En busca del voto perdido con la mirada puesta en las PASO

Política / Economía 21/06/2019 Por
Culminó el proceso de elecciones provinciales previo a las Paso. El triunfo del Partido Justicialista de Santa Fe de la mano de Omar Perotti es la quimera del peronismo.
Fernandez - Macri - Fernandez - Pichetto

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Especial para La Nueva Mañana

Se acabaron los tests provinciales. La próxima vez que los argentinos vayan a las urnas será el 11 de agosto en el marco de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (Paso).

Con un escenario acotado que tiende a polarizarse entre el peronismo y el macrismo, y en medio de una crisis que no da respiro, el resultado aún aparece incierto. La única certeza de cara al futuro es que por primera vez desde el regreso de la democracia, en 1983, el radicalismo no será parte de una fórmula presidencial.

La otra certeza que hay sobre el escenario es que la oposición, en sus distintas variantes, logró coronar 13 victorias en las 14 elecciones provinciales que se llevaron a cabo durante 2019. El oficialismo nacional sólo logró ganar en Jujuy de la mano del gobernador radical Gerardo Morales y alejado de la imagen del presidente Mauricio Macri.

Ninguna de las jornadas electorales plagadas de derrotas fue tan oprobiosa para el oficialismo como la del último domingo porque junto con el final del ciclo de elecciones provinciales previas a las Paso también llegó el final del mentado “en las provincias ganan los oficialismos”. Los triunfos del peronismo en Santa Fe y de Forja en Tierra del Fuego dieron por tierra con el último argumento medianamente verosímil con el que contaba la escudería Peña- Durán Barba para batallar con la realidad.

Está claro, y se ha sostenido a lo largo del año, que no se pueden nacionalizar los resultados provinciales. Aparece como cierto en base a las comparaciones con otros años electorales que el intento por transpolar porcentajes o votos de un distrito que votó desdoblado a una elección nacional sería un error, pero eso no se extiende al análisis de la conducta de los votantes. No se trata de los porcentajes obtenidos, tampoco de lo que marquen las encuestas, se trata de cómo se comporta el electorado en la Argentina. En definitiva de cómo se vota.

En palabras del consultor ecuatoriano Jaime Durán Barba: “Es simplista suponer que los votantes que estudian los analistas de izquierda deciden su voto escuchando discursos y analizando las ideas de Gramsci, y que los electores que analizan los pensadores de derecha lo hacen guiados por la inteligencia emocional. El tema no tiene que ver con la fe a la que pertenecen las personas, sino con la sistematización cuantitativa de las observaciones empíricas de cómo actúan los ciudadanos”.

Es por eso que la victoria del peronismo el último domingo en Santa Fe de la mano de Omar Perotti alumbra, como en muchas otras provincias, el camino que intenta recorrer la fórmula Fernández – Fernández. Claro que por ese camino el Peronismo no va solo. Es el mismo camino que recorrió Morales para triunfar en Jujuy y el que intenta, corriendo desde atrás, transitar la flamante fórmula oficialista Macri – Pichetto. Es que no se trata de unidad, se trata, en todos los casos, de capturar el voto de las capas medias. Una ruta cimentada sobre los que pertenecen a la clase media, los que aspiran a ella y los que creen pertenecer; y que en todos los casos acumulan políticamente a favor de los discursos moderados. Para expresarlo en términos massistas se podría decir que la avenida del medio se hizo tan ancha que entraron todos, desde Macri hasta Cristina.

La puesta en radar de la moderación hizo que para Cambiemos el peronismo dejara de ser ese mal que aqueja a la Argentina desde hace 70 años y, al mismo tiempo, logró que el kirchnerismo –ahora alineado tras Alberto Fernández y encorsetado dentro del PJ– permitiera que su candidato Presidente se muestre indulgente con el Grupo Clarín y plantee “una vuelta de página” bajo el lema: “la guerra terminó”.

En esa mixtura de pragmatismo y necesidad “Los pibes” están dispuestos a cambiar “liberación” por “moderación”, y ya no son traidores ni Massa ni los que se fueron con él hace algunos años atrás. Moderación para la victoria.

A 24 horas del cierre de lista el repaso por los movimientos del peronismo sirve alumbrar lo que vendrá. La consagración de Alberto Fernández, que dejó su puesto como jefe de Gabinete luego del conflicto desatado por la resolución 125 en 2008, como candidato a Presidente no sólo operó como un puente con los gobernadores sino también como una autocrítica de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Una suerte de redención sobre decisiones que terminaron esmerilando su propio espacio.

En un sentido similar se debe leer la nominación de Sergio Massa, quien fue reemplazante de Fernández en la jefatura de Gabinete, duró un año en el cargo, hoy como primer candidato a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires. Y, de concretarse, la misma lectura será válida para los nombres de sindicalistas que aparezcan en lo más alto de listas.

Dentro de ese panorama el peronismo a nivel nacional busca lo que consiguió Perotti en Santa Fe. Más allá del reparto de lugares que en la provincia de Buenos Aires también dará espacio al massismo, a los movimientos sociales, a los intendentes y en el interior a los gobernadores, la búsqueda está centrada en recomponer el voto que terminó de fugarse en 2013 con el enfrentamiento Massa – Cristina. El camino de la moderación y el ensanchamiento hasta los márgenes de la avenida del medio intenta recomponer la base social del voto peronista. Esa que Néstor Kirchner mantenía unida a pura política. El amalgamado de la clase trabajadora con los más golpeados por la desigualdad que sobreviven gracias a la asistencia estatal.

En síntesis, el pragmatismo y la moderación empujan a dejar de lado aquel “vamos por todo”, que terminó empoderando adversarios y diezmando a los propios, para volver a un esquema transversal a fin de ampliar la base de sustentación política pensando más allá del 10 de diciembre.

 

 

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