Cuando la pasión no se negocia y se construye paso a paso

Deportes 02/02/2019 Por
Lucas Perlog hizo infantiles en Talleres e Instituto. Hubo adversidades pero hoy es uno de los destacados de Argentino Peñarol. Debuta este fin de semana en el Regional Amateur.
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En su habitación hay una pelota de cuero vieja, con algunos gajos que han desaparecido. Está firme, como acompañando cada escena habitual de Lucas Perlog. La pelota compañera en el tiempo a pesar de las circunstancias, y aunque parezca que el camino a la “gloria” se presente adverso. Él y ella, juntos, construyen pasito a pasito una carrera que en Córdoba ya tiene un nombre.

El año pasado fue campeón de la Liga cordobesa con Argentino Peñarol y ahora está presto a debutar en el flamante Torneo Federal Regional Amateur 2019, donde la “Peña” debutará ante General Paz Juniors por la Zona 9.

“De chiquito jugaba en Talleres, pero yo ya era fanático de Instituto y quería ir a la ‘Gloria’. Mi papá consiguió que me probaran, quedé, pero en Talleres no me dejaban ir. Me acuerdo que mi papá tuvo que comprar el pase con unas pelotas y algo de plata. Y fui a Instituto. En esa época era delantero”, recuerda Perlog en una charla con La Nueva Mañana en su casa de Villa Corina, donde vive junto a su abuelo Luis.

En Instituto, donde fue dirigido por el histórico Walter Saracho, vivió años de mucha alegría. Jugaba en el club de sus amores. ¡Fue feliz! Aunque cuando perdía, el fanatismo le jugaba una mala pasada, ya que lloraba y mucho. No le gustaba perder y menos con su Instituto. Pero la rebeldía de la adolescencia le jugó una mala pasada. Tomó una decisión que al día de hoy no entiende las razones. Dejó de jugar al fútbol. Se fue de su Instituto y de su amor por la de cuero. “Aún no sé porqué lo hice, pero ya es tarde para arrepentirme”, explica.

En su casa no lo podían creer. Tres años estuvo sin jugar en un equipo. Hasta que lo convencieron de que volviera. Pero el volver, era con un volver desde cero. Y arrancó en Villa Azalais, donde le abrieron las puertas. Empezó a hacerse camino al andar dentro del fútbol doméstico cordobés.

“En el 2015 estuve un partido en el banco con Peñarol y tenía muchas ganas de entrar. No se dio, no pude cumplir el sueño. Y ahora lo quiero cumplir”.

Arrancó en la Cuarta, se destacó, pelearon el torneo, luego se fue a Huracán de barrio La France con Pablo Kratina de entrenador, donde debutó en Primera con 18 años en el Torneo Provincial. En el segundo partido marcó su primer gol con la casaca del “Luminoso” ante Defensores Juveniles de Villa Oeste.

Luego se fue a Racing de Nueva Italia, con Daniel Mira como DT, un hombre importante en su carrera, ya que éste también lo llevó a Atalaya y luego le cumpliría un sueño. ¿Cuál? Volver a Instituto. Sí, porque cuando Mira se fue a dirigir al “Institutito” en la liga cordobesa lo llevó.

Estuvo un año en el club de Alta Córdoba, donde se dio el gusto de salir campeón con la Reserva. “Yo sabía que en algún momento iba a volver y gracias a Mira volví. Yo soy muy fanático de Instituto y pude volver a vestir esos colores, le ponía un plus distinto. Me esforcé mucho por estar. No tuve la suerte de poder seguir, pero Dios sabe porqué se dio”, relata con la mirada perdida rememorando aquel tiempo y acumulando esperanzas en su carrera. Ya tenía 21 años, no pudo firmar contrato y regresó a Villa Azalais y en el 2015 tuvo su primera experiencia en Argentino Peñarol. Fueron dos años en “La Peña”.

Tras otras incursiones en Huracán y en el elenco de la calle Capdevila, y regresó al club de Argüello. Y llegó el 2018 que lo tuvo como uno de los mejores jugadores de la liga cordobesa, siendo campeón, y obteniendo esta clasificación al Regional. Y esas cosas de la vida, debutará el domingo ante el “Albo” dirigido por Mira. “Cuando lo vea, le voy a dar un abrazo”, afirma.

“Solferino es un fenómeno, es un referente, pero no se la cree. Una humildad impresionante, sin humo. Gran jugador y una gran persona”.

Lucas, junto a Liza, está en la espera de su bebé Isabella. Son días de emociones fuertes. Está a la espera del debut en el certamen, mientras labura en una empresa de limpieza en el CPC Rancagua. Entiende a este certamen que inicia como una oportunidad de mostrarse. Ya no es el delantero que junto a Kevin Genaro se cansaba de hacer goles en las infantiles de la “Gloria”; ahora juega de volante central adelantado. Pero aún hace goles. En Peñarol lo saben. Y es un pibe con fe.

“Tengo el apoyo de mi abuelo, de mi mamá Norma, mi papá Miguel, mis hermanos Jonatan, Erica y Gastón. Ellos me incentivan, me dicen que no baje los brazos... Mi abuela, que falleció el año pasado, siempre me decía que le siga dando, que la oportunidad va a llegar. Y sigo, tengo fe, creo en Dios. Él es muy importante para mí, está presente, no me miente, y sé que en Cristo todo lo puedo, nunca me abandona a pesar de los momentos duros. Él me da fuerzas... Quiero pegar un salto, hacer un buen torneo, que me vean, la plata no me importa, quiero la gloria”, cuenta el jugador.

Y allá va Lucas Perlog, junto a la pelota fiel compañera. Con fe, esperando que sea un gran 2019. Un jugador ‘made in Córdoba’, un jugador para seguir.

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