Lo de Matías Suárez no fue magia

Deportes 22/03/2019 Por
La citación del cordobés a la selección provoca ruido y enturbia la calidad genuina del jugador ¿Por qué recién ahora? ¿Qué hubiera pasado si convocaban a Matías Suárez cuando estaba en Belgrano?
Corte Matías Suarez © Pito Campos

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Especial para La Nueva Mañana

Si no sabemos de dónde venimos, o si lo olvidamos, es posible que no nos asuste la mediocridad en la que vivimos. Lo que antes era un orgullo, hoy es una herramienta que se usa para satisfacer apetencias particulares. ¿De qué hablo? Pasen y lean…

Allá por los setenta, cuando el fútbol argentino no tenía la menor idea de lo que eran los proyectos, apareció un flaco que hablaba precisamente de eso, alimentando el concepto con palabras vírgenes a nivel estructural: planificación, largo plazo, previsibilidad, formación, educación, desarrollo, apertura, esencia, identidad…

A César Luis Menotti lo encendía la necesidad de definir un camino por el que pudiera transcurrir la vida, hacia una dirección donde la luz alumbrara la evolución imprescindible para crecer. A nivel internacional, Argentina no existía. A nivel interno, era pura improvisación. Tenía buenos jugadores, pero desde lo organizacional, se transitaba la prehistoria. ¿Cuántos jugadores argentinos jugaban en Europa? Pocos… Los cordobeses recordamos a la Milonga Heredia, Mario Kempes, al Cuchi Cos, a Seba Viberti, Hugo Curioni, el Chupete Guerini, un poco más acá, Osvaldo Ardiles…

Para reinventar al fútbol argentino, Menotti estableció un punto de partida: apostar por la seriedad a los torneos, al desarrollo profesional de los clubes y, particularmente, elevando la selección nacional por encima de la coyuntura. Si hasta el mundial ´74 jugar en la selección era de escaso atractivo, rumbo al ´78 pasó a ser una prioridad. De tener entrenadores sólo por un partido, como ocurría, se elaboró el Estatuto de las Selecciones Nacionales, que causó una revolución. Por ejemplo, si un club no cedía a un jugador citado, era pasible de sanción.

Se trabajó sobre la construcción de una selección respetable y respetada, que reflejara la esencia de nuestro fútbol, que incluyera a todos, que nos diera orgullo, que rompiera el cascarón. Millones de pesos, se gastaron en combustible porque Menotti y su equipo (entre ellos, Roberto Saporiti, Ernesto Duchini y Rogelio Poncini), salieron a conocer las rutas del país para olfatear la industria más prolífica que tiene nuestras tierras: la generación de jugadores de fútbol. Se armó un cronograma de reclutamiento y prueba. Mil potreros, vieron. Se asomaron a los clubes de las provincias; husmearon en las ligas; detectaron talentos que, con trabajo profesional y esfuerzo, pudieran ser rentables a ese objetivo de crecer desde la base.

La hago corta: llegaron a la selección decenas de muchachos del interior. ¡Talleres llegó a tener nueve convocados! Tres de ellos, fueron campeones del mundo. Todos los clubes pudieron abrazarse a la idea de que sus jugadores se pusieran la celeste y blanca. Hubo convocatorias generosas para incentivar el sentido de pertenencia y el proceso, aceitado con criterios muy diferentes a los actuales, aportó calidad con tonada provincial. O bien, jugadores de Buenos Aires, que se destacaban en equipos de tierra adentro. Ricardo Villa, Luis Galván, Miguel Oviedo, Humberto Bravo, Daniel Valencia, el Trinche Carlovich y otros tantos, no jugaban en clubes porteños, pero Menotti los dio una oportunidad.

La selección fue lo que fue, con el tremendo impulso que significó el título del ´78 y lo que vino después. Se le dio categoría al hecho de representar al país; los jugadores incorporaron en sus expectativas, el privilegio de ser citados y se edificó una idea federal, aunque fuera sostenida con chinches, como siempre pasa cuando se compromete el centralismo de Buenos Aires.

Matías Suarez © Pito Campos

Cuarenta años más acá, entre circunstancias, matices y mil volantazos, la historia nos muestra lo que vemos: clubes fundidos, la violencia sin fin, el poder de la AFA focalizando en el monumental negocio que resulta de tener a los “clubes grandes” como protagonistas y una selección nacional bastardeada, que obliga a la reflexión. ¿No nos dimos cuenta que hace mucho que nuestro país no representa el mejor fútbol del mundo?

En ese universo, se destaca un hecho que tiene a Matías Suárez como eje: jugaba en Belgrano, casi anónimo para la carroña porteña… hasta que surgió la oportunidad de dejar Alberdi. Algo así como su novia de siempre, la del primer amor, para ir a un mundo más glamoroso. No se trata de juzgar la decisión de Suárez (salir de un Belgrano famélico para ir al River pechito inflado en el que podría participar mejor), sino de darle un contexto a lo que pasó con él y de su proyección a otras esferas.
Jugó quince minutos en River y lo citaron a la selección argentina. ¿Es una prueba? ¿Hay un negocio atrás? ¿Cuál es? ¿La citación de Matías Suárez se produce en el marco de qué planificación? ¿Lo llevaron para calmar ansiedades en River o va en serio?
Una de dos: en la AFA no miran otra cosa que los equipos de Buenos Aires y, por lo tanto, no saben que hay un club llamado Belgrano, o Matías Suárez es y será objeto de una actividad bursátil, que será coronada con una transferencia en breve cuando su cotización se dispare otra a partir de que luzca la celeste y blanca…

A Matías lo ignoraron de la manera más absoluta durante toda su carrera. Incluso, cuando tuvo un nivel superlativo, hace unos años, y bien pudo merecer una chance, más allá de que los entrenadores deben ser respetados y sus decisiones, que siempre son arbitrarias, a veces van a contramano del gusto popular.
Lo que merece el análisis es la seriedad de la citación de Suárez: ¿en Belgrano no sabía jugar y con ponerse la camiseta de River, aprendió? La misma lógica se aplica para los arqueros Franco Armani (un “don nadie” mientras estaba en Nacional de Medellín) y Esteban Andrada (omitido en Arsenal y Lanús), e Iván Marcone (ausente mientras descollaba en Lanús): firmaron para River / Boca y los miraron diferente.

Para que se entienda: Matías Suárez es un jugador de una notable calidad. Sufrió la abstinencia futbolística en las precariedades de Belgrano y decidió irse movido por intereses económicos y deportivos que no vienen al caso. Su citación a la selección es lo que provoca ruido y enturbia su calidad. ¿Qué hubiera pasado si convocaban a Matías Suárez cuando estaba en Belgrano?

De aquella idea de máxima, pasamos a esta otra de mínima. Nos sinceremos: hace rato que se cerraron las fronteras para los jugadores que no son del puerto. El sistema, la Superliga, que habla de una súper profesionalización, no tiene vergüenza en usar los beneficios de la selección… No fue magia, lo sabemos. Es una versión del peculado de pantalones cortos. Fue la consecuencia de manejos que nos distancian y desencantan, porque a pesar de lo que aprendimos, en el fútbol (y muchos aspectos de la vida) para acceder al futuro, antes hay que pagar el peaje en Buenos Aires.

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