Bonito, el secreto mejor guardado de Brasil

Turismo 19/01/2019 Por
Al sudoeste del país vecino, en el estado de Mato Grosso do Sul, hay una pequeña ciudad dedicada al ecoturismo, rodeada de sierras y ríos de aguas turquesas que deslumbra por su sencillez y belleza.
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1 / 7 - - Bucear en los ríos de Bonito ofrece una postal con cientos de peces de distintos tamaños y colores en un río transparente con un fondo blanquecino y resplandeciente.

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Especial La Nueva Mañana

Al sudoeste de Brasil, en el estado de Mato Grosso do Sul, se encuentra esta ciudad de 20 mil habitantes. Bonito no figura en casi ninguna de las ofertas turísticas de las agencias de viaje, por lo menos en las tradicionales. Será por eso que los argentinos estamos más acostumbrados a visitar el estado de Florianópolis y no salirnos de ese circuito “natural” que nos ofrecen. Pero, como todos sabemos, Brasil es inmenso y tiene numerosos lugares escondidos.

Una vez, en una reunión familiar, alguien mencionó acerca de una excursión a un pequeño pueblo brasilero donde se podía nadar con peces enormes en ríos de aguas cristalinas. Ese comentario quedó resonando en mi cabeza, y de inmediato estaba tipeando el nombre en el buscador. Gente haciendo esnórquel, efectivamente en aguas transparentes y rodeados de peces, es lo primero que apareció. Una especie de Caribe fino y serpenteante que invita al turismo aventura o de acción. ¡Tenía que conocerlo!

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Las aguas cristalinas y la abundancia de peces en el río Sucurí deslumbran al sumergirse.

Desde Córdoba

Llegar hasta Bonito es un poco complejo, sobre todo si para ahorrar un poco, evitás pagar las tazas de vuelos internacionales. Desde Córdoba viajé a Puerto Iguazú (Misiones) y crucé la frontera hacia Foz do Iguaçu (Brasil) en un remis, me quedé dos días para visitar las Cataratas brasileras y, desde ahí, tomé una combinación de dos vuelos domésticos hacia São Paulo, y luego a Campo Grande. El acceso a Bonito se hace por carretera, en combis o autos alquilados. Si se cuenta con auto propio resulta más simple, ya que se encuentra a 750 km de Foz do Iguaçu. La ciudad está rodeada de abundante vegetación y sierras pequeñas. Aunque tiene casi 20 mil habitantes, el ritmo de vida te transmite la esencia de pueblo que aún conserva. Por las tardes, cuando el sol está bajando, la gente se sienta en las veredas y los guacamayos y tucanes cruzan la ciudad como si estuvieran en medio de la selva.

Bonito ha hecho del ecoturismo su bandera. Cuenta con decenas de propuestas que tienen como principal enfoque la conservación de la biodiversidad y el mantenimiento de los cursos de agua limpios y sanos. Esta revalorización y cuidado del medioambiente se convirtieron en una fuente de ingresos esencial para sus pobladores.

Una gran oferta ecoturística

El turismo que Bonito ofrece se centra en una interacción directa entre las personas y el medioambiente. Es importante aclarar que prácticamente no existen sitios no arancelados o públicos, todas las excursiones se realizan en predios privados a los que se accede contratando el paseo en alguna agencia. Lo bueno es que no hace falta buscar el precio más económico, ya que todos los operadores manejan la misma tarifa, que varía de acuerdo a si es temporada alta o baja.

La oferta ecoturística va desde avistaje de aves a recorridos por grutas subterráneas, pasando por actividades como buceo, esnórquel, safaris fotográficos y paseos en bote.

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Buraco das araras es un inmenso cráter donde antes se depositaba basura, fue recuperado y transformado en Reserva. Hoy se concentran allí más de 150 especies de aves.

Con toda esa información en mi cabeza, era hora de decidirme y comenzar la aventura. El Buraco de las Araras fue mi primera elección, una excursión que se realiza junto con otra, Río da Prata, ya que se encuentran a una distancia cercana. El Buraco es un inmenso cráter en la tierra colorada, de 500 metros de circunferencia y 100 metros de profundidad, donde antes solo se depositaba basura. Un lugar que fue recuperado y transformado en Reserva Particular de Patrimonio Natural y en donde hoy se concentran más de 150 especies de aves, pero su mayor exponente es el guacamayo rojo o arara vermelha. Al comenzar el recorrido nos advierten que a veces es difícil verlos y que hay que mantener el silencio. Hicimos el camino de un mirador hacia otro y cuando estábamos todos expectantes, apareció un grupo de más de veinte guacamayos que desfilaron frente a nosotros haciendo círculos. Fue un momento mágico, un verdadero regalo que demuestra que la naturaleza siempre renace, solo hay que darle un mínimo respiro.

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Arara Vermelha o Guacamayo rojo, una de las tantas hermosas especies que se pueden avistar en el Buraco.

