Huele a espíritu alienígena

Cultura 08/06/2019 Por
Breve historia del planeta verde, el nuevo film de Santiago Loza, celebra y deconstruye los géneros de ciencia ficción y aventuras a través de una historia sobre aliens, chicas trans y perdedores del secundario. Se ve hasta el miércoles en el Cineclub Municipal.
breve-historia
- La película puede leerse como una metáfora de alienación y marginación que no es precisamente nueva, pero de la cual el film se hace cargo. Foto: Gentileza

chapa_ed_impresa_01


Especial para La Nueva Mañana

Tania se quita un antifaz de E.T que le cubre los ojos y despierta pintada como una muñeca rusa. Durante el desayuno, las noticias se leen en cartas de tarot y no en diarios. El día comienza de forma rutinaria, aunque ahí está la paradoja. La cámara que flota delicadamente sobre los rincones del departamento encarna la curiosidad que despertaría una caverna lunar antes que una torre de durlock urbana. ¿Estamos despiertos o soñando, dónde y de quién es este planeta extraño?

El nuevo film de Santiago Loza hace de aquella cualidad onírica su orgullosa bandera; como si eligiera permanecer flotando, siempre unos centímetros más arriba del suelo chato, asombrándose por descubrir tierras vírgenes.

El aura de ensoñación es una decisión de tono y estilo, pero también un gesto de sincronía con las criaturas heroicas de Breve historia del planeta verde: una chica trans que hace shows nocturnos y sus amigos perdedores del secundario insisten con fundar un mundo nuevo.
Necesitan su propio refugio, hecho de sintetizadores que avivan el cuerpo y putas solidarias que le dan la teta a extraterrestres perdidos. Un mundo donde el deseo no recibe castigos; donde los marginados se estrechan la mano temblorosa y encuentran cobijo. 

En cierto sentido, la aparición de un alienígena que debe volver a su planeta no modifica el centro vital de la película. Incluso cuando el grupo de amigos debe ayudar a este extraterrestre, la atención no se desborda con la recapitulación épica del viaje a casa.

En cambio, Loza hace orbitar el film alrededor del universo que habitan los protagonistas. Lo que prevalece es una poética de superficies dispuestas a la vista, una textura visual organizada para el placer de la experiencia: las luces seductoras que envuelven a los personajes dentro del bar; las camperas de tonos chillones que resaltan en medio de un paisaje hostil y apagado; el vestido tejido por la abuela, la antigua casa de muñecas y los tacones altos. La película está obsesionada con detalles decorativos y objetos artificiosos, ya que es ahí donde los personajes depositan sus emociones. Es ahí, en ese espacio brilloso y ligero, donde sus protagonistas crean un lugar para ser ellos mismos.

Nada de eso significa que estén eximidos del peligro. El escapismo de la pista de baile, donde un pibe gay deja fluir su cuerpo, es amenazado por su contraplano: unos matones con mirada rabiosa suspenden la fantasía e imponen su violencia.

Las vibraciones dramáticas del film están dictadas por aquel movimiento; una quimera de resistencia se abre como posibilidad y una realidad reaccionaria irrumpe para arrebatar el sueño. Es un tono que funciona mejor cuando mantiene el equilibrio y el humor y no tanto cuando se hunde en pozos de solemnidad o miradas piadosas hacia los protagonistas.

En el camino, la película utiliza una figura metafórica sin tapujos: el extraterrestre perdido, lejos de su planeta, representa a las mujeres rebeldes, las chicas trans y los hombres gays a los que se les niega su lugar en el mundo.  Se trata de una metáfora de alienación y marginación que no es precisamente nueva, pero de la cual el film se hace cargo. Es consciente de sus obviedades y las incorpora como parte de su propio mecanismo ficcional: su motor son las acciones extravagantes, el humor ridículo y los diálogos pomposos que parecen salidos de una novela de adolescentes por la tarde (“Yo me voy a acordar siempre de vos. Aunque sea viejo y no tenga más memoria”, dice uno de los amigos).

Trastocar los códigos: ese es el juego. Que Loza decida otorgarles una historia de aventuras a estos personajes rotos es un gesto de ternura. El film hace eco de viejas películas americanas como E.T o Cuenta conmigo, pero se las apropia con un itinerario propio: celebra aspectos convencionales de los géneros cinematográficos al mismo tiempo que los deconstruye en el marco de los géneros sexuales. Es un reconocimiento a la vez que un reclamo: el derecho a la fantasía ya no es exclusividad del imaginario masculino, blanco, heterosexual y estadounidense. Tania y sus amigos vienen a insistir sobre eso.  Van a seguir fantaseando. Y ningún matón va a detenerlos.

 




Edición Impresa

Seguí el desarrollo de esta noticia y otras más 
en la edición impresa de La Nueva Mañana
 
Todos los viernes en tu kiosco ]


Te puede interesar

Boletín de noticias

Te puede interesar

data-matched-content-ui-type="image_card_sidebyside" data-matched-content-rows-num="4" data-matched-content-columns-num="1"