Elecciones 2019: ¿Se acelera el fin de una época en la política cordobesa?

El 12 de mayo, ni Unión por Córdoba, ni Cambiemos, ni el Frente Cívico aparecerán en las boletas. Schiaretti va por su última gestión. ¿Podrá Mestre reavivar la llama de la Córdoba radical?
Schiaretti
Hacemos por Córdoba será el sello con que Schiaretti buscará la reelección.

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Especial para La Nueva Mañana

En diciembre de 1998, José Manuel de la Sota le ganó las elecciones a Ramón Bautista Mestre y terminó con una hegemonía radical que se había impuesto desde el retorno a la democracia en el centro del país. Para lograrlo, se había arrojado a una jugada maestra de armado político sólo comparable con lo hecho por Carlos Menem cuando logró ganar la elección de 1989: la construcción de un frente político plural que le permitiese llegar a sectores de la población a la que el peronismo no estaba pudiendo interpelar.

El aliado principal de De la Sota fue, en aquel momento, la Unión del Centro Democrático (Ucedé). Su compañero de fórmula Germán Kammerath provenía de ese espacio que había fundado Álvaro Alsogaray y, de hecho fue quien encabezó la lista que ganó la Intendencia en 1999 despojando, también, al radicalismo de uno de sus bastiones históricos. Aquel armado se llamó Unión por Córdoba y fue el sello con el que el peronismo gobernó la provincia durante dos décadas.

Durante los primeros cuatro años de gestión, el delasotismo empezó a expresar algunas grietas que terminaron con la emergencia de una figura nueva dentro de la política local: Luis Juez. Había decidido renunciar a su cargo como fiscal anticorrupción y se candidateó para gobernar la Ciudad con un discurso progresista anclado en la transparencia y la honestidad.

Fue una topadora electoral en el 2003 y se puso al mando del Palacio 6 de Julio, desde donde comenzó a proyectar su sueño de gobernar la provincia. El Frente Nuevo, su partido, se convirtió en Frente Cívico en 2007 y logró renovar credenciales en Córdoba Capital con Daniel Giacomino como heredero de la gestión. La elección provincial se le escapó, en medio de un escándalo, por apenas de un punto porcentual. Juez todavía insiste en que Schiaretti se la “robó”.

Durante los años siguientes, las elecciones cordobesas se realizaron con Unión por Córdoba y Frente Cívico como enfrentamiento principal. La Unión Cívica Radical tardó años en recuperar el terreno perdido a nivel provincial. De la Sota, Juez y Schiaretti se disputaron la provincia mientas que el radicalismo intentaba ir recuperando terreno desde la base capitalina. Lo logró en el 2011, cuando Ramón Javier Mestre ganó la Intendencia.

Mestre Briner
Ramón Mestre y su compañero de fórmula Carlos Briner.

El día en que en el 2015 radicales, juecistas y los flamantes dirigentes PRO cordobeses formaron Juntos por Córdoba, el oficialismo provincial estuvo por primera vez ante una amenaza concreta que le presentaba en la vereda de enfrente una lista encabezada por sus eternos contrincantes. Oscar Aguad encabezó la boleta sobre la que Unión por Córdoba se impuso por poco más de cinco puntos.

La renovación

El miércoles pasado Juan Schiaretti ensayó un gesto de renovación que, aunque más simbólico que concreto, no dejará de quedar en la historia de la política cordobesa moderna. Por un lado, presentó una nueva alianza que atrae hacia sus filas partidos como GEN, el Partido Socialista y la Confederación FORJA, que tienen en sus filas a referentes que combatieron históricamente al peronismo cordobés. Por otro, le cambió el nombre a la fuerza con que De la Sota había logrado convertir en victorioso a un partido que parecía haberse acostumbrado a perder. Hacemos por Córdoba será el sello con que Schiaretti buscará la reelección el próximo 12 de mayo.

El armado parece tener un mensaje direccionado al peronismo federal de cara al armado nacional, pero también intenta un lavado de cara hacia los corrillos políticos locales en donde todos observan cómo la alianza se inclina hacia el lado inverso (o por lo menos lo simula) en comparación a aquel armado de finales del siglo pasado. La Ucedé, hoy, está en la vereda de enfrente.

Para Andrés Daín, “las elecciones se van definiendo con el paso del tiempo y nada es determinante”. “Un espacio político como el que representa Schiaretti, que aspira a seguir gobernando la provincia después de tanto tiempo, necesita presentar una renovación de corte gatopardista. Es decir, que algo cambie para que nada cambie. Hay una necesidad de presentarse como novedad y un cambio de nombre colabora con eso”, señala el director de la consultora JWC.

