Una organización social recupera el ex centro clandestino de La Quintana

Sociedad 29/03/2019 Por
La integran 100 familias de la zona, que trabajan con eje en la soberanía alimentaria. En el ex Casino de Oficiales realizaron el encuentro “Semilla y Memoria”.
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- El proyecto productivo que recuperó el ex cuartel, también significó la puesta en marcha de una Unión de Trabajadores Rurales. Foto: Adrián Camerano.

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Especial para La Nueva Mañana

En enero de 2008, y por una decisión política del Estado Nacional, la Escuela de Mecánica de la Armada regresó a manos del pueblo. Ese día la Asociación Madres de Plaza de Mayo hizo pie en el ex centro clandestino de detención, tortura y exterminio; un “desembarco” –así lo llamaron- en el que flores de colores adornaban las paredes, los niños pintaban afiches y cientos de militantes hormigueaban entre los arrumbados edificios navales. Mientras se recuperaba el predio para y por la sociedad civil, Teresa Parodi llamó a “cambiar odio por amor, llanto por alegría, muerte por vida”, y la incansable Hebe celebró la lucha de sus hijos desaparecidos por la dictadura. Con el tiempo, la ESMA se consolidó como el sitio de memoria más importante del país.

Luego de más de una década, y en un contexto político absolutamente distinto, una organización social de Paravachasca inició un proceso similar en el ex centro clandestino donde funcionara el Grupo de Artillería 141 de José de la Quintana. Los “Trabajadores Unidos por la Tierra” tienen permiso para trabajar parte de las casi mil hectáreas que dependen de Fabricaciones Militares y que llevan años sumidas en el olvido y abandono. Un predio donde hubo detenidos-desaparecidos, torturas y -se sospecha- hasta fosas clandestinas en el sector conocido como “Fábrica Militar”.

Semillas de Memoria

El pasado 23 y 24 de marzo, a 43 años del Golpe de Estado, el encuentro “Semilla y Memoria” congregó a trabajadores rurales de toda la provincia y marcó un punto de inflexión. Fue la presentación del proyecto productivo y de recuperación del ex cuartel que lleva adelante la organización, muy a pulmón pero con la prepotencia de trabajo de las cien familias que la integran. También significó la puesta en marcha de una Unión de Trabajadores Rurales -ver aparte- que, en palabras de la referente Mercedes Ferrero, “queremos que haga eje en la memoria, porque lo que hacemos hoy no nace hoy, sino que es tejido con las luchas populares desde siempre”.

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“Trabajadores Unidos por la Tierra” hizo su propio “desembarco”: los niños pintan afiches y cientos de militantes hacen suyo el edificio del ex Grupo de Artillería 141 de José de la Quintana.   Foto: Adrián Camerano.

Aunque todavía no fue oficialmente reconocido como tal, el 141 fue centro clandestino de detención durante la última dictadura. Cuenta con tres sectores: el Cuartel, la Fábrica Militar y Los Polvorines; según testimonios allí hubo detenciones ilegales a partir de enero de 1976. En la causa judicial que se tramita desde hace años en los tribunales federales de Córdoba, y que se conoce bajo el genérico nombre de “Enterramientos”, el 141 aparece como parte del circuito represivo local y cabecera del subárea 3117; ex presos políticos de Alta Gracia lo sindican como espacio de detención ilegal y torturas, y un ex colimba declaró haber visto, en 1978, cómo ingresaban dos camiones cargados con cadáveres. A pesar de estos testimonios y de otros que obran en la causa, no hubieron avances significativos para la recuperación de la memoria del lugar.

En ese marco, Trabajadores Unidos por la Tierra se plantea “cuidar y recuperar este espacio de muerte para que sea un espacio para el buen vivir”, y a futuro “que sea un lugar para la memoria viva de lo que fue la dictadura”.

