“Lo uno o lo otro”: el teatro como motor de sensaciones

Cultura 08/03/2019 Por
Entrevista con Susana Palomas, directora de la obra que se presenta este fin de semana en Casa Grote y en Tanti, sobre cómo las desigualdades ponen al arte en el lugar de expresar y generar emociones.
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Susana Palomas y parte de sus alumnos del taller teatro del oprimido en La Paz, Bolivia. - Foto: Gentileza.

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La escena se repite en todos los lugares donde se presenta “Lo uno o lo otro”. En Bolivia y en Córdoba, en La Pampa y en Jujuy; frente a niños y adultos; en el Sindicato de Empleadas Domésticas y ante vecinos de Villa El Libertador. Al final de la obra una persona se acerca emocionada para expresarle a Marcela Artieda, la actriz que encarna a la protagonista “Jenny”, o a su directora, Susana Palomas, que en algún momento se tocó una fibra de su vida íntima. Un momento que los identificó, que los retrotrajo a un pasado a veces lejano donde esa desigualdad, ese maltrato y esa injusticia representados arriba del escenario contrastaban con lo real.

“Esto nos pasó en La Paz. Termina la función y un chico se acerca a la actriz y le dice: ‘Sabe, yo ya sé lo que voy a hacer mañana. Me voy a la sierra a buscar a la señora que me crió’”, dice Susana del otro lado del teléfono mientras dialoga con La Nueva Mañana. Pedagoga, titiritera, licenciada en Trabajo Social, escenógrafa, profesora y artista plástica, Palomas es de esas personas que con un recorrido enorme a través de los círculos artísticos más importantes del mundo, tiene la gentileza y la humildad de trasladarse desde su casa en Cabalango hasta Carlos Paz solo para brindar una entrevista. En sus respuestas ríe, se emociona y reflexiona los porqués de la puesta que llevará adelante este sábado en Casa Grote y el domingo en Tanti.

- “Lo uno o lo otro” habla de una niña que llega a la Argentina desde Bolivia para trabajar como empleada doméstica, sufriendo no solo maltrato sino hasta el cambio de nombre, ¿cómo se expresa esa injusticia dentro de la obra?

- La relación con la empleada es servil y esa alteración de tu nombre puede llevarte a la locura. La obra tiene tres ejes, por un lado el tema de género, por otro la explotación laboral y por último las condiciones del trabajo. Esos elementos van juzgando un espiral dialéctico sobre lo que le pasa al personaje cada vez que es expulsado de una casa para ir a otra.

- Pareciera un ejemplo de que ni las izquierdas ni las derechas latinoamericanas resolvieron: desigualdades profundas en las personas...

- Hicimos una investigación y descubrimos que entre 10 y 15 mil chicos entraban al país a trabajar con arreglos que hacían con familiares que ya están aquí. Hoy eso varió, por razones obvias y cuando fuimos a La Paz todos me contaban que tenían parientes que se volvían porque no tienen trabajo. La desigualdad es otro de los sentidos de la obra, junto a la explotación que se hace de los chicos.

“Lo uno o lo otro” se podrá ver este sábado 9 de marzo en Casa Grote (Padre Grote 1080. Barrio General Bustos) desde las 21.30 en única función. La entrada general cuesta $150. Jubilados y estudiantes $120. Además, se presentará en Tanti este domingo 10, desde las 20, en Otilia Resto Bar (Belgrano 506) con entrada a la gorra.

- ¿Cómo se hace para dejar esto plasmado arriba de un escenario?

- Hay que poner en situación al actor, porque no se puede hacer algo tan esquemático. A través de juegos dramáticos se trata de ir mostrando lo que uno desea decir. El teatro es un espacio para decir cosas, es su sentido ideológico o político. Mostramos a través de juegos las situaciones que vivimos, con sus aspectos dolorosos, pero tal cual es en la realidad.

- ¿Hay lugar para la improvisación?

- La obra tardé más de un año en hacerla, porque el actor se encuentra en situaciones donde improvisa. Siempre se improvisa. Uno va buscando con el actor lo que realmente quiere decir sin que se transforme en algo panfletario.

- ¿Es alto el riesgo de que este tipo de obras se tornen panfletarias?

- Sí, totalmente. Es muy fácil caer en el panfleto. La actriz baila, canta, recupera partes de su cultura; ponemos música de Ludmila Carpio que es una boliviana excepcional y nos permitió usar su música. En general, trato de incorporar elementos para que la gente se interese y permita una reflexión. Al final de la obra, hacemos un foro de discusión amplio y libre donde cada uno dice lo que quiere.

- ¿Qué sensación esperás despertar en el público? ¿Cómo querés que se sientan luego de ver la obra?

- Creo que lo importante es que el mensaje llegue y cada uno sepa qué hacer con eso que sintió al verlo. Si el teatro no te hace sentir, es una película. Y la gran diferencia entre hacer cine y teatro es que no tenemos toda una industria detrás. Acá es todo pasito a pasito. No quiero decir que uno vayav a cambiar, porque no se cambia nada o solo algunas cosas. Pero por lo menos hacer pensar, reflexionar y sentir en un momento compartido, ese es nuestro objetivo. Y a esta altura, con lograrlo ya es suficiente.

 

 

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