La alegoría más cruda y actual de Pink Floyd, 42 años después

Cultura 20/01/2019 Por
Se cumple un nuevo aniversario de Animals, un disco cargado de una fuerte contextura política, que en su oscuridad revela uno de los picos compositivos de Waters, Gilmour y compañía.
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- Amado por los entusiastas de Floyd, pero omitido por la radio y con muchas menos reproducciones en Spotify, Animals se encuentra entre los mejores LP de estudio de la banda.

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Cuando se trata de Pink Floyd y política, un estribillo siempre suena más fuerte que los otros: “We don’t need no education!” (“¡No necesitamos educación!”). El coro escolar de “Another Brick in the Wall (Parte dos)” es la cumbre del mensaje antifascista que destila el disco The Wall (1979). Además de ser uno de los mejores logros de Pink Floyd, es uno de los grandes álbumes del siglo pasado, tanto por sus melodías clásicas (“Comfortably Numb”, “Hey You”) como por sus letras sobrecargadas de simbolismo. Pero un efecto secundario de su estatura en el canon de Pink Floyd es que “ensombrece” a su predecesor: Animals (1977).

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Arte de tapa del disco "Animals" de Pink Floyd, la primer aparición del cerdo "Algie".

Amado por los entusiastas de Floyd, pero omitido por la radio y con muchas menos reproducciones en Spotify, Animals se encuentra entre los mejores LP de estudio de la banda. La brevedad define la lista de temas y el tiempo de ejecución general: el registro se ejecuta de forma concisa en 40 minutos repartidos en cinco pistas.

Sin embargo, en lo que respecta a las canciones individuales, Roger Waters, David Gilmour y compañía se entregan a fraseos largos, lo que da como resultado melodías que duran 17 minutos (“Dogs”), 11 minutos (“Pigs (Three Different Ones)”) y 10 minutos (“Sheep ”).

Las partes uno y dos de “Pigs on the Wing” completan el álbum, y ofrecen canciones cortas guiadas por una guitarra acústica. Además, muestra un rastro de la apatía que caracteriza al disco en un encuadre acústico que suena aterradoramente actual: “Si no te importara lo que me sucedió a mí / Y no me importaste a ti / Nos zigzaguearíamos por el aburrimiento y el dolor / Ocasionalmente mirando a través de la lluvia”.

La victoria de Donald Trump en Estados Unidos, la de Jair Bolsonaro en Brasil junto al resurgimiento de las derechas nacionalistas en Europa, deberían encontrar esta desidia familiar. La subestimación de fenómenos que escapan a casi toda encuesta lleva a la pregunta central planteada en “Sheep”: “¿Qué se obtiene al fingir que el peligro no es real?”.

Rebelión en la Granja

Las tres categorías de animales que componen la narrativa del álbum se derivan de “Rebelión en la Granja”, la alegoría de George Orwell. Los “perros” son la fuerza de choque; los “cerdos” son los dueños del poder; Las “ovejas”, incuestionables y dóciles, están perpetuamente sujetas al poder de las dos primeras. Asimismo, como es el caso con el libro de Orwell, estas categorías se simplifican demasiado. Etiquetar a un grupo de personas como “ovejas” o “perros” es el tipo preciso de pensamiento divisivo que impulsó a los “cerdos” como Bolsonaro y Trump.

La tensión entre el pensamiento simplista y la realidad compleja se captura en la construcción de Animals. El pensamiento único detrás de los cerdos, perros y ovejas alegóricos se yuxtapone con algunas de las composiciones más complejas de Pink Floyd, ejemplificadas por la guitarra de Gilmour en “Dogs” y los teclados de Richard Wright al estilo de “Sheep”. Aunque las tres pistas principales de Animals son largas, las letras de Waters no son floridas ni demasiado extensas; Hay mucho más instrumental que los pasajes vocales. El dominio de la música sobre las palabras es una parte crítica del comentario político del álbum: no importa cuánto Waters intente hacer que su alegoría se desarrolle (especialmente en la oscura y cómica distorsión del Salmo 23 en “Sheep”), la música siempre prevalece, recordando a los que piensan en términos de “cerdos” y “perros” que el mundo es más complejo de lo que parece.

Dado su lanzamiento en 1977 y su tendencia política, Animals es citado como la respuesta de Pink Floyd al movimiento punk de la época. Composicionalmente, el estilo ambiental-progresivo, en tonos menores es un total contrapunto con la rabia de dos a tres minutos que expresaban Sex Pistols, The Damned o The Clash. Pero como muchos grandes discos, Animals es tanto un producto de su época como un comentario atemporal sobre algunos de los peores instintos políticos de la humanidad.

El tenue brillo de la esperanza al final del álbum en la segunda parte de “Pigs on the Wing” es un recordatorio de que todos encontramos maneras de permanecer juntos incluso en medio de la agitación: “Sabes que me importa lo que le suceda a usted / Y sé que usted también se preocupa por mí ... / Cualquier tonto sabe que un perro necesita un hogar”. Sin embargo, en conjunto, ambas partes de la canción constituyen poco más de tres minutos, menos del 10 por ciento del disco. Hay mucha más oscuridad que luz aquí.

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Aunque las tres pistas principales de Animals son largas, las letras de Waters no son floridas ni demasiado extensas; Hay mucho más instrumental que los pasajes vocales.

Cuestionamientos al poder

Animals enfrenta la política de su tiempo de frente, pero nunca condesciende a pensar que tiene todas las respuestas, y mucho menos soluciones. Depende del espectador rechazar el etiquetado de los humanos como “animales”, criaturas que no participan en nada más que en un conflicto primario. El álbum termina de forma ambigua: el oyente no puede saber si la mentalidad de oposición de “perros contra cerdos” y “cerdos contra ovejas” fue completamente derrotada o solo eliminada brevemente. Con un clima político adecuado, ya sea en 1977 o 2019, el poder puede llegarle a quienes piensan el mundo en términos de cerdos, perros y ovejas.

“Cuando pierdes el control”, Gilmour canta en “Dogs”, “recoges la cosecha que sembraste”. Ese mensaje suena tan verdadero como hace 42 años, lo que habla de la perspicacia de Animals y de una peligrosa, para no decir grave, profecía.



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