Córdoba, el trampolín emocional de la “Pulguita” Rodríguez

Deportes 11/01/2019 Por
Luis Miguel Rodríguez estuvo en dos etapas en Racing de Nueva Italia, donde debutó en 2004 y dejó un cariño imborrable, aunque no pudo demostrar el talento que sí desplegó en Tucumán.
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- La “Pulguita” llegó en silencio y con desconfianza general a la “Academia”, allá por 2004 en el Argentino A, con pergaminos de haber jugado en inferiores de Inter de Italia y en el fútbol Rumano.

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Quizás el personaje de potrero solamente imaginado por el “Gordo” Soriano o Fontanarrosa alguna vez tuvo vida terrenal fuera de las páginas de la fantasía personificando en Luis Miguel Rodríguez la caricatura humana ideal. La referencia es para la legítimamente ponderada “Pulguita”, quien desde Atlético Tucumán llegó lo más alto impensado en su propio universo, y no quiso crecer más por apego a su entorno y por su carácter sumiso, casi de cuentos, que invita a admirarlo cada vez que sus pies tocan la pelota.

Córdoba fue testigo de su crecimiento, al punto que muchos lamentan su partida casi sin opciones cuando vestía la camiseta de Racing de Nueva Italia con apenas 17 años. Sin embargo, su lugar en el mundo era su Simoca natal, y en su defecto, Tucumán, aunque lo mismo hay lazos de historia que lo unen a la provincia cordobesa, y no solo deportivas-afectivas.

Hoy Rodríguez figura en centro de la escena por su incursión en la política y por su misteriosa salida del “Decano” con sospechas en todo sentido. No obstante, la mayoría de los amantes del fútbol elige ver su costado ingenuo, con aquel olfato asesino en el área, a pesar de contar con un físico diminuto que muchas veces invita (y engaña) a una subestimación.

Le pasó en Racing y a pesar de que dejó una huella diminuta, muchos aún se recriminan no haber amparado un poco más al tremendo jugador en el que se convirtió años después y que no había explotado. Aquel que de meter tres goles en un partido no tiene reparos en anunciar en la televisión en directa para todo el país que se va a comer un lechón con todos los amigos, alimento casi prohibido dentro del fútbol metrosexual de hoy. Tímido, desfachatado, calentón e impulsivo, sin dotes de pronunciación, su idioma fue siempre la pelota y con ese lenguaje aprendió a comunicar su pasión.
Y Córdoba fue testigo de esas semillas que hoy ya son cosecha de gloria.

Goles y poco más en Racing

La “Pulguita” llegó en silencio y con desconfianza general a la “Academia”, allá por 2004 en el Argentino A, con pergaminos de haber jugado en inferiores de Inter de Italia y en el fútbol Rumano. De hecho, fue una de las tres incorporaciones permitidas, junto a Carlos “Hacha” Bertola y Pedro “Perico” Ojeda.

El plantel que dirigía José Céliz venía de ganar el torneo Apertura en la final ante Cipolletti, y Rodríguez le ganó la pulseada a Adrián “Chanchita” Gutiérrez para quedarse en el club, solo por proyección intangible y recomendación de Mario Ballarino, en ese entonces, coordinador general del club.

Estaba claro que más allá de su talento, tendría que demostrar mucho más en un Racing plagado de apellidos y con aspiraciones de ascenso, lejos de su familia, en una pensión al fondo de la avenida Arturo Capdevila, con otros pares juveniles y sin mucha contención emocional. De hecho son recordadas sus faltas y demoras en los reintegros a los entrenamientos, con el pretexto de la muerte de algún familiar.

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Rodriguez (el segundo de la fila de abajo) en su paso por racing de Nueva Italia.



Le llegó el debut en una mañana ante Juniors, donde ya el “Pepe” no podía sostener el barco y las críticas, casi como un manotazo de ahogado. Entró a falta de 10 minutos, debutando profesionalmente, con un cabezazo por encima del travesaño como presentación. Sin embargo, un segundo partido le bastó para bautizar la red, ante Unión de Sunchales. Con arquero en el piso, solo tuvo que poner la cabeza para anotar la cuarta conquista del equipo (4-1).

Su movilidad le garantizó la titularidad nada menos que en sus pagos. De visitante ante La Florida decretó el empate transitorio con un zurdazo desde afuera del área que sorprendió a todos menos a los tucumanos, que ya lo tenían agendado como el hermano de la “Pulga” (Walter) de Atlético Tucumán. Una potencial figura. Lo entrevistaron de todos los medios una vez finalizado el partido, pero como Racing perdió y Céliz presentó su renuncia, en Córdoba no tuvo mucha trascendencia.

Ya con Daniel Teglia al mando, apenas jugó un tiempo frente a Ben Hur y después no vio acción en la gran final, ni siquiera concentrando, en el ascenso ante Atlético Tucumán, curiosamente, equipo donde después grabaría un lazo inquebrantable.

Ya en la B Nacional fue cedido a préstamo, regresó casi a la fuerza en el descenso al Argentino A en 2005 y jugó varios partidos, muchos de entrada, con el “Negro” Juan Manuel Ramos como DT. Después en diciembre, con el equipo ya sin chances de clasificación, no renovó préstamo, fue libre a UTA (equipo de la Liga Tucumana) para después de escribir la leyenda que lo hoy lo acompaña.

Córdoba, primero en todo

¿Qué tiene de especial Córdoba para la “Pulguita”? Lo une un escalón fundamental de su trayectoria. Debut como profesional, primer gol, más primer y único partido en la Selección Argentina. Fue en 2009, en el ex Estadio Córdoba, en el proceso de Diego Maradona, ante Ghana (triunfo 2 a 0).

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Y para agregarle más sustento a la ligazón con la provincia mediterránea (ascendió a Primera División en La Boutique, goleada 4 a 1 del “Decano” a Talleres a domicilio, con un golazo a su cargo), semanas atrás hizo sus primeras acciones políticas solidarias, en barrio San Vicente, colaborando con una causa que tiene a Uma como protagonista, niña enferma con un cáncer terminal. Fue un partido a beneficio, junto a varios compañeros en Racing como Daniel Albornós, Marcelo Guzmán, Santiago Del Soto, Raúl Vangioni, etc. Su primera aparición política, como poniendo cimientos a su inminente función pública.

Es que su afiliación al partido Justicialista despertó todo tipo de controversias incluso alternado su armonía y confort en Atlético Tucumán, donde no solo ascendió y llegó a jugar Copa Libertadores hasta edificar su mito de ídolo de barro, sino que superó las barreras de permisividad que cualquier profesional tiene habilitado. Se lo ganó en buena ley, en la cancha, descalzo y con botines. Su transferencia a Colón con 34 años no empañará su huella en nada, el cariño del hincha no solo del “Decano” es inalterable, incluso ganándose el respeto de su acérrimo rival, San Martín, lo enaltece todavía más su figura.

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Días atrás "La Pulguita" se sumaba al sabalero.

En Córdoba lo vimos pasar. Se lo disfrutó poco, no era el contexto ideal, pero de todas maneras, sana envidia para Tucumán, aunque lo mismo hay un dejo de orgullo de haber moldeado en parte la gran imagen del quizás el último ídolo de la calle y del potrero de los pobres.

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