionados, el Círculo de Amigos de la Física de Córdoba, sin embargo, tuvo éxito en esta empresa. Habían planificado observar el eclipse y tomar fotografías desde Río Ceballos. Varios jóvenes estudiantes de Ingeniería integraban la comisión: León Goldes, Natán Goldes, Vicente Robles e Ignacio Vanella.

Se instalaron en lo alto del Cerro Ñu Porá, y tuvieron la suerte de que el cielo se abrió durante el suficiente tiempo como para obtener, sobre placas de vidrio, algunas valiosas imágenes. La prensa gráfica de la época las reprodujo hasta el cansancio.

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Fotografía captada en 1947 por León Goldes, padre del astrónomo Guillermo Goldes.


Pasaron más de 25 años. Y el 4 de enero de 1973, hubo un eclipse anular de Sol. Era visible desde el norte de la Patagonia Argentina.

Entre tantos otros curiosos, la familia del ingeniero León Goldes, mi padre, se encontraba en Viedma para verlo. Era nuestra última parada en un viaje de vacaciones, que había incluido la costa bonaerense, desde Villa Gesell hasta Monte Hermoso.

Las vedettes de ese viaje: un auto nuevo, una rural Falcon, que manejaba León, y una flamante cámara fotográfica, que estaba en manos de mi hermano mayor, Oscar. Mi madre, Elena, mi hermano Gustavo y yo nos dedicamos a disfrutar, asombrados, del espectáculo. Durante la espera, León nos comentó, con nostalgia, el episodio vivido en 1947. Observamos sin problemas ese eclipse, y tomamos muchas imágenes sobre película fotográfica de 35 mm.

Otros 37 años transcurrieron. Yo trabajaba entonces, como astrónomo, en la Facultad de Matemática, Astronomía, Física y Computación, la continuadora del IMAF iniciado por Gaviola. Desde la terraza de la Facultad, tomé algunas fotos del eclipse parcial de Sol, que pudimos disfrutar, junto con un grupo de estudiantes, en la tarde del 11 de julio de 2010. León ya no estaba con nosotros ese año. Si hubiera estado, seguramente, habría compartido con entusiasmo esa actividad con todo el grupo.

Volvamos al presente. En algunas horas, la tarde del 2 de julio, tendremos una nueva oportunidad de compartir un eclipse. En este caso, un eclipse total de Sol, como aquel de 1947, que inició esta tradición familiar ligada al cielo.

Desde la ciudad de Córdoba será parcial, pero desde el sur provincial todo el disco solar será cubierto por la Luna Nueva durante pocos minutos. Para mí, y al margen del interés astronómico, turístico y fotográfico, será seguramente una ocasión especial. Una oportunidad de escribir un nuevo episodio en esta larga historia familiar relacionada con el Sol, la Luna y sus juegos.

(*) Astrónomo. Universidad Nacional de Córdoba.

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