El documental que faltaba

Cultura & Espectáculos 31/10/2018 Por
“No te mueras nunca” es un retrato histórico del cuarteto y su mística, pero también es un recorrido por una de las pasiones cordobesas por excelencia. Se estrenó en junio, justo el día del aniversario número 75 del primer baile de La Leo en Colonia Las Pichanas.
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1 / 3 - - "Rescato el hecho de que este material, al lado de producciones gigantes como la película de Rodrigo u otros productos porteños a los que no les importa retratar una cultura musical, es fiel y es testimonio vivo." relata Exequiel Casanova, su director.

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Si hay algo que marca el pulso del ritmo cordobés es el cuarteto. Desde sus inicios, con los primeros bailes de la mano de una herencia europea de tarantelas y pasodobles, el ritmo bautizado a partir de la clásica formación de piano, acordeón, violín y contrabajo atravesó la cultura popular de la provincia. Unió campo y ciudad, rompió la barrera de las clases sociales y no dejó de mutar permanentemente hasta hoy, cuando sigue siendo símbolo excluyente de identidad cordobesa.

En una hora y media, No te mueras nunca relata una historia cronológica del cuarteto como fenómeno social en plena celebración de sus 75 años de trayectoria. En paralelo al recorrido desde los años ‘40 a esta parte, el otro relato que presenta la película tiene que ver con el ritual de un grupo de seguidores de La Mona Jiménez que suelen viajar para verlo fuera de la ciudad. En ese contrapunto de narraciones y vertientes, que tocan diferentes aristas del cuarteto como hecho social, el documental encuentra cómodamente su lugar. Hablan los protagonistas, el archivo audiovisual y gráfico acompaña (y sorprende) en el recorrido y las vivencias relatadas por los fanáticos de La Mona anclan permanentemente con el presente de este mito surgido a partir de la música.

Ritmo y sustancia

Como puede verse en la película, el cuarteto es hijo de una mujer que inventó una variante propia de músicas de inmigrantes que se tocaban en los bailes populares de la primera mitad del siglo XX. Un formato original que dio lugar a cientos de versiones similares que surgieron para aprovechar la demanda creada por el Cuarteto Leo, la histórica agrupación creada por Augusto Marzano y su hija, “La Leo”, responsable del gesto rítmico que se convirtió en ADN musical para las futuras generaciones de cordobeses.

“La peli surge de una realidad que era que no había ningún producto hecho en relación a la historia del cuarteto”, explica de entrada Exequiel Casanova, director y principal motor creativo de No te mueras nunca. “A mí siempre me gustó, aunque nunca fui un cuartetero de ley. Estaba estudiando cine en la facu, un poco cansado, y necesitaba filmar. Me junté con Jorge Nallar, el director de foto, y le planteé la idea. Yo sabía del ojo que tenía él, y se prendió enseguida. Le vio el valor cultural que tenía el proyecto. Y así arrancamos”, narra Casanova, quien describe que la película fue hecha “con dos piedras”, sin un equipo de rodaje fijo y a puro pulmón.

“Costó entrar en el ambiente, pero muy de a poco fuimos metiéndonos”, analiza el director. “El primero que nos abrió la puerta de su casa fue Carlitos Rolán, al que le estamos eternamente agradecidos porque si él no hