Pichetto: una solución apresurada para un panorama adverso

Política / Economía 14/06/2019 Por
El oficialismo nacional acudió al peronismo de Estado para reconquistar al círculo rojo y volvió a menospreciar el aporte radical, que esperaba poner el vice.
Macri-Pichetto © NA
El macrismo en busca de revertir una tendencia electoral que lo dejaría sin reelección recurrió a la máxima expresión de la vieja política, - la rosca y los códigos no escritos del Palacio Legislativo.

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Especial para La Nueva Mañana

CIERRE DE ALIANZAS > "CAMBIEMOS" NACIONAL

Las alianzas electorales de Cambiemos son ese juego donde siempre pierden los radicales. En 2015 el núcleo duro del PRO eligió a “los puros” en 2019 al PJ. Cambiemos, y su metamorfosis reciente Juntos por el Cambio, no está dispuesto a pagar lo que el radicalismo cree que vale sino lo que realmente vale.

El gobierno de Macri y su comando de campaña lee bien el panorama. No confunde grieta con polarización. Por eso para exacerbar la polarización y va en busca de lo que está por fuera de la grieta. Un razonamiento similar al que llevó a Cristina Fernández a convocar y empoderar a Alberto Fernández. Todos pescan en “la ancha avenida del medio”.

La elección de Miguel Ángel Pichetto como compañero de fórmula de un Mauricio Macri desgastado funciona como una señal nítida para el círculo rojo. El ex titular de la bancada del PJ en el Senado siempre le reclamó a Marcos Peña más atención para el círculo rojo. En cada exposición que el jefe de Gabinete, Marcos Peña, daba el Senado Pichetto expresaba lo mismo: el plan que quieren llevar adelante se realiza con más círculo rojo y no con menos. La militancia de Pichetto tuvo su premio. Y el círculo rojo su pequeña victoria.

Más allá de las rápidas adhesiones de los referentes de Cambiemos a la nominación del senador rionegrino lo cierto que la decisión lleva consigo unas cuantas claudicaciones y deja ver la aceptación de un panorama adverso de cara al proceso electoral.

El macrismo en busca de revertir una tendencia electoral que lo dejaría sin reelección recurrió a la máxima expresión de la vieja política, la rosca y los códigos no escritos del Palacio Legislativo. Como para Enrique IV París bien valía una misa para Macri la reelección bien vale la apertura a la vieja política que Marcos Peña y el núcleo duro del PRO detesta.

“No hay proyecto de poder sin peronismo”, suele decir Miguel Ángel Pichetto siempre que asoma un proceso electoral. El flamante compañero de fórmula de Mauricio Macri –durante 17 años jefe del bloque del peronismo en el Senado- buscará aportarle esa genética a la oferta electoral de Juntos por el Cambio.
Pichetto no gana una elección ejecutiva desde 1985, ni tiene anclaje en la juventud, tampoco funge con un puente real hacia la apertura de Cambiemos, pero, como ya se dijo, sí opera como claro guiño a un Círculo Rojo que parece estar cansado de Marcos Peña.

El peronismo de Estado que representa Pichetto implica también el fin de la búsqueda de la gobernabilidad en los otros. Pichetto, su peronismo, su llegada a los gobernadores, ahora puesto en la fórmula implica una apuesta el cese de la tercerización de la gobernabilidad.

Por otra parte, haber anunciado la fórmula 11 días antes del vencimiento del plazo marca un apresuramiento que se condice con lo que marca el termómetro político pero también con la decisión de Macri de volver a escuchar al ala política de su gobierno.

La lectura tanto del ministro del Interior, Rogelio Frigerio, como la del presidente de la Cámara de Diputados esta vez fueron escuchadas. En ese marco Macri entendió que cada día que dejara pasar los aliados le iban a salir más caros, que nada iba a poder sumar en términos de alianzas luego de las PASO y que las primarias harán las veces de primera vuelta y las generales se terminarán convirtiendo casi en un balotaje. Esa lectura que comienza a delimitar una estrategia tiene un correlato con la posibilidad, que desde el ala política aun se ve como cierta, de que luego de haber cerrado un acuerdo con Massa la fórmula de los Fernández se puede imponer en primera vuelta.

Más allá de las sonrisas del círculo rojo, cuando haya pasado el temblor que produjo la nominación de Pichetto como candidato a vicepresidente por el oficialismo, nada habrá cambiado demasiado y la campaña recién estará en su primera etapa. En ese contexto el trabajo del rionegrino será romper el acuerdo de Fernández con los gobernadores y conseguir que, por lo menos, en las elecciones nacionales vayan con boleta corta. Es decir que no cuelguen la lista de diputados nacionales de la boleta del Frente de Todos. Las operaciones del flamante compañero de fórmula comenzarán por Córdoba, Río Negro y Neuquén.

Al mismo tiempo, el Pro se sumergirá en las negociaciones con el radicalismo nacional que encabeza el gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo. Por ahora hay solo promesas a cargos dentro del Poder Legislativo en un futuro gobierno y algunos lugares en las listas. Es decir no mucho más de lo que tienen ahora. Desde la UCR nacional buscarán forzar la negociación hasta conseguir la promesa de una mayor participación en la toma de decisiones y algún cargo dentro del Ejecutivo.

El único radical que está listo para pasar a cobrar por ventanilla es Martín Lousteau. El exministro de Económica de Cristina Fernández y referente de la UCR de la Ciudad de Buenos Aires, sería el encargado de encabezar la fórmula de senadores porteños de Juntos por el Cambio. Lo que, según entienden en el entorno del jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, no sólo le quita competencia sino que le asegura un camino fácil hacia la reelección.

  

 

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