Alta Gracia: vecinos construyen un hábitat digno

Sociedad 09/03/2019 Por
Las familias asentadas en el barrio 8 de Agosto esperan el cumplimiento de una resolución judicial que insta a los Estados a garantizar los servicios básicos. Mientras, avanzan en organización y planificación urbana.
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1 / 2 - - Las familias usaron sus manos y sus ideas para forjarse su propio futuro y hacer realidad el derecho a la casa propia.

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Especial para La Nueva Mañana

Al suroeste de Alta Gracia, en una reserva natural que permanecía olvidada, un puñado de familias construye sin prisa ni pausa una experiencia de hábitat digno única en la zona. Se trata del barrio popular 8 de Agosto, que la asociación homónima sueña, construye y diseña paso a paso, y que ya recibió no sólo apoyo de distintas organizaciones civiles, sino también aval judicial y hasta un reconocimiento internacional.

Fue justamente una resolución de la Justicia Federal de Córdoba la que marcó un antes y un después en la historia del barrio más nuevo de Alta Gracia. La Cámara Federal hizo lugar a un recurso de amparo y a una medida cautelar interpuestos por cuatro vecinas de la 8 de Agosto, con el asesoramiento de la defensora pública Mercedes Crespi y el acompañamiento de organizaciones sociales. En su dictamen, pide al Estado nacional y al municipal que atiendan al reclamo vecinal en cuanto a la provisión de los servicios básicos y la garantización de derechos elementales.

“El municipio tiene que cumplir las ordenanzas que nos avalan y el tema del loteo social. También cambiar el uso de suelo, para que seamos parte del municipio y podamos tener los servicios”, aseguró Claudia Moreno, presidenta de la Asociación.

En rigor, esas soluciones estructurales serían fruto de una mesa de diálogo conformada por los vecinos, los dos Estados demandados y el Estado provincial, la cuarta pata de una mesa que por ahora está renga, pero que se puede empezar a estabilizar.

Pero antes hubo una historia. Una historia que desmiente el lugar común que acusa derechos garantidos para quienes deciden ocupar tierras, sean privadas o fiscales. “A ellos les dan todo. Nosotros, que nos deslomamos trabajando, a duras penas podemos pensar en la casa propia”, se escucha habitualmente en la calle. Nada más errado: tras casi siete años de gestiones, proyectos, manifestaciones, reuniones y expedientes, los vecinos de la 8 de Agosto no cuentan con red de servicios; apenas están conectados a dos medidores de luz comunitarios –y pagan facturas exorbitantes por ello- y a una manguera de agua que humanitariamente otorgó la cooperativa que se encuentra a cargo del servicio. Y si se incendian sus casas de madera y chapa, imposible que ingrese una autobomba que los salve.

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Los vecinos, organizados como Asociación Civil, se contactaron con las organizaciones socias Serviproh (Servicio en Promoción Humana), TECHO Argentina y Centro Experimental de la Vivienda Económica y recibieron ayuda y asesoramiento.




Aquel 8 de agosto

El viento castigaba, el aire frío quemaba la piel. Pero ese 8 de agosto de 2012 no importaba nada: decidido, un grupo de vecinos sin techo ni plata para pagar un alquiler tomó parte de las tierras del ex ferrocarril, en plena sierra de Alta Gracia. A pico y pala levantaron refugios de tarimas y nylon, mientras los rostros se tiznaban de blanco: enfrente, como cada mañana desde hacía décadas, el polvillo de una molienda de minerales enrarecía el aire serrano.

Más rápido de lo imaginado, el predio se llenó de policías. Pero la intimidación no funcionó: la necesidad apretaba, la toma ya estaba decidida y ese grupo de vecinos se organizó hasta conformar la Asociación Civil. Con los meses las familias -todas inquilinas, algunas al borde del desalojo- lograron experiencia en trabajo comunitario y se convirtieron en expertos en hábitat. Articularon con las organizaciones socias Serviproh (Servicio en Promoción Humana), TECHO Argentina y Centro Experimental de la Vivienda Económica, y por prepotencia de trabajo se ganaron el derecho de discutirles sus políticas habitacionales a la Municipalidad, la Provincia y la Nación.

