La Copa Córdoba, todavía sin campeón

Deportes 03/02/2019 Por
El torneo que reunió todos los clubes afiliados de la ex Asociación Cordobesa de Fútbol en 2004 nunca tuvo definición, ya que jamás se llevó a cabo la final entre Talleres y Belgrano. La palabra de su creador, Nicolás Arata.
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Nicolás Arata (Fotos: Javier Imaz)

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Pasaron ya 15 años y la Copa Córdoba aún espera dueño. Sigue vacante, sin campeón, en lo que fue quizás el torneo más cordobés de todos, porque nucleaba clubes de todas las categorías, sin distinción. Pero queda el sinsabor de que la final nunca se pudo llevar a cabo. Talleres y Belgrano debían dirimir mano a mano el trofeo, pero primero por problemas de agenda en el calendario y después por razones que solo se explican desde el capricho y el rencor, el trono continúa vacío y ya sin esperanzas de reeditarse la final tan deseada.

El torneo fue ideado y materializado por Nicolás Arata, en ese entonces, encargado de prensa de la ex Asociación Cordobesa de Fútbol, antes de cambiar su denominación a la actual. Participaron todos los equipos afiliados, de la A a la C (después del campeonato se resolvió la unificación de las dos últimas categorías).

Corría el año 2004, para situar en contexto, Talleres militaba en Primera División (de hecho, descendería ese año en la olvidable Promoción ante Argentinos Juniors), Belgrano e Instituto figuraban en la B Nacional (La “Gloria” ascendería ese año, incluso venía de ganar el Apertura) y Racing de Nueva Italia, en el Argentino A, (venía de ganar el Apertura en la final a Cipolletti, ese año llegaría a la B Nacional). Un buen contexto del fútbol cordobés, gozando de buena salud.

“Era una idea que tuvimos para el verano, como pretemporada, donde todos podían participar sin excepciones. Los clubes se sumaron a la iniciativa y a medida que pasaba el campeonato, se fueron enganchando. Una pena que nunca se haya podido disputar la final. Es la espina que me queda clavada porque está inconclusa, pero nadie me quita el orgullo de haber podido organizarla”, recuerda Arata mientras enseña fotos del evento y el fixture que tanto costó confeccionar.

El entonces presidente de la ACF era Miguel Flores, quien dio el puntapié inicial. Fueron días intensos, las dos primeras fases fueron en partidos de ida y vuelta. Incluso participaron entidades que hoy están desafiliadas como Argentino Central, Atlántica FC, Alas Argentinas, por ejemplo. Racing y Juniors, por estar en el Argentino A, junto a Avellaneda y Escuela Presidente Roca, clasificados al Argentino B, ingresaron en la sexta fase mientras que Talleres, Belgrano e Instituto arrancaron en la séptima.

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“Me hubiera encantado una final con 40 mil personas en el Chateau Carreras, hubiera sido el broche de oro para todo lo que habíamos organizado. Todos los clubes mostraron conformidad, y hasta pedían que se repita. Yo a esa altura ya me había ido de la Asociación pero nadie me quitará el orgullo de haber sido el padre de la criatura”.

Sorpresas en el tramo final

Cada torneo tiene su encanto, su parte especial, y en este caso se dio cuando Escuela Presidente Roca dejó en el camino a Instituto, por penales, en Alta Córdoba, en cuartos de final. En semifinales, no pudo con Belgrano que le ganó por la mínima en Alberdi, pero los “Panzas negra” redondearon un dignísimo torneo. Los ‘afistas’ utilizaban en su mayoría jugadores de la Primera Local y la Reserva como para tener rodaje, pero también incluyeron a veces a los de AFA, destacando la importancia que se le otorgaba al certamen.

En la otra semifinal, Racing y Talleres midieron fuerzas en La Boutique una tarde, el albiazul le dio vuelta el partido 2-1 casi en tiempo de descuento, con un gol de cabeza de la Darío “Vizcacha” González y solo restaba la final. Como muchas veces había ocurrido en la ACF, albiazules y celestes mano a mano tenían por delante otra definición como protagonistas.

“Recuerdo que hubo reuniones en la sede de la ACF por la organización final, en el ex Chateau Carreras. Era un sueño para mí. Por Belgrano fue Carlos Bustos, que en ese momento era gerente deportivo del club, y Talleres no mandó a un representante de los altos mandos. Incluso se había pactado fecha: 6 de julio, justo en el aniversario de Córdoba”, rememora Arata con nostalgia.

“Pero después Talleres desciende, los dos equipos en esa fecha estarían en plena pretemporada y se fue dilatando todo. En ese entonces, el problema era más de Talleres, no encontraba fecha y se mostraba reticente. Ese mismo año llega la quiebra del club, así que la copa fue perdiendo prioridad para los dos equipos, una lástima”.

De todas maneras, hubo momentos imborrables. “Viví situaciones especiales con ese torneo. Por ejemplo un logro fue que se volvieron a jugar las dobles jornadas, algo que la Asociación promovía y no podía concretar. Había expectativa, entusiasmos, se publicitaba en los medios y me pasaron lindas historias. Por ejemplo un hincha de Libertad, que llegó a jugar con Racing en instancias definitorias, me contó que pospuso su retorno a Italia donde vivía para poder ver al club de su corazón contra un equipo del Argentino A. Otro día me llamó un coleccionista de Estados Unidos para pedirme el logo de la Copa Córdoba, le había gustado y lo quería tener en su colección personal. Eso, en serio, no tiene precio”.

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En aquel momento la Copa Córdoba fue declarada de interés público y municipal por la Legislatura y el Consejo Deliberante.

A su vez, fue un momento tenso desde lo político en la misma Asociación. Renuncia de la presidencia Miguel Flores junto a dos laderos, José Arata (dirigente de Universitario, padre de Nicolás) y Lampasona (Lasallano). Asume Emeterio Farías, quien dirige el organismo hasta hoy, dejando algunas internas sin cerrar.

“El ambiente venía caldeado, me voy junto a mi padre porque además me sentí expuesto con una información sobre la prueba de jugadores de Atalaya que después fuimos criticados y no me salieron a defender desde adentro en algo que no tenía nada de responsabilidad. En ese momento Atalaya tenía vinculaciones con Talleres, por el gerenciador Caros Granero, y parte del periodismo criticó ese reclutamiento porque al final era una prueba encubierta para Boca. No tuve nada que ver. Ya fue, no tengo rencores, me tuve que bancar eso pero mi experiencia en la Copa y en la Asociación tuvo momentos inolvidables”, resume Arata hoy de esa aventura.

A los años, Farías intentó reflotar la posibilidad de jugar la final, pero tanto Armando Pérez, ya como gerenciador de Belgrano, y Granero, no le dieron lugar prioritario. El tiempo fue pasando, hasta quedar vacante y dejarla en el olvido.

La “Copa Córdoba” fue el último torneo que nucleó a todos los clubes afiliados a la Liga Cordobesa de Fútbol, denominación que tomó con la asunción de Farías. Quedó inconclusa pero su recuerdo persiste latente, con melancolía, y con esa mancha que no es tal porque fue el más inclusivo de todos. Desde 2004 espera legítimo propietario, pero por el momento ese trofeo seguirá sin dueño.

 

 

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