El fútbol que se volvió triste, ¿qué nos pasa en Córdoba?

Deportes 17/05/2019 Por
¿Cuántos entrenadores hay en el mercado del fútbol argentino, que son de Córdoba o pasaron por acá, y fueron corridos a los bolsazos?. Desde el punto de vista emocional el fútbol local no es rentable.
Coleoni © Prensa CaCC
Las preguntas disparadoras podrían ser, a nivel de fútbol profesional ¿qué nos pasa en Córdoba? ¿qué escala de valores tenemos?. - (Foto: Prensa CaCC)

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Especial para La Nueva Mañana

“Córdoba te desacomoda, te desarma”. Me lo dijo una vez hace tiempo Roberto Di Palma, uno de los hombres claves en el proceso de crecimiento y consolidación de la revista Hortensia, aquel maravilloso refugio gráfico del humor cordobés, crecido a la luz del pensamiento y la producción de ideas que inspiran sonrisas indelebles. El Gordo se refería a cómo el cordobés tenía la capacidad quirúrgica para romper la inercia de una conversación y era capaz de hacer “un desastre” con apenas unas palabras. Abría la boca uno y eso: te dasarmaba… Como una gambeta, nacida en la chispa para hacer lo inesperado y ganar un espacio, un segundo, un aplauso, una diferencia.

El humor cordobés tiene un ADN de revolución, de transgresión, de reacción, que invita a creer que somos así en todo. Tal vez ocurra en el campo de la cultura y la educación; o en la música, expresada en el cuarteto que salió de Córdoba y fue a poner a bailar a mucha gente en la noche de Buenos Aires. Pero definitivamente, hay ámbitos en los que hemos no hemos logrado proyectar aquella esencia “rompe moldes” que se transparenta en el humor.

Definitivamente, el fútbol de estos tiempos desmiente la sonrisa que nos inspira el humor porque nos hemos vuelto tristes. Tristes por falta de alegrías y de aspiraciones; tristes por falta de personalidad y convicciones; tristes por la violencia y la falta de ideas; tristes por la mediocridad; tristes por la desesperación de ver resultados sin creer en los proyectos. No es que el fútbol deba llenarnos el corazón para convertirnos en tipos felices, pero lo de hoy es contundente: carecemos de los insumos para desarrollar algo que permita disfrutarlo. Desde el punto de vista emocional y epidérmico, el fútbol de Córdoba no es rentable.

Las preguntas disparadoras podrían ser, a nivel de fútbol profesional ¿qué nos pasa en Córdoba? ¿qué escala de valores tenemos? Salvo el ejemplo reciente de Estudiantes de Río Cuarto, dejamos de ser una potencia hace rato, de la mano de los “cortoplacistas” que dejaron de creer en el trabajo de base para entregarse a la coyuntura. El “hoy”, el “ya”, para legitimar que sólo vale ganar, independientemente de los caminos que transitemos. Sólo carne para las fieras.Ya no se espera la consolidación de un jugador, porque los venden casi en pañales. Entonces, al contrario de lo que caracteriza la esencia del humor, el fútbol nuestro se ha convertido en previsible, con una dosis de crueldad que nos vuelve exigentes sin ofrecer nada a cambio.

Tomemos nota, simplemente como caso testigo. ¿Cuántos entrenadores hay en el mercado del fútbol argentino, que son de Córdoba o pasaron por Córdoba, y fueron corridos a los bolsazos? Muchos ¿eh? Repasemos los más recientes: Gustavo Coleoni, Héctor Arzubialde, Daniel Delfino, Gabriel Gómez, Leonardo Madelón, Rubén Forestello … y la lista sigue. Todos y cada uno de ellos, tuvieron su oportunidad en alguno de los clubes capitalinos y se fueron mal. Mejor dicho, los fueron mal. No se trata de citar sólo a los que ahora andan bien en otro lado, porque si vamos al caso, podríamos recordar a los que llegaron y no dejaron huella, ni parecido: Diego Osella, Sebastián Méndez, Lucas Bernardi, Reinaldo Carlos Merlo y Ricardo Pancaldo, entre otros.

El punto es descifrar, alguna vez, porqué nos cuesta tanto la toma de decisiones, para apoyar o para ahuyentar. Porque el “Sapito” Coleoni hoy es uno de los mejores entrenadores del ascenso, pero en Córdoba no lo bancó ni Talleres. ¿Qué pasa? ¿Ahora aprendió de fútbol y antes era un burro? ¿Héctor Arzubialde es un inútil? Para los muchachos que deciden cosas en los clubes debe ser que sí, pero al ex defensor de Talleres nunca le falta trabajo de clubes de otras provincias. ¿Este Delfino, que ahora coquetea con el ascenso a primera con Sarmiento de Junín, es el mismo que la platea de Instituto maltrató hace poco? ¿Qué relación hay entre ese entrenador, el juego discreto de aquel equipo y la intolerancia de una tribuna que no perdona ni los saques laterales? ¿Y Madelón? Hizo de Unión una potencia, pero en Belgrano lo insultaban desde que el equipo salía a la cancha.

Arzubialde © Prensa Estudiantes
Héctor Arzubialde (Foto: Prensa Estudiantes)

Hasta Ricardo Zielinski, el gurú de Alberdi que dejó de serlo y se fue silbando bajito, hoy es adorado por la misma feligresía que le cortó el crédito hace un par de años.

En toda esta maraña, el dato que no podemos soslayar es que los entrenadores que afuera andan o anduvieron bien, y lograron y logran que sus equipos resulten competitivos, en Córdoba no pudieron hacerlo y dejaron herencias pesadas. Hemos visto decenas de jugadores que no sólo llegaron sin haber justificado sus contrataciones, sino que sus contratos frenaron el crecimiento y la proyección de los valores locales.

La tristeza no es casualidad. Es la condena que nos cuesta ver, pero también la oportunidad de imaginar alguna solución. Sin procesos, jamás habrá resultados serios. Si bien sabemos que en Córdoba se juega al fútbol desde hace mucho tiempo y hemos producido jugadores de calidad notable, la foto de 2019 es una excelente ocasión para reinventarnos.
 

 

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