A las múltiples gestiones, reuniones y expedientes le sumaron la posesión real del territorio, un predio de 118 hectáreas habitable sólo en un 30 por ciento: el resto es reserva natural. Allí levantaron casas provisorias donadas por TECHO, y realizaron jornadas de producción social del hábitat. Usaron sus manos y sus ideas para forjarse su propio futuro y hacer realidad el derecho a la casa propia, que está largamente consagrado en normativas de distintas jerarquía constitucional. A nivel internacional, en 2016 fueron distinguidos por la SELAVIP -Servicio Latinoamericano, Africano y Asiático de la Vivienda Popular–, fundación privada internacional ubicada en Bélgica y con sede en Chile. Esa organización aportó subsidios para que las familias construyeran una vivienda muy pequeña o ampliaran las que inicialmente había aportado TECHO.
A nivel local, mientras crecieron en asociación, solidaridad y sinergias técnico-políticas, lograron la ordenanza Nº 9554, que establece “Políticas Integrales para la producción social del hábitat”, y la Nº 9563, que habilita a la Asociación para la transferencia de las tierras –son del Estado Nacional-, la gestión de las obras de infraestructuras básicas y la aprobación del loteo como “de interés social”. También hicieron mingas solidarias, recibieron apoyo técnico de distintas universidades y se sentaron con cada funcionario con poder de decisión sobre el tema. Hasta que el año pasado, cansados de hacer notas y de acumular papeles, decidieron judicializar el tema.

“Estas personas consiguieron firmar un convenio con la Nación, para la cesión de las tierras. Después empezaron a ocupar, y la idea era que la Municipalidad, con un convenio con la Nación, generaran los servicios. Esto no sucedió, y lo terminamos judicializando”, confió en su momento la defensora oficial Mercedes Crespi. Y completó: “Han ido por la vía correspondiente, contrariamente a lo que se suele criticar en estas situaciones. Eso es lo paradójico”.

Tras la resolución de Cámara, y con los plazos vencidos, ahora los vecinos esperan que se active la mesa de diálogo de la que tendrían que salir, de una vez por todas, las soluciones que han peleado durante estos largos años.
“Estamos en una instancia de espera a que se junten todas las partes, para que cese el impedimento de acceso a los servicios. Seguimos presentando papeles para llegar a esa audiencia, que esperamos sea pronto”, cerró Moreno.

Una reserva natural para toda la ciudad

En ese 70 por ciento del loteo que es reserva natural, este verano la Asociación, Serviproh y la Facultad de Agronomía inauguraron un parque autóctono. Se trata de un paseo público destinado a preservar el bosque nativo local, consistente en un renoval de unos 25 años de antigüedad, pródigo en talas, espinillos, tuscas, y también algunas plantas exóticas.

Para recorrer el parque se ha diseñado un camino con paradas o estaciones, en las que a través de señalética se puede conocer la flora y fauna de la zona, además de disfrutar de un lugar preservado en la ciudad de Alta Gracia, pulmón verde y Reserva Natural.

El paseo es producto del trabajo que se realizó durante 2018, en el marco de talleres para niños, niñas y adolescentes a cargo de la arquitecta Luciana Auderut y de Gerónimo Agüero. En cada encuentro se realizaron caminatas de reconocimiento, se proyectaron videos sobre los “tesoros” de las sierras, y hubo charlas sobre el cuidado del agua, contaminación y gestión de residuos. Finalmente, todo se fue plasmando en cuentos, murales y dibujos, hasta confluir en el parque diseñado por las familias socias, financiado mayormente a través del Proyecto Cultural de la Secretaría de Extensión de la Universidad Nacional de Córdoba, “Cuidadores de Paravachasca: educación ambiental y espacios públicos", además de la colaboración de las Fundaciones Arcor y Holcim.

Ahora ya saben: si visitan Alta Gracia vale la pena ir al Museo del Che, caminar la estancia jesuítica o animarse al hidropedal en el Tajamar, y también recorrer este espacio natural, reserva ecológica en un provincia que sólo mantiene el 4 por ciento de su vegetación original.

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