El fútbol de Córdoba y el camino hacia la felicidad

• Opinión (No usar) (Deportes) 17/12/2018 Por
El fútbol es el rubro que nos muestra de una manera certera, poniéndonos ante la necesidad de aceptar que los objetivos se diseñan de una forma, y luego son redireccionados a mesetas más modestas.
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Córdoba, la de los jugadores de calidad, la de las tribunas repletas, hoy es un eterno borrador.

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Especial La Nueva Mañana

No es una historia nueva. A lo largo del tiempo, los factores se acomodan de manera diferente pero llega la hora de interpretar cómo vamos y la foto muestra colores similares. Hasta repetidos. Si el futbolero cordobés aspira a ser feliz con lo que proponen sus equipos, es posible que al Niño Dios deba pedirle, una vez más, una generosa dosis de paciencia. De paso, un baño de realidad.

Hay un aspecto básico, que no logramos focalizar. ¿Somos porfiados, fabricantes de ilusiones o negadores seriales de lo que nos pasa? Porque si hay algo que el fútbol (y la vida) nos enseña, es que las expectativas deberían estar alineadas con las posibilidades. Es cierto: en Argentina, el lugar donde se construyen los relatos más desopilantes, ocurre que todos los hinchas creen que sus respectivos equipos deben ser campeones. Está prohibido perder, porque salir segundo es merecedor de una condena social irreversible. No se trata de naturalizar el fracaso, ni de enfermarnos por ser los primeros en todo, sino de estudiar por qué nos pasa lo que nos pasa.

Córdoba no es una isla, vaya noticia. El fútbol es el rubro que nos muestra de una manera certera y nos pone, una vez más, ante la necesidad de aceptar que los objetivos se diseñan de una forma y luego, a la luz de los resultados, son redireccionados para pasar a mesetas más modestas.

Salen algunos disparadores, germinados desde la duda:

Duda número 1: ¿quién nos dijo a los cordobeses, que merecemos equipos de fútbol campeones de algo? ¿Qué hacemos para ser legítimamente los mejores?

Duda número 2: ¿qué debe pasar en el universo del fútbol cordobés, para que el respeto se conjugue mejor hacia adentro, hacia lo que tenemos y lo que somos, como un punto de partida para jerarquizar las bases y los procesos de desarrollo? ¿Hay una liga jerarquizada, que suministre jugadores de nivel? ¿Ya no se puede jugar en los clubes de Córdoba si antes no se fracasó en algún club de Buenos Aires?

Duda número 3: ¿habrá en el camino, un momento en el que Córdoba dejará de ser un espacio al que llegan jugadores y entrenadores “de afuera”, para hacer experiencia y despegar luego hacia destinos más evolucionados o glamorosos? ¿Tan malos son los jugadores de las inferiores, que tienen muy pocas oportunidades? ¿Los entrenadores de Córdoba, no son aptos para dirigir a nivel profesional?.

No viene al caso enumerar qué hicieron o dejaron de hacer en la cancha, los equipos de la docta. Con matices, respondiendo a elementos de influencia diferente e incluso, con proyectos distintos, Talleres, Belgrano e Instituto están alineados en un plano que no tiene que ver con lo que inspiran en la gente, sino con la relación de lo que se proponen y lo que logran. Y la manera en que transitan el camino. En un contexto de pocas alegrías absolutas, la mayor rebelión debería ser crecer y desmentir la cantidad de años que nuestro mundillo futbolístico lleva a la deriva. Con algunos intentos revolucionarios, es cierto. Pero con una discreción general que nos impide algo de relativa enunciación, como es “ser mejores que el año pasado”.

Hoy, Córdoba sólo es de primera en serio por la convocatoria y la respuesta de la gente. Pero es un error creer que la felicidad, como concepto, comienza en la tribuna. Es inaplicable. Adoramos el éxito, pero no tenemos la disciplina (¿ni el conocimiento?) de para transitar el camino de la evolución que nos acerca a él. Entonces, si nos pasa lo que nos pasa, no pretendamos soluciones mágicas. El fútbol que brota en nuestras canchas, es la consecuencia de procesos que se sustentan en mucha voluntad y buenas intenciones. En algunos casos, con proyectos sólidos en el campo de la teoría, pero absolutamente falibles cuando se trata de tomar decisiones. Por ejemplo, en la conformación de los planteles: se produce un extraño fenómeno, por el cual Belgrano y Talleres tienen peores jugadores que el año anterior, con objetivos que pretenden ser superiores…. E Instituto, que ahí anda como puede, sabe que debe ascender, pero no logra siquiera ser protagonista en una segunda división muy discreta.

Siempre tenemos tiempo, pero alguna vez debemos arrancar. Hasta ahora, la codificación del éxito y el fracaso sólo nos ha llenado de angustia y frustración. Córdoba, la de los jugadores de calidad, la de las tribunas repletas, hoy es un eterno borrador.

Va de nuevo: ¿somos porfiados, fabricantes de ilusiones o negadores seriales de lo que nos pasa? El fútbol y la vida nos enseñan que las expectativas deben estar alineadas con las posibilidades. Comprenderlo nos está consumiendo las energías.

 

 

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