¿Leemos?

Cultura 20/01/2019 Por
En esta edición tres libros de diversos géneros para lectores de todas las edades. “La rosca profunda”, de la editorial Prebanda, “¿Jugamos?”, una propuesta de Niño Editor y “Anfibia”, poesía de Marisa Godoy.
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1 / 2 - - ilustraciones para “Anfibia” por Ana Zitti.

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Especial La Nueva Mañana

Anfibia

por Mauricio Micheloud
Pasar de un estado a otro. Obtener, no sin esfuerzo, la capacidad de adaptarse. Autoexplorarse y recorrer cada recoveco de sí misma para conocerse y llegar a la conclusión de que todavía falta. La expedición no llega a su fin. El ejercicio se sabe interminable e incluye encontrar los sentidos que deban dar cuenta del trayecto recorrido. Es trabajo de poeta iniciar un recorrido que pueda ser dilucidado con las palabras precisas: “hoy mi cuerpo ha rozado la profundidad/con brazos extendidos ha sacudido la modorra/ha sacado punta a los pulmones/y en cada bocanada ha desgarrado/la superficie” Así describe Marisa Godoy la forma en que se zambulle y da cuenta de su carácter anfibio.

Dejar la tierra firme para entrar en el medio acuoso. Que las escamas le cubran la piel y que luego pueda volver a la orilla para seguir el interrogatorio personal.
Los poemas recorren un paisaje cotidiano en el que es posible descorrer las cortinas y presenciar un incendio, el de todos los días. Ver aquello que perturba y aquello que maravilla. Hay sobre todo una actitud de dejarse atravesar por los acontecimientos, los más resonantes y también los más mundanos para darse cuenta de que nada sucede sin razón, que nada está ahí inmóvil y menos aún el tiempo:

“Sobre la repisa descansa el reloj. / Descansar es una manera de decir. / Sombras matinales tiñen de ritmo las agujas. / Punzan / cada rincón de la casa / Punzan / cada mueca de otoño que asoma en la ventana.”

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Amanece
el día huele a pasto
nuevo
a brotes del sauco que no
podamos y
se mezclan con el café
de la mañana.

Durante la noche
misiles coreanos sobrevolaron
la intemperie del mundo.
Desaparecieron a un hombre
cerca del río
y no hay brizna que diga
¿dónde está?
¿qué ponzoña
lo arrebató del camino?

Pese a todo
la mañana trepa por el alero
del día.
El sol es un refugio que disipa
-por un rato-
todo intento
de misil.

Leo un poema
echo un libro al bolso
sacudo el mantel y
vienen gorriones
a devorar migas de pan

Todo sigue su curso
todo
menos
los sueños que nacían
en tus ojos.

Pleito

Otra vez hurgaste
en la herida
soplaste dragones
en mi oreja
derribaste mi casa
de palabras.

Un agujero de metal
se dibujó
en mi centro
y regreso a mi torre de nieve
a cultivar silencios


Poemas de “Anfibia” de Marisa Godoy.
Gentileza de la autora.

Anfibia
Marisa Godoy
ilustraciones Ana Zitti
Ediciones de la Grieta, Patagonia Argentina, Octubre 2018
20 x 15 cm; 104 páginas; rústica
ISBN 978-987-3815-43-0

La rosca profunda y otros ensayos

por Barbi Couto
“Los sonidos de la ciudad estaban presentes mientras el libro se producía, editaba y mandaba a imprimir. Todos y cada uno de los sonidos” así cierra el libro en su colofón. Pero esos ruidos a los que aducen los editores son los ruidos de la segunda etapa, aquella en la que los ensayos que habitan el blog de Eterna Cadencia se encontraron y acomodaron para volverse en libro. Ruidos que acompañaron la mutación de discursos digitales a un único objeto tangible, artefacto de lectura con un cierto peso, textura, aroma, con un diseño cuidado y 23 ensayos ordenados de una cierta manera y no otra.

Los ruidos de los vecinos, la gata, el programa de Netflix y los bocinazos de la calle cercana que menciona el colofón se vuelven soundtrack de la edición de los ensayos. Navego por el índice del libro como por un mapa. Los márgenes de cada título se mueven de izquierda a derecha y otra vez a la izquierda sin establecer claramente una estructura de temáticas subordinadas. Son un espejo de la experiencia de lectura.

