De verdades, artificios y chicos con pistolas

Cultura & Espectáculos 05/12/2018 Por
En diálogo con La Nueva Mañana, el cineasta Darío Mascambroni habla sobre "Mochila de plomo", su nuevo film que evoca al británico Ken Loach, pasó por el Festival de Berlín y que se estrena en salas el 13 de diciembre.
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1 / 5 - - "Yo pensé la búsqueda de ese nene desde otra perspectiva: me lo imaginé queriendo saber cuestiones de su padre y su pasado, no buscando venganza".

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Sólo se necesita un niño y una pistola para hacer una película. Algo así podría decirse de Mochila de plomo, el nuevo film de Darío Mascambroni que evoca la sombra del realizador británico Ken Loach para retratar una infancia solitaria.

Cualquiera que lea la premisa de Mochila de plomo podría imaginarse una película de género, entre el policial negro y un western donde los vaqueros luchan por el poder en un pueblo: Tomás, un pibe silencioso, deambula por las calles de Villa Nueva con un arma escondida, a pocas horas de que el asesino de su padre salga de la cárcel.

Pero para Mascambroni, la clave de la película siempre se sostuvo sobre un drama realista y social: “Había una sensación de suspenso que me interesaba desarrollar, aunque siempre evitando caer en una película de género”, dice, “Yo pensé la búsqueda de ese nene desde otra perspectiva: me lo imaginé queriendo saber cuestiones de su padre y su pasado, no buscando venganza. Siempre me interesó la idea de que se conociera a partir de su viejo. Está claro que para formar nuestra identidad necesitamos del pasado. Y este personaje en particular fue víctima de la desinformación y del silencio”.

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Formalmente, la película no trabaja sobre el artificio explícito de las imágenes, sino sobre el realismo. ¿En qué momento decidiste que la película tuviera ese aspecto?

-Creo que tiene que ver con algo muy personal de mi forma de entender algunas cosas del cine. Lo visual me genera un acercamiento mayor si veo algo “realista”. Es algo que igual me sigo cuestionando hasta hoy, después de haber hecho Primero Enero (mi ópera prima) y Mochila de plomo, que son dos películas con un tratamiento decididamente realista y hasta rozando el documental.

En este momento sigo pensando sobre la construcción de la verdad y si algo que se ve más real en la pantalla es necesariamente más verdadero que algo que se ve artificial. Por lo general me molesta cuando la imagen es artificial y me aleja de la historia y los personajes, siempre siendo consciente de que hay una textura propia del cine que me gusta y que es otro plano de la realidad; que no es la verdad, sino que simplemente una película.

¿Cómo ves la transición entre tus dos primeras películas y tu próximo proyecto en relación a esa búsqueda?

-Creo que la diferencia entre Primero Enero y Mochila de plomo está más en el proceso y en mi experiencia como director, intentando narrar una historia con una estructura un poco más compleja y trabajar con equipos más grandes. Pero creo que las películas no se alejan tanto en términos formales. Pensando en un nuevo proyecto tomó mucho de esas dos experiencias, pero de alguna manera me gustaría discutir lo que acepté como afirmación en las películas anteriores.

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¿Discutir qué cosa?

-Esa sensación de verdad. Me gustaría cuestionar por qué una película con no actores, por qué una película con menos planos, por qué una película con determinado ritmo y determinada fotografía es más verdadera que otra película con otra estructura y otros artificios. Porque en definitiva son películas y el plano de realidad es otro.

En relación a esa pregunta por la verdad, pienso en Primero Enero, donde el trabajo con los actores no profesionales iba transformando directamente lo que filmabas ¿Por qué elegiste de nuevo trabajar con no actores y cómo fue ese proceso?

-Creo que un buen trabajo con los no actores puede generar un vínculo más fuerte entre el espectador y los protagonistas. Y definitivamente creo que un nene de 12 años es mucho mejor actor si no tiene experiencia. Una persona adulta que se forma como actor adopta una serie de herramientas para falsificar cierto realismo y creo que la formación en un niño suele corromper eso verdadero que tienen y que quizás le lleva mucho tiempo simularlo.

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"Así como nunca quise llevarla a una película de género, no quise llevarla a una película sobre un pibe de clase popular que delinque porque no le queda otra".


El proceso de búsqueda del chico indicado termina siendo más trascendente que cinco años de formación en un nene que a lo mejor no tiene nada que ver con la historia. En Primero Enero creo que los no actores influyeron porque de alguna manera eran sus vidas trasladadas a una película. En Mochila de plomo, lo que trasladan estos chicos es la forma de hablar, las expresiones y varias cosas personales que le suman al personaje, no tanto a la historia o a la estructura.

Primero Enero transcurría en la naturaleza y con dos personajes muy solos. Acá el espacio es urbano y se suma una dimensión social. ¿Qué implicancias tiene esto para la película?

-De la cuestión espacial me gustaba la idea de un lugar que el personaje transitaba caminando, sin ningún tipo de problema, y generar cierta relación cotidiana y que eso se traslade a la peligrosidad de que ese personaje ande con un arma en la mochila y que nadie sepa.

Sobre lo social, implicaba mirar a un personaje al que nadie le presta atención nunca. Y trabajamos algunas ideas desde la cámara y el sonido. Vos estás escuchando máquinas y ambientes, pero lo ves sólo en el plano. Y desde lo visual evitamos los horizontes y el cielo despejado. Siempre que está el horizonte, los personajes van a contramano. Intentamos evitar la idea de que el personaje tiene una escapatoria de ese lugar. No se ve la salida de ese espacio.

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En Mochila de plomo, lo que trasladan estos chicos es la forma de hablar, las expresiones y varias cosas personales que le suman al personaje, no tanto a la historia o a la estructura.

¿Te preocupó que la película fuera desesperanzadora?

-No. Sí pensé mucho sobre a qué lado de la balanza se inclinaba la película hacia el final. Creo que intenté buscar cierta dualidad. Por un lado, creo que lo esperanzador es que ese niño no esté buscando venganza y no termine cometiendo un asesinato, contra esa idea pesimista que sí o sí tiene que terminar así. Y por el otro lado, dejar la sensación que a pesar de que algunas cosas se pueden haber resuelto, va a seguir todo más o menos como está.

Y la película también retrata un sector popular que el cine usualmente asocia a la criminalidad, al miserabilismo. ¿Fue una pregunta para vos cómo no repetir esas imágenes?

-Para mí siempre fue claro que había que evitarlo, pero en el proceso de devoluciones del guión hubo cierta presión o comentarios que hubiesen llevado la película hacia ese lugar. Siempre tuve en claro que lo que me interesaba era la historia personal y familiar de este nene que atravesaba ese momento en ese contexto socioeconómico. Así como nunca quise llevarla a una película de género, no quise llevarla a una película sobre un pibe de clase popular que delinque porque no le queda otra.

* Mochila de plomo se estrena en salas comerciales el jueves 13 de diciembre.




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