“Recién estamos conociendo su historia, y está siendo muy movilizador para nosotros; de hecho cuando entramos al espacio vacío la energía te pechaba muy fuerte” explicó Ferrero en el ex Casino de Oficiales, actual “Refugio Libertad”. “Tenemos mucho interés en que avance la investigación y en realizar un proceso con la gente del pueblo, respetando sus tiempos”, completó en diálogo con La Nueva Mañana.
Con menos palabras lo sintetiza su compañera Yésica Ortiz: “A este lugar le estamos dando vida entre todos”.

Unidos por el buen vivir

A partir del cierre y traslado del cuartel, en los 90 y tras el escándalo de la venta de armas a Croacia y Ecuador, el predio registró otras presencias y ambiciones. Un particular tuvo la concesión del ex Casino, y también funcionó allí una cooperativa regenteada por el ex diputado Edgardo Depetri. Hubo torneos de paintball, fue mirado con interés por entidades públicas, soñó con instalarse allí el cura Mariano Oberlin y hasta se especuló con el loteo de cientos de hectáreas de monte nativo bajo la figura del plan Procrear.

Pero lo concreto es que la única organización que logró hacer pie allí es Trabajadores Unidos por la Tierra, que nació apenas dos años atrás, cuando vecinas de Los Molinos comenzaron a juntarse alrededor de cuestiones puntuales vinculadas a la educación, y problematizaron la falta de empleo y de acceso a la tierra.

“Nos dimos con que la Iglesia, la comuna y familias ligadas a ella, y el Ejército tenían mucha tierra. Tuvimos un acercamiento con la Iglesia, pero nos cerraron las puertas. Y esta era la opción que quedaba; el 141 está muy presente en la memoria de la gente de la zona”, relata Ferrero. Gracias a la insistencia y la acción política de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular -que Trabajadores Unidos por la Tierra integra- fue que se logró destrabar el permiso de la Administración de Bienes del Estado para acceder al lugar, en alianza con la Fundación Effetá y el Hogar de Cristo.

“En septiembre ingresamos para iniciar la labor de producción, y este 1 de marzo vinimos y empezamos a recuperar el ex Casino de Oficiales” relata Ferrero.

Mientras Effetá no inició aún los trabajos en el lugar y el Hogar de Cristo acondiciona la ex Mayoría –donde según testimonios hubo trabajo forzado y se quemaba documentación-, Trabajadores Unidos por la Tierra cultiva a azada, pico y pala y se apresta para la siembra invernal. “Queremos garantizar la soberanía alimentaria para las familias que trabajamos, poder proveer alimentos sanos a un precio justo y tejer redes con los comedores y merenderos populares en las ciudades. En eso estamos”, cerró.

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Trabajadores Unidos por la Tierra cultiva a azada, pico y pala y se apresta para la siembra invernal. Foto: Adrián Camerano.

La Unión que hace la fuerza

Durante este tercer encuentro nació por parto natural una Unión de trabajadores del sector. Fue en el propio Refugio Libertad, un edificio en forma de L de 40 metros por lado, donde durante décadas los oficiales se juntaban a pergeñar sus planes, y en el que hoy cuelga una bandera de la Ctep. Hasta ese rincón del valle de Paravachasca llegaron organizaciones como Verde Esperanza, Macollando, Gallo Rojo, Villa Albertina, Comunidad, Trabajo y Organización y El Quirquincho, para darle forma a una asociación que permita canalizar sus reclamos.

En talleres de educación popular debatieron sobre el acceso a la tierra y al agua, el cuidado del medio ambiente y la producción sana, como también expusieron demandas gremiales, como el monotributo social para el sector. Andrés Grande, de la CTO, celebró que “nos hemos encontrado con compañeros que compartimos el perfil y la subjetividad, y con quienes estamos soñando una nueva historia de segundo grado para tener más fuerza y tracción política”. Y Yésica Ortiz, vecina de la zona, destacó que la organización permite “la posibilidad de aprender entre todos y sentirnos acompañados, porque no estamos luchando solos”. “Estamos construyendo apoyo y soberanía alimentaria”, cerró.

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