“Los cambios de marca nunca son muy recomendables tan cerca de las elecciones, pero me parece que la decisión se fue estirando a la luz del prolongado conflicto que terminó con la división de Cambiemos”, dice a La Nueva Mañana Sebastián Puechagut, de la consultora Explanans.

Según su visión, “el cambio de nombre debe ser leído a partir del tipo de legado que Schiaretti desea dejar una vez finalizada su gestión, que es diferente al legado de De la Sota y que tiene un sello más relacionado con un tipo de gestión caracterizado por el desarrollo de la obra pública, la infraestructura, el saneamiento institucional, la producción de programas sociales y de asistencia que están orientados a las clases medias y bajas, y con un perfil muy atento a los números y a la estabilidad de la provincia. Dentro de los arquetipos que uno identifica dentro de la política clásica, Schiaretti se posiciona como un hacedor”, señala.

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Héctor Baldassi, Mario Negri y Luis Juez, forjan su alianza.

Los nuevos viejos opositores

Con las cartas sobre la mesa en el lado opositor, las realidades de los históricos rivales del peronismo cordobés parecen estar jugándose distintos niveles de suerte. El estallido de Cambiemos, que derivó en la presentación de dos listas identificadas con el espacio, hace desaparecer del escenario político al sello de la alianza con la que el PRO gobierna el país, le ofrece una oportunidad de resurrección a la UCR y presenta un riesgo muy alto para el Frente Cívico.

Por el lado del radicalismo, el intendente capitalino encabeza un movimiento que, a través de una jugada audaz buscará volver a instalar a la Lista 3 como alternativa de poder en la provincia. “Mestre decidió desafiar la opción presidencial poniendo la elección el mismo día que la disputa por la gobernación y separarse del plano nacional. Macri respondió en proporción apoyando a la lista de Negri. No es un dato menor que Mestre, detrás de esa astucia, pone en riesgo nada más y nada menos que la Ciudad de Córdoba”, señala Daín.

Éxodos en el juecismo

Nadie se anima a imaginar lo que puede llegar a pasar con el Frente Cívico si Luis Juez vuelve a fracasar en su intento por volver al Palacio 6 de Julio. A mediados de la semana, Juan Pablo Quinteros decidió renunciar a su banca en la Unicameral y se fue de la fuerza política que había ayudado a fundar. Se suma así al éxodo que el juecismo viene experimentado a través de los años, en los que sus figuras más fuertes fueron optando por caminos alternativos a los elegidos por su principal referente.

En un repaso rápido se pueden enumerar Daniel Giacomino, Liliana Montero, Esteban Dómina, Miguel Ortiz Pellegrini, Carlos Vicente, Roberto Birri, hasta los dos hombres que lo acompañaron en las fórmulas con la que Juez intentó llegar a la gobernación en 2007 y 2011, han tomado otros caminos: Antonio Rins volvió al radicalismo y hoy participa de la lista encabezada por Mestre, y Marcelino Gatica está alejado de la escena política desde hace ya un par de años.

Más allá de eso, el ex embajador en Ecuador insistirá en volver a la ciudad y tiene argumentos para hacerlo. El recuerdo de su gestión sigue teniendo saldos positivos y las chances por hacer pie en medio de una pelea de pesos pesados, en la que están anotados Martin Llaryora, Rodrigo De Loredo y Olga Riutort, todavía le permiten ilusionarse.

La nacionalización de la ruptura

Los efectos de todo esto se van a ver después de las elecciones nacionales porque si Cambiemos no tiene una buena performance electoral en octubre, el gran ganador habrá sido Mestre, más allá de lo que pase en mayo.

Si el macrismo fracasa, habrá en el radicalismo una necesidad de volver a las bases y Mestre sabe que él puede canalizar eso a su favor. Tanto a nivel local como a nivel nacional”, advierte Puechagut quien también señala que en esa dirección debe leerse la nacionalización del conflicto en Córdoba. “Es importante como síntoma. Todo el país habla del tema porque es algo que se viene discutiendo y replicando en muchas provincias” dice.

Daín tiene una lectura diferente al respecto de los efectos que estallido puede llegar a tener a nivel país. En su visión, desde hace mucho tiempo “hay una corriente de desnacionalización de la política y de desterritorialización de los partidos. Cada provincia es un mundo en términos políticos y electorales, por eso me parece sumamente apresurado trasladar lo que pasa en la provincial al plano nacional.

Tan autonomizada está la política local que a nadie le resulta extraña la afirmación que dice que el candidato de Macri es Schiaretti. Macri entiende esas reglas del juego y se mueve en consecuencia. No busca generar espacios propios con tanta fuerza sino que intenta montarse a los poderes provinciales establecidos y negocia para generar equilibrio y gobernabilidad.”

 

 

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