Flor de sueños, Flor de jugadora, Flor de golazo...

Surgió de la localidad de Morteros, Córdoba, y forjó ilusiones mundialistas. Su carácter la hizo protagonista fundamental de la Selección argentina que clasificó a la Copa del Mundo Francia 2019.
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1 / 2 - - Florencia Bonsegundo abraza a su primer amor, el fútbol. © Stefania León

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1-
La lágrima recorre su rostro. Intentó frenarla pero no pudo. ¡Tanta veces lo soñó! Parecía una utopía, pero en ella confió. Se reveló ante la adversidad, se aferró a sus pasiones. Parecía una locura, pero ella no se amilanó, y tomó riesgos.

Riesgos grandes por esta pasión que ahora le está dando su merecido premio. Sus ojos están perdidos en ese océano de rostros, la música del Himno Nacional se escucha, miles lo entonan, a ella las palabras no le salen. Aldana sonríe a su lado. Ella mira, mira, piensa, piensa, recuerda, recuerda...

2-
“Mi sueño es jugar el Mundial con mi Selección”. Lo soñó de niña, cuando jugaba a la pelota con tan sólo cuatro años junto a su hermano.

Lo soñó cuando iba en bicicleta a jugar a ese deporte donde todos eran varones. Lo soñó en su Morteros natal. Lo soñó haciendo goles en el club Roberto Colombo. Lo soñó cuando en la zona decían “vamos a jugar contra el equipo de la nena”...

“Mi sueño es jugar el Mundial con mi Selección”. Lo soñó cuando parecía una locura. Cuando el machismo la hacía sentir mal. Lo soñó y no se dejó vencer incluso cuando a los 13 años la liga no la dejó jugar más.

Lo soñó cuando dos años después se formó un equipo de fútbol femenino y las más grandes la fueron a buscar a su casa para que jugara con ellas. Lo soñó ahí, y nunca dejó de soñar. Y los sueños de esta piba comenzaron a tomar forma cuando en un torneo en Colonia Caroya la vieron jugar y la tentaron para irse a Buenos Aires.

Y soñó cuando debió alejarse de la familia y los seres queridos por esa pasión. Y soñó cuando debió dejar el colegio secundario por esta “locura”...

3-
“Mi sueño es jugar el Mundial con mi Selección”, se dice mientras se emociona con el estadio lleno, como nunca antes pasó en el país. Un estadio que tiene miles de chicas que sueñan como ella, y la apoyan a ella y a todas sus compañeras. Un estadio que tiene ilusiones mundialistas. Y se emociona, y vale la emoción, pero eso no le quitará, por supuesto, la concentración.

Sabe que está en un día histórico, es protagonista y quiere, junto a todas esas pibas, concretar ese sueño que forjó de pequeña. Por momentos le cuesta entrar en realidad. Parece una ilusión onírica, pero no, es verdad. Está allí. Están allí, y del otro lado unas chicas con camiseta roja que le quieren arrebatar esas ilusiones.

Desde los 17 años viste la camiseta albiceleste, y ésta es la gran oportunidad. Por eso, a pesar de la adrenalina de los primeros minutos, que le hacen sentir las piernas pesadas, se vuelve a concentrar. Le pega un grito a Estefanía. “¡Ya está, ya pasó!”. Se hacen un guiño cómplice y todo comienza a cambiar.

4-
Agarra la pelota por la izquierda. Van 21 minutos del primer tiempo. Las chicas en las tribunas cantan. Ella, la piba de Morteros, se hace dueña de la pelota y con su mirada hace un paneo del área rival.

Y encara. Y encara la cordobesa. Desde las tribunas multicolores y llenas de pasión ven a la chica con la camiseta número ‘11’ correr y entienden que algo está por pasar. Se paran. Ella se mete entre dos defensores y con su zurda lanza un pase que Belén deja pasar con elegancia, y Mariana para la pelota y define con clase. Gol. Qué digo gol... ¡Golazo!

El grito es con la boca bien abierta. El grito sale desde lo más profundo. Es un grito que lleva años con ganas de salir. Es un grito revolucionario...

¡Gooooooooooooooooooool!¡Gooooooooooooooool! ¡Gooooool! El puño apretado, la boca bien abierta y un grito sagrado: ¡Golaaazo!

El temblor ya pasó. Ya agarraron confianza. Ella lo siente en su cuerpo. Y comienza a jugar más suelta, busca asociarse, y al rato llega el tanto de Eliana. En el segundo tiempo, se pone más tenso el juego, pero llegarán también las conversiones de Yamila y, otra vez, de Eliana.

En el vestuario festeja con las chicas. Merecido festejo, mientras en Sarandí hay fiesta. Fiesta, que fantástica esta fiesta. Pero todavía falta.

5-
A viajar a Panamá.

Y allá, a pesar de la goleada a favor, saben ella y todas sus compañeras albicelestes que no será nada fácil. ¿Cuándo algo fue fácil para ellas? Para la chica de Morteros, la protagonista de nuestra historia, jugar al fútbol nunca fue una tarea sencilla; debió sacrificarse un montón.

Para poder dedicarse de lleno, ser profesional, debió pasar mucha agua bajo el puente. Trabajó en un local de ropa deportiva, también en el servicio de limpieza de la universidad, y todo complementario para jugar a la pelota. ¡Pelota, bendita pelota! Y soñar con esa camiseta albiceleste en los lugares altos.

Ella entiende que pueden estar todas en esos lugares.

6-
Y en Panamá, tal cual, no fue fácil.

El partido fue más duro, más difícil, encima las chicas de camiseta roja convirtieron el primer gol. Y los nervios. Y los nervios que no te dejan jugar como querés.

Pero... pero... pero, no le vengan con “peros” a Florencia. Porque ella lo dijo, lo soñó, y se lo prometió: “Mi sueño es jugar el Mundial con mi Selección”.

Entonces, a los 68 minutos del juego en esas tierras lejanas, va y se hace dueña de la pelota. Encara por la línea, le sale una rival, no podrá detenerla jamás. En Argentina todos se pararon frente al televisor. Sabían que algo iba a pasar.

Y lo que pasó es que María Florencia remató con su zurda y la pelota viajó y viajó... Un viaje a la ilusión, un viaje que hizo latir corazones, porque la pelota tomó vuelo y se metió en el arco. Gol. Empate. Pero no fue un gol más.

Fue un golazo que le aseguró al país su tercera participación a una Copa del Mundo de fútbol femenino. Porque soñar sueña cualquiera, pero ella trabajó por esa meta. Y ahora la espera Francia 2019.

Y llora, claro, llora... llorar de emoción, atrás de esas lágrimas hay una historia de ilusiones y sueños concretados. Por eso festeja cuando la gente del estadio panameño ya se fue. Y festeja en el micro junto a todas sus compañeras, y en el hotel bailan y cantan abrazadas a una bandera argentina. Y se abrazan, es que todas ellas lo expresaron desde chicas: “Mi sueño es jugar el Mundial con mi Selección”.

7-
¡Flor de sueños, Flor!

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