Científicos cordobeses: entre resistir a la crisis y emigrar

Dos investigadores, uno al que rechazan su ingreso al Conicet por falta de fondos y otro repatriado, reflexionan sobre la política nacional en Ciencia y Tecnología.
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Leonardo Amarilla; Marcelo Desimone.

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“La Ciencia en Argentina está en jaque”, expresó semanas atrás el biólogo santafesino Federico Ariel, repatriado en 2014, quien recibió el Premio Estímulo que le entregó la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. “La situación es alarmante. El dinero para instalarme con el grupo de trabajo no llega. De hecho, hay colegas que tuvieron que volver a emigrar, ya los perdimos. Pongo plata de mi bolsillo, de mi sueldo”, graficó.

En Córdoba, dos investigadores relataron a La Nueva Mañana cómo atraviesan la crisis, el impacto de los recortes en el sector y sus expectativas a futuro.

Resistir a la crisis

Marcelo Desimone es investigador independiente del Conicet y profesor asociado en la Cátedra de Fisiología Vegetal en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, de la Universidad Nacional de Córdoba, en la carrera de Biología. La mitad de su vida la vivió en Alemania donde se instaló al terminar su carrera universitaria, a principio de los años 90, en épocas de hiperinflación.

“Mi intención fue irme por uno o dos años, pero luego la situación económica hizo imposible volver y me fui quedando”, contó Desimone que hizo su doctorado en Alemania.

En el año 2000 pensaba que nunca más iba a volver, pero a partir del 2001 fui observando cambios en la reorganización de la sociedad, en la visión política, y me fui entusiasmando. Decidí volver en el 2010. Entré a un programa de repatriación que había comenzado el gobierno anterior que me facilitó mucho el regreso después de tantos años, y con mi familia decidimos encarar una nueva vida en Argentina con perspectivas y renovadas ilusiones”, relató.

Pero lo que vivió en el año 2010 cambió radicalmente a partir de 2015. “Veo que hoy no hay un proyecto a largo plazo para la Ciencia. Es lamentable, y emocionalmente me quebró bastante la situación. Siento que después de haber hecho un cambio de plan tan importante en mi vida, no soy ´necesario´ dentro de la sociedad argentina”, aseguró.

Con respecto a las condiciones de trabajo actuales, detalló que desde que asumió el nuevo Gobierno se suscitaron “una serie de recortes, ya sea para los subsidios de investigación, para los becarios y el personal que conforma el grupo de trabajo”.

“Esto es sin dudas un problema, aunque no creo que sea el principal desde mi punto de vista. En mi caso, tengo la posibilidad por mis relaciones en Alemania de traer mucho equipamiento. El problema es que no hay perspectivas porque no hay interés en invertir en la ciencia. Y todo indica que, a este Gobierno, le resulta superfluo tener un sistema científico y tecnológico porque su idea es importar la tecnología que se produce en otros países como Alemania, EEUU o Japón”, analizó.

“Yo trabajo con organismos modificados genéticamente, es decir plantas transgénicas. He contribuido a desarrollarlas en Alemania, en colaboración con algunas grandes empresas como Bayer y BASF. Mi idea era poder hacer lo mismo en Argentina. Aparentemente, no hay intenciones de que eso se haga realidad”, indicó el investigador.

Y concluyó: “Si pensamos en tener un país desarrollado y con tecnología propia tenemos que pensar en tener un sistema científico y tecnológico fuerte. Si pensamos en un país que va a ser exportador de materias primas y va a importar la tecnología, el sistema científico argentino prácticamente no tiene ningún sentido”.

Buscando horizontes

Leonardo Amarilla trabaja como profesor adjunto de la cátedra Diversidad Biológica III de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales en la carrera de Biología. Allí enseña sobre la biodiversidad de plantas y su evolución, la interacción del hombre con las plantas y el efecto de los diferentes modelos productivos sobre la biodiversidad vegetal.

Amarilla hizo su doctorado en la UNC y en el Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (IMBIV), donde comenzó su investigación. “Durante mi posdoctorado investigué acerca de los efectos -benéficos- que tienen las plantas nativas y los polinizadores sobre la productividad de algunos cultivos y viceversa, es decir cómo impactan los modelos productivos y el modo de uso de la tierra actuales sobre la diversidad las plantas y sobre los bienes comunes que éstas nos ofrecen”.

En el año 2016 con estas líneas de investigación me presenté en la carrera de investigador científico y fui doblemente recomendado, pero no pude ingresar. Cumplí académicamente con todos los requisitos, pero coincidió con una reducción presupuestaria, y muchos aspirantes a investigadores fuimos rechazados”.
En su momento, cuando aún existía el Ministerio de Ciencia y Técnica se realizaron protestas y reclamos hasta lograr un acuerdo para que esos 500 no ingresados a la carrera de investigador accedieran a un cargo de jefe de trabajos prácticos de dedicación exclusiva en las distintas universidades nacionales.

“En mi caso, tomé el cargo en Santiago del Estero lo que me significó un cambio de vida, y también afectó la dedicación a mi investigación, ya que de una u otra forma se desarticula todo lo construido durante tantos años. Fue un volver a empezar en un contexto de ajuste”, explicó.

Dicho cargo está pronto a vencerse, porque su duración era de dos años. Es por esto que a la siguiente convocatoria se volvió a presentar con la misma temática, pero según explicó, su plan de trabajo fue evaluado, en una de las instancias, “de manera poco clara y arbitraria”.

Por esa razón, presentó un recurso de reconsideración y está semana le llegó una notificación del Conicet. “Se me informó que la Comisión Ad Hoc Interdisciplinaria para Recursos de Ingresos 2017 de Temas Estratégicos y Tecnología que me evaluó académicamente recomendaba mi ingreso, pero el directorio se apartaba de esa sugerencia y rechazaba el recurso denegándome el ingreso, por falta de fondos”, explicó Amarilla.

De nuevo el Conicet me volvió a excluir del sistema científico de mi país. Por eso, muchos estamos pensando en irnos a buscar temporalmente otras posibilidades en el exterior. Soy defensor de la educación pública en mi país y haría todo por poder enseñar e investigar en Argentina. Si hoy circunstancialmente me tengo que ir, lo haré. Pero con la esperanza de que todo pueda cambiar y pueda volver algún día”.

Amarilla se encuentra en una etapa de búsqueda de una beca posdoctoral en el exterior. “Si bien no es tan fácil, varios investigadores comenzamos a priorizar esas convocatorias para poder irnos”.

“A la fecha pienso que la situación desde 2016 empeoró. Primero porque ya no hay un ministerio de Ciencia, lo que significa un cambio significativo de presupuesto. Los fondos otorgados para los proyectos de investigación están ampliamente desactualizados tras la devaluación, y claramente el número de ingresos a la carrera del investigador del Conicet, está fuertemente restringido”, concluyó.

 

 

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