“Entre la peperina y el clonazepam”, un abrazo a los adultos mayores

Cultura 26/01/2019 Por
Doña Jovita y el gerontólogo Carlos Presman son los protagonistas de esta pieza teatral que busca interpelarnos y acercarnos a “los viejos”, en clave de humor.
Ver galería 00 Presman Jovita © Miriam Campos00023
1 / 3 - “Entre la Peperina y el Clonazepam” cuenta el encuentro casual entre una mujer campesina y piadosa de la montaña con un médico y docente de la Univer - Foto: Miriam Campos

chapa_ed_impresa_01

Aunque cueste distinguir si se habla con él o con su alter ego, Doña Jovita, José Luis Serrano tiene perfectamente claro cuál es su rol, su momento, su lugar y, fundamentalmente, sus ideas. Vestido como la tierna señora “del campo” anclada en un pasado teñido de sepia, pero con los ojos en el 2019, Serrano no deja escapar nunca la oportunidad de contar a través del absurdo alguna de sus verdades. No deja que ese absurdo sea algo más que un camino a la hora de transmitir humor y salud para un público que se vale de la identificación constante para reír. Para pensar.

Son las 11.30 y el sol en el Parque Sarmiento pega más fuerte que de costumbre. Jovita camina erguida y agarra con fuerza su segway, la plataforma mecánica con dos ruedas y un manubrio que ejemplifica a la perfección la mutación cómica y aparentemente sin sentido entre la señora y el siglo XXI. Serrano se sube al vehículo y lo conduce con una soltura tan caricaturesca que es imposible no reírse sin pensar en alguna tía, abuela o madre.

En el camino antes de grabar los videos que promocionarán esta nota y su obra de teatro, los automóviles que circulan por la avenida del Dante se detienen solo para fotografiarlo, para seguirlo y para saludarlo. Son niños, adolescentes y adultos que lo miran hasta con cierto respeto, el respeto que solo se ganan los que sacan sonrisas sin renunciar a ningún principio.

Presman Jovita © Miriam Campos00002
Serrano se sube al segway y lo conduce con una soltura tan caricaturesca que es imposible no reírse sin pensar en alguna tía, abuela o madre. Foto: Miriam Campos.

Una relación de igual a igual

Luego de un par de tomas, el doctor Carlos Presman, compañero de fórmula de la doña y prestigioso gerontólogo, aparece a lo lejos. Con el ambo del Hospital de Clínicas y el estetoscopio en la mano izquierda, el doctor inmediatamente mimetiza “con ella y con él”. Con la señora mayor, una de tantas con las que dialoga a diario, y con José Luis, su compañero en “Entre la Peperina y el Clonazepam”, la obra de teatro que ambos pondrán en escena desde este 1 de febrero.

Presman habla y sonríe. Se vale del humor y la sencillez que lo acercó a muchas más personas de las que alguna vez imaginó. Al igual que en la obra, al principio desde un lugar desigual: el encuentro casual entre una mujer campesina y piadosa de la montaña con un médico y docente de la Universidad, al que confunde con un sacerdote. Después él mismo se encarga de equilibrar las partes, de demostrar que la relación “médico-paciente” debe ser de igual a igual.

Más aún en su lugar, cuando el día a día lo pone al frente de personas con un largo camino de vida recorrido en disímiles y distintas realidades. La relación entre el gerontólogo, el especialista y el docente con la señora de campo, inocente, humilde y sensible entraña un maridaje perfecto para una obra teatral que tiene demasiadas cosas por contar y ejemplificar. Para darle un marco ficcional a miles de momentos experimentados por un sector de la sociedad que muchísimas veces camina entre la soledad y el olvido.

Presman Jovita © Miriam Campos00010
"La idea con José Luis fue hacer una obra donde pudiéramos poner en escena lo que atraviesa este grupo poblacional, que es la gente grande". En clave de humor, porque uno recuerda historias, no números" Afirma Presman. Foto: Miriam Campos.

Acortando el camino entre ciencia y creencia

El espectáculo está construido sobre una confrontación que genera empatía con el público. “Entre la Peperina y el Clonazepam” implica una alquimia que ambos consiguen en el escenario, superando la aparente distancia entre ciencia y creencias, campo y ciudad, conocimiento y experiencia. Además, dejando al descubierto con cierta ironía nuestra relación con los abuelos, con los viejos.

“La idea con José Luis fue hacer una obra donde pudiéramos poner en escena lo que atraviesa este grupo poblacional, que es la gente grande. En clave de humor, porque uno recuerda historias, no números. Y garantizando el contenido basado en la sabiduría que tiene el antropólogo que personifica a Doña Jovita y los estudios académicos que tiene uno de la Universidad Nacional de Córdoba”, explica Presman a La Nueva Mañana.

“Doña Jovita necesita ponerle palabras a la situación que vive, para poder hacerse entender”, comenta luego Serrano, a lo que agrega el doctor: “Ella va a buscar el perdón, pero el oficio del médico no es perdonar. Y cuál es su culpa, su enfermedad, su síntoma es algo que a través de la escucha se va encontrando”.

Volver a ser niños

Esa escucha es, quizás, la esencia de la obra y de la problemática que atraviesa. La escucha implica cercanía, empatía y acompañamiento, algunos de los mayores anhelos que tienen las abuelas y abuelos identificados con Jovita. “El desafío es hacer discernimientos y encontrar en el humor la inocencia. El volver a ser niños. En los adultos mayores hay mucha inocencia y mucha sabiduría, porque con algunas cosas ellos no negocian”, asegura el actor.

Y más allá de las diferencias entre un jubilado de privilegio y un abuelo del interior de interior; la invasión de las nuevas tecnologías y el vínculo con los otros, los síntomas de la crisis, el amor, los miedos y el desencuentro atraviesan a los adultos mayores de manera transversal. Doña Jovita no es la excepción. “Pasa en todas las personas. El que más tiene, posee una vulnerabilidad que no la ve, pero la padece”, dice Serrano. “Y uno la observa en el consultorio. Más de una vez me han dicho ‘padre’. El teatro tiene esa magia de entrar a la intimidad del consultorio y hacerla pública, partícipe a los demás”, remarca Presman.

Antes de terminar, una frase queda boyando entre el actor, el médico y quien escribe: “El arte está para hacer flores de las penas”. Si esa pena es la soledad de una abuela que sale del teatro sonriente y acompañada a pesar de tanta crisis, “Entre la Peperina y el Clonazepam” habrá sido un completo éxito.

Edición Impresa

Seguí el desarrollo de esta noticia y otras más 
en la edición impresa de La Nueva Mañana
 
Todos los viernes en tu kiosco ]


Te puede interesar