El viaje continuó hacia el Recanto Ecológico Río da Prata: una estancia autosustentable que cuenta con huerta orgánica, producción de carne de cordero y cerdo, y leche para la fabricación de quesos y dulces ofrecidos a los visitantes. Al mismo tiempo que realiza la fertilización natural del suelo con el uso de lombrices de tierra, reciclaje y tratamiento de aguas residuales.

El recorrido se hace con un guía, que ya durante el viaje nos fue mostrando videos de su encuentro con una anaconda enorme, pero nos anticipó que en esa época del año no era muy común verlas. Creo que, aunque sabía que no son animales peligrosos, en el fondo pensé: ¡Por suerte! Con esa previa, caminamos unos metros por la selva y, ya con mi traje de neoprene, chaleco y equipo de esnórquel puestos, empezamos a practicar la inmersión en una especie de pileta natural. La postal que se ve al sumergirse es inolvidable: cientos de peces de distintos tamaños y colores en un río transparente con un fondo blanquecino y resplandeciente. Los ríos de Bonito tienen esa particularidad: la alta concentración de piedra caliza (carbonato de calcio) calcifican cualquier sólido, dejándolo más pesado y concentrándose naturalmente en el fondo del río, por eso el agua permanece tan cristalina.

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 Los ríos de Bonito se caracterizan por sus aguas cristalinas. Foto: Travel2Be

Hicimos esnórquel durante un largo trayecto, aunque siempre íbamos atentos a lo que sucedía afuera, ya que más de una vez, a los monos capuchinos se les cayeron al agua los frutos que estaban comiendo. Para completar la sensación de ser parte de un documental de Discovery Channel, nadamos cerca de dos pequeños yacarés y vimos una familia de nutrias curiosas.
En ese primer día, sentía que Bonito ya me había mostrado todo lo que mis expectativas pedían. Las decenas de fotos que había visto ya no le hacían justicia al maravilloso lugar que acababa de descubrir.

El Pantanal, una cita obligada

Y, si verdaderamente una quiere sentirse una documentalista más, hay que ir hasta El Pantanal. Este humedal es el más grande del mundo y conserva una diversidad de especies entre los que se destaca el jaguar, el yacaré y la nutria gigante. Desde Bonito se puede optar por la excursión hacia la Fazenda San Francisco, uno de los sitios que da ingreso a la región de El Pantanal, por el sector sur.

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Visita guiada en la Fazenda San Francisco.



El paseo comienza con un safari fotográfico en el que se puede ver osos hormigueros, yacarés, carpinchos, ciervos de los pantanos y numerosas especies de aves. Debo confesar que las ganas de ver a un jaguar me acompañaron durante todo el viaje, aunque era temporada húmeda y es en la época seca cuando se suele tener posibilidades de un avistamiento del felino más grande de América.

La estancia cuenta con 15 mil hectáreas destinadas a múltiples propósitos: cultivo de arroz, cría de ganado, pero lo más importante es que lleva adelante una serie de proyectos científicos como el estudio de la depredación de ganado por parte del jaguar y el puma, el proyecto de monitoreo del guacamayo azul o Jacinto y el programa de educación ambiental a niños y niñas de escuelas brasileras.

Luego de un almuerzo buffet, pude refrescarme en las piletas del complejo y prepararme para la segunda parte del paseo: un recorrido en chalana (embarcación de dos pisos) donde el calor y los mosquitos de El Pantanal se mostraron en todo su esplendor. Con ritmo tranquilo, fuimos recorriendo el río Miranda y descubriendo su biodiversidad. Cuando caía la tarde, y ya estábamos llegando al casco de la estancia, la guía hizo detener a los gritos el camión que nos trasladaba: “¡Arara azul, arara azul!”, repitió desesperada. La emoción se debía a que esta ave (tan famosa por la película Río) está en peligro de extinción y no es para nada habitual poder verla. Ahí estaban, posando para la foto, una pareja de guacamayos azules parados en un alambrado.

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El Guacamayo azul está en peligro de extinción, por suerte en Bonito todavía se pueden ver algunos ejemplares.




No podía irme de Bonito sin visitar alguno de sus circuitos de cascadas. Por eso, opté por visitar Estancia Mimosa, uno de los predios que presenta 2800 metros de caminos por entremedio de la selva en donde se puede observar nueve cascadas formadas sobre el curso del Río Mimoso. Me tocó realizar esa caminata bajo la lluvia y la experiencia de ir descubriendo cada uno de estos saltos de agua, bañarse y meterse detrás de las cascadas me hizo sentir la magnitud de la selva matogrossense.

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Circuito de cascadas del río Mimoso, en Estancia Mimosa.



Bonito es el mejor ejemplo de retroalimentación entre el ecoturismo y la conservación. Un evidente trabajo entre pobladores y dirigentes que pusieron el foco en el cuidado de la biodiversidad y en ofrecer ese pedacito de naturaleza a los visitantes de todo el mundo.

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