Cada ensayo es una habitación con muchas puertas que se abren, a una multiplicidad de lecturas. Hay ensayos que reflexionan sobre la lectura misma, sobre la oralidad, sobre los sueños y la hipnosis, sobre la danza, sobre la filosofía y las preguntas que nos hacemos, sobre el capitalismo, el consumo, las fábricas, la prisión, el encierro, el suicidio, la tristeza y el dolor, los gatos, los besos de película, el “alma” de las bellas artes.

Cada ensayo abre puertas a una multiplicidad generosa de recomendaciones de títulos, cine, autores, siempre como una excusa para reseñar un libro o para divagar sobre un tema. El autor conoce el recorrido, sale de un ensayo, abre una puerta, entra al próximo ensayo, abre otra puerta y sigue avanzando.

Sabe a dónde va, el laberinto es su casa y la recorre sin tropiezos. El lector avanza a su lado, intuye recorridos, o destinos pero se queda con las ganas de recorrer cada habitación, descubrir si dentro hay nuevas puertas, estudiar los decorados, revisar si hay estantes con bibliotecas. Con cada ensayo dan ganas de quedarse a saborearlo, a buscar los libros que Matías menciona y que son lecturas pendientes, a estudiar a los autores, hacerse el tiempo para repetirse las preguntas formuladas, revisar qué opina al respecto. Antes de seguir avanzando.

Si hay una relación buscada entre un ensayo y el siguiente es tarea del lector encontrar esos lazos que tejen redes de sentido. Y es que sí, al avanzar uno tiene la sensación que se habla de cosas distintas en lo particular pero que el libro es un gran discurso sobre algo que sostiene una unidad en lo general. ¿O es acaso simplemente el hecho de que estén juntos, encuadernados en un mismo objeto tangible lo que carga a todos esos discursos de una unidad a la que como lectores queremos acceder? ¿Como lectores esa es nuestra búsqueda?

Como dice el autor en uno de los ensayos: “la marioneta de la escritura parece amenazar con cortar los hilos del titiritero que la mueve”, y me pregunto ¿quién es el titiritero? ¿es el autor de los ensayos? ¿es una tarea conjunta con los editores que ordenaron un laberinto a recorrer al colocarlos unos junto a otros? ¿o somos los lectores quienes encontramos las puertas de entrada y salida justo allí donde queremos que estén?
Para cerrar me pregunto entonces de qué manera afectaron la escritura los ruidos iniciales, esos que acompañaron al autor mientras armaba los ensayos en primer lugar. O al revés, qué rol tuvo el sonar del río, intempestivo e imparable que acompañó mi lectura.

La rosca profunda y otros ensayos TAPA

La rosca profunda y otros ensayos
Matías Moscardi
Prebanda Ediciones, colección Don Electrón, Octubre 2018
20 x 15 cm; 120 páginas; rústica
ISBN 978-987-42-9653-5

¿Jugamos?

por Mauricio Micheloud
¿Para qué sirve un libro? Para leer seguramente. ¿Tiene que servir para algo específico un libro? No necesariamente. Pero siempre se le encuentra utilidad. Incluso finalidades que no estaban tenidas en cuenta entre quienes lo pensaron desde el inicio. ¿Se puede jugar aparte de leer? Es muy probable, depende más que nada de que se esté dispuesto a hacerlo.

Ahora hago el ejercicio de pensar este libro “¿Jugamos?”. Y creo que con este libro se puede leer, se puede jugar, se puede imaginar, se puede interactuar y se puede volver a empezar. Una faja de papel que lo recorre nos pregunta: “¿Puede un libro ser más divertido que una pantalla?” Claro que sí y en especial con este libro. La idea es que lo recorramos, pero no solo con la vista, también con un dedo para seguir caminitos de tinta que recorre Butti, el personaje que nos guía en la travesía lectora. Y entonces charlamos con él y el libro empieza a tener otra dinámica: lo sacudimos, bailamos, lo damos vuelta, lo posamos sobre la cabeza, en fin... jugamos.
Con algunos trazos y un par de colores podemos leer y divertirnos lo suficiente como para querer volver a empezar.

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¿Jugamos?
Svein Nyhus
Niño Editor, 2018
24 x 32 cm; 32 páginas; tapa dura
ISBN 978-956-9569-14-2

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