Barrendero y presidente de club Los Andes, combinados en una pasión

Deportes 11/05/2019 Por
Miguel Mamonde trabaja para Esop y es titular del club de fútbol cordobés. Desde la humildad, desdobla su tiempo para estar al servicio de los jóvenes que más lo necesitan.
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(Fotos: Javier Imaz LNM)

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El presidente se levanta casi a las 6 de la mañana para empezar su jornada laboral, que arranca desde las 8 hasta las 14, recorriendo las calles céntricas con su escoba, puliendo donde sea necesario en las veredas para que brillen como el sol esperanzador y limpiando las calles donde la basura rebelde se rehúsa a dejar de ser parte del decorado. Un paisaje muy habitual, con recolectores de residuos, taxistas, vendedores ambulantes, con Córdoba como escenografía, conformando una pintura urbana cotidiana para muchos trabajadores. El protagonista de esta historia es Miguel Mamonde (46 años) quien ya cursa su tercer mandato como titular del humilde club Los Andes, que compite en la Primera B de Liga Cordobesa de Fútbol. Sí, un presidente barrendero, lejos de aquellos perfiles empresarios o rentados como estilan las nuevas dirigencias, casi a un paso de las sociedades anónimas.

Mamonde luce con orgullo la casaca de su club, que defendió como juvenil, jugador de Primera, en la comisión directiva y ahora con el cargo máximo institucional, lejos de los prejuicios sociales y con una vocación de servicio incondicional como motivación fundamental para aceptar esta investidura. Desde temprano se lo puede encontrar con su escoba y su indumentaria laboral deambulando por Casa Radical, acompañada de la camiseta de la entidad de sus amores o con alguna figura alegórica a su pasión. Desde la Avenida Vélez Sársfield hasta la calle Obispo Trejo son los límites de su hábitat de trabajo, que combina con la responsabilidad de conducir al club de barrio José Ignacio Díaz.

"Ser presidente de Los Andes me genera más obligaciones que privilegios, pero yo no reniego de eso porque es mi pasión. Fue mi primer amor. Mi padre fue dirigente, mi hermana también está en la comisión, y seguiré siempre ligado, en el lugar que me toque, sin reprochar. Vivo a tres cuadras de la cancha. Es una linda responsabilidad. Salgo del trabajo y me voy directo a atender las necesidades del club. Es un estilo de vida y no lo voy a cambiar. Por más que digan que estoy loco, yo seguiré siempre cerca de la institución, porque además es lo que mejor me sale", relata Mamonde, quien trabaja para Esop, además de ser afiliado a Surrbac.

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En Los Andes surgió el arquero Mario Cuenca, ídolo de Talleres, más el defensor Cristian García. También se formó José Schaffer, ex Junior y con paso en el albiazul. Por el momento no tiene convenios con clubes de categorías superiores, aunque las veces que lo intentaron, no tuvieron buenas experiencias. “Nadie respeta a los clubes de la Liga Cordobesa. Mirá CIBI como tiene que renegar para que le paguen el porcentaje de “Bebelo” Reynoso, con Talleres. ¡Y eso que juega en Boca!”, confesó Mamonde.  (Foto: Javier Imaz / LNM)

- ¿Cómo combina las dos actividades?

- Como se pueda. Antes trabajaba en un remis y me iba de aquí para allá, sin descansar. Siempre llevo la camiseta o un short de Los Andes a todos lados, para que me acompañe. Ahora estoy en Esop y me siento cómodo. Además, no somos rivales con el club Amsurrbac ni con Camioneros, por más que estemos en el mismo rubro. Somos una gran familia y trabajamos juntos. No somos clásicos.

- Es un cargo que también tiene muchas impotencias y pocos reconocimientos…

- Hay que bancarselá y punto. A esto uno lo hace por amor. Perdí tiempo que pude pasar con mis hijos y familia pero a la vez siento que traiciono a mi padre si lo dejo de hacer. Los Andes es muy fuerte. Al punto que te cuento que el día que mi padre falleció, uno de los más tristes de mi vida, una hora después de su entierro me vine a ver el clásico contra Avellaneda. No le podía fallar a mi equipo y mi padre también lo hubiera entendido de esa manera.

- ¿Qué funciones cumplen en la institución?

- De todo, somos multiuso (risas). Lo importante es ayudar a los chicos, muchos llegan cansados de trabajar, algunos con una comida diaria y estamos nosotros para cumplir el rol de contención. Y la vez queremos ser competitivos. Hay chicos que entrenan con pantalón largo poque no tienen otra cosa y ni hablar de botines. Estamos para dar una mano.

- De su trabajo, ¿pudo aplicar algo también para el club?

- Si en los Andes hay que limpiar algo, soy el primero en estar presente barriendo o en lo que sea necesario, sacando basura, acomodando o ayudando a los chicos. Todos remamos. Llego a casa después del trabajo y me pongo con el celular preguntando cómo van las cosas. Pasa de todo, desde buscar algún juego de camiseta hasta movernos a la otra punta de la ciudad porque algún chico se golpeó fuerte en el torneo de inferiores. No puedo mirar para otro lado, no me sale.

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“Siempre llevo la camiseta o un short de Los Andes a todos lados, para que me acompañe (Foto: Javier Imaz / LNM).

- ¿Te tocó sufrir alguna discriminación en la cancha o en la Liga?

- Una sola vez, con el DT de un club que no voy a nombrar. Me quiso denigrar, pero el laburo es dignidad y no le voy a responder nunca. Hay códigos en la Liga Cordobesa de Fútbol, si estamos todos en la misma, remando y dejando incluso lo que no tenemos.

 -¿Cómo subsiste Los Andes?

- Haciendo rifas, con la recaudación del buffet en los partidos de inferiores, más las cuotas que pagan los chicos, que vale 200 pesos. Y no alcanza, yo creo que el 30 por ciento de los chicos están en condiciones de afrontar ese pago porque vienen de familias humildes, pero nosotros jamás vamos a impedirle jugar a alguno porque no pueda pagarlo. No es la finalidad esa, sino colaborar con quienes más lo necesitan. El Surrbac me ayuda con insumos y la Juventud Sindical Peronista colabora con la “Copa de Leche” para que puedan merendar. No te miento: hay chicos que toman su merienda en el club dos o tres veces, porque en la casa no hay nada para comer. Eso me parte el alma. Para muchos es su única comida diaria.

- En su momento, Los Andes tuvo problemas de barras, incluso se los sindicó como ser parte de la barra violenta de Talleres…

- Ya no pasa más nada de eso, hace tres años empezamos a erradicar la violencia y hoy con orgullo decimos que Los Andes es un club familiar. A la cancha solo puede entrar gente con los colores rojo y negro, nada más.

- ¿Cuál sería su sueño por cumplir antes de terminar su mandato? El ascenso, seguramente…

- No, eso es una cuestión deportiva. Mi sueño, mi ilusión es que algún día la gente que sufre necesidades y que viene al club pueda salir adelante, conseguir empleo y no tener más que recurrir a la ayuda social. Ése día lo voy a festejar con una vuelta olímpica, es más que un ascenso. En la Liga hay jugadores con talento, pero muchos trabajan 12 horas, mal comidos, y en esas condiciones no van a poder rendir. Mi sueño es ese, que cada chico que entre al club tenga lo básico e indispensable para poder vivir, estudiar y proyectar su futuro. El campeonato no es primordial.

  

 

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