Casa Bamba, como salido de un cuento

Turismo 18/05/2019 Por
A solo 30 kilómetros de la ciudad de Córdoba se abre paso este pueblo que ofrece un bosque tupido, cascadas de todos los tamaños y la historia de un amor prohibido entre “el indio” Bamba y María Magdalena.
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- El curso de agua nos va regalando un sinfín de cascadas y ollas en su recorrido.

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Especial para La Nueva Mañana

Como cuando empezás a leer un cuento y de golpe sentís que estás inmerso en ese mundo que construye el autor, así es internarse en el recorrido que te propone Casa Bamba. Un sendero que te va guiando a través de un bosque donde los siempre verdes, los helechos, los piquillines, las bromelias, algunos algarrobos e innumerables cascadas van dibujando el trayecto. Y, lo mejor de todo es que este pequeño mundo paralelo se encuentra a 30 kilómetros de la ciudad de Córdoba, hacia la zona oeste.

El cuento comienza con el viaje

Sin dudas, para hacer más interesante la aventura, se puede optar por viajar en el Tren de las Sierras, saliendo temprano desde Alta Córdoba, en un viaje que lleva a atravesar las Sierras Chicas, cruzando túneles y bordeando el río Suquía, y llegando con tiempo suficiente para hacer el sendero hasta la gran cascada –principal atractivo del paseo–, para luego regresar a la estación por la tarde a esperar el paso del tren. 

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Fotos: Vanina Bocco

Hace poco, los vecinos de Casa Bamba fueron protagonistas de las noticias en algunos medios de comunicación porque denunciaron que una empresa minera cerró el paso,desde la ruta, hacia el pueblo. Por lo que, la opción del tren, además de ser la más entretenida es la más conveniente.

Al bajar del tren, hay que caminar unos 800 metros por el costado de las vías, en dirección hacia Cosquín, y a mano derecha se ve el ingreso al sendero. Unos metros antes, hay una gran piedra donde se encuentra escrita la leyenda que dio origen al nombre del pueblo: el amor prohibido entre “el indio” Bamba y María Magdalena, la hija de su patrón, hizo que ambos huyeran y se refugiaran en esa zona de las sierras y allí tuvieran cuatro hijos.

Las versiones sobre su trágico final son varias: se dice que fueron perseguidos por el padre de María Magdalena y que ella fue llevada a un convento, mientras que “el indio” Bamba y sus hijos fueron asesinados; otra leyenda dice que él murió al caer de un precipicio. 

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El sendero a la cascada

El pequeño letrero que da inicio al recorrido dice que la duración del mismo es de una hora y media y que la dificultad es de mediana intensidad, pero el día en que realicé el paseo había estado lloviznando y eso hizo que la marcha fuera un poco más lenta.

El puesto abandonado de un antiguo poblador es lo último que se ve parecido a la civilización a un costado del camino. Se trata de los restos de una casa de piedra que ahora está completamente tomada por una enredadera de campanitas violetas, las mismas que forman grandes mantos entre los árboles a ambos lados de las vías y que crean una especie de red natural.

Siguiendo el sendero marcado, me fui internando en el bosque donde primero se ve el curso delgado de un arroyo que tímidamente acompaña el recorrido. A los costados, la vegetación se va cerrando, formando galerías de siempre verdes. Solo algunos árboles tienen las hojas amarillas, y en un día completamente nublado como el que me tocó, daba la impresión de que eran rayos de sol que se colaban entre las plantas.

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Al poco tiempo de estar caminando, ya me encontré con la primera de la gran cantidad de cascadas. Realmente, durante todo el trayecto hacia el salto de agua más grande, hay un sinfín de caídas de agua de distintas alturas y dimensiones, y algunas forman ollas poco profundas que sirven para refrescarse en épocas de calor. Es tal la humedad que concentra el lugar que hay musgos adheridos a las piedras y también cuelgan bromelias y helechos. Estas plantas, junto con las cascadas, forman pequeños oasis perfectos para detenerse a contemplar un paisaje no muy habitual de las sierras cordobesas.

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Luego, el camino continúa perdiéndose entre los árboles, a veces hay que bordear el arroyo y otras veces es necesario cruzarlo, saltando de piedra en piedra. Así, prestando atención al camino y deteniéndose en cada cascada para tomar algunas fotos, el tiempo se pasa volando y la gran Cascada las Violetas –o Indio Bamba, como figura en algunos lados– aparece inesperadamente. Una caída de agua de unos siete metros forma una olla de agua clara y de tono verdoso. Las enormes piedras que están enfrente sirven como platea preferencial para admirarla.

Desde este punto, se puede volver por el mismo camino –sobre todo si hay que llegar a la hora que pasa el tren de regreso– o, como fue mi caso, se puede seguir subiendo para llegar adonde nace la cascada y donde se pueden ver otros saltos de agua de menor altura, pero con una belleza asombrosa también.

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Casa Bamba ofrece un recorrido completamente natural, sin ninguna infraestructura creada para el turismo, solo un sendero que lleva a una conexión simple y directa con la naturaleza.

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