Armando Tejada Gómez, 90 veces la vida: aniversario de su nacimiento

Cultura 22/04/2019 Por
Nacido en 1929 un 21 de abril, el prolífico y multifacético artesano de la palabra argentino pervive y renace constantemente a través de su obra.
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- Tejada Gómez profesaba la unidad latinoamericana como necesidad imperiosa. Foto: Archivo.

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Especial para La Nueva Mañana

Matar es fácil y vivir es difícil; apuesto al riesgo de vivir, y vivo

con el decoro de la puerta abierta

porque la muerte es breve, pero existe

de un modo fácil; aunque contenida por los motines de la primavera.

No sé quién va a morir o está naciendo, pero, por si la muerte…

estoy en vela.

(“Soneto y medio” - Del libro “Bajo estado de sangre”)

Testigo y partícipe de una época convulsionada en extremo (en el país y en el mundo); por ejemplo, asistió al nacimiento e instalación de los Beatles como nueva expresión cultural musical, vio y vivió el derrocamiento de Perón en el 55, la revolución cubana, etc.

Su obra se ocupó, en diversos momentos, de diversas temáticas; desde su intención primera de mostrar la cosmogonía ancestral de los Huarpes, pasando por lo social y hasta el tema de la unidad latinoamericana como necesidad imperiosa (Pablo Milanés, por ejemplo, lo señala como referente imprescindible al respecto) y el repudio constante e incesante a las dictaduras que azotaron a Latinoamérica durante la segunda mitad del siglo XX. Sus canciones han trascendido fronteras como pocas y “Canción con todos” ha sido considerada por la Unesco como el himno latinoamericano.

A fin de conmemorar su primer nacimiento La Nueva Mañana entrevistó a una de sus hijas, Paula Tejada.

El poeta, el padre.

-A 90 años del nacimiento de Armando, ¿cómo asume la obra de su padre?
- Mi padre tiene una obra pública como letrista, poeta, etc. que es la que todo el mundo conoce; pero tiene una gran obra privada que es su red de afectos, la cual creó y sostuvo con infinito amor, inclaudicable perseverancia y absoluta responsabilidad. Debido a ella es que ante su desaparición física fui contenida y prohijada por todos y cada uno de sus amigos y afectos. Un ejemplo patente de esto es que los hijos de mis amigos son mis hermanos, en lo más profundo del término. Como dicen sus versos: “… un amigo es la vida dos veces.”

-¿Su condición de poeta comprometido trajo vicisitudes a la vida familiar?
-Bueno, sí. La vida misma le iba marcando el paso... papá quería mucho a su país y cuando el golpe del 76 intentó resistir a todas las amenazas y atentados que le llegaban a él o sus amigos, pero el 1978 tuvo que exiliarse, primero en España , y luego en México. Papá decía que él se había acomodado a vivir en un estado de sitio, pero que desde el 76 (en verdad desde el 74 con López Rega y “sus muchachos”) Argentina estaba bajo un “estado de sangre”.

- Se refiere a amigos, ¿cuáles?
-A aquellos con los que inició el movimiento del Nuevo Cancionero, Oscar Matus , Mercedes Sosa, el Cuchi Leguizamón, Tito Francia, etc. Y a otros que iba haciendo en el camino.


-Con aquellos amigos, ¿conservó siempre un fuerte vínculo?
-Con casi todos, generaron una fuente de amor inmenso del que se retroalimentaron constantemente. El amor y respeto entre ellos fue siempre inalterable. Creo que el amor que se profesaron superará a varias generaciones porque una sola vida no les fue suficiente para amarse y elegirse como compadres y camaradas. Del único que se distanció fue de César Isella... por diferencias en la manera de concebir el mundo o de manejo de la obra, Isella no se encontraba entre sus afectos en los últimos años de su vida. No sé, no se dio...

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"Mi padre me legó una gran obra privada que es su red de afectos, la cual creó y sostuvo con infinito amor, inclaudicable perseverancia y absoluta responsabilidad", relata Paula. Foto: Gentileza familia Tejada Gómez.




-Con Isella compusieron “Canción todos”, un himno…
-Sí, esa canción lo universalizó completamente. Cuentan que un día en La Habana la escuchó cantada por una plaza infinita sin que se pronunciara su autoría (de la cual nadie sabía) y ahí se dio cuenta de la magnitud trascendental de la misma.

-¿Cómo recuerda usted el modo de ejercer el “oficio” de poeta por parte de su padre?-
En el sentido comercial, como todo artista popular de ayer y hoy, no teniendo un aparato comercial detrás, fue gestor de su propia obra. Al principio recorría las librerías de la Calle Corrientes con sus discos y libros bajo el brazo dejándolos en consignación con la esperanza de que alguien los recibiera y otros los compraran... Por lo demás, papá era poeta todo el día. Estaba totalmente consagrado y concentrado en su producción. Era muy ordenado y organizado en sus horarios y escribía escuchando música clásica, mayormente. Después le cuento dos ejemplos de las maneras que tenía de ejercer su “oficio” de poeta.

-¿Existió apoyo institucional para la difusión de la obra de Armando?
-No hay actualmente ni hubo nunca, bajo ningún gobierno, apoyo a la obra de Armando. Sí reconocimiento a su obra Es difícil mover la obra porque hay desinteligencias familiares y apropiación de la obra de parte de una de las herederas que impiden, por ejemplo, la reedición de la obra o cualquier acción que no genere ganancias inmediatas. Por ser un artista popular, de la difusión se ocupa, mejor que nadie, el pueblo

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-Me debe dos ejemplos de los modos del oficiar poético de Armando…
-Sí, aquí van, un caso, el de la historia de cómo escribió la Zamba del Laurel, surgió así. Armando había comprado una casa en Guernica con mucho árbol, mucha planta y muchos pájaros, “La cancionera” (porque la compro con las regalías de sus canciones) Viajando, en un Citroën destartalado, desde capital federal (donde vivíamos) hacia allí, yo, que por entonces tenía seis años de edad, deslumbrada al empezar a ver tanto verdor en las arboledas del camino le pregunté- papá, si lo verde no se llamara así, como se llamaría? Y me respondió: debería llamarse rocío. Al responderme se percató de la frase y le pidió a mi hermana que la anotara.

Llegamos, hizo asado, durmió siesta y al despertarse se sentó a contemplar una inmensa planta de laurel y a escribir. En un momento mi hermana lo interrumpió y se prendó de los ojos verdes de ella y le salió ese verso: “en lo verde laurel de tus ojos…” Cuando leyó la letra el Cuchi exclamó: Armando, qué minón debe ser esa Rocío!
-Un “otro” modo de ser poeta de Armando se manifiesta en la siguiente historia que, conociéndolo a papá, bien podría transcurrir el día de hoy. Estaba Armando en una peña, el locutor se percata de su presencia en el local y lo invita a subir al escenario. Armando accede y cuando ya está con el micrófono en la boca el locutor le solicita que improvise un poema acerca de la realidad del país, entonces Armando dio dos pasos hacia atrás y declamó con estridencia: ¡Socooorrooo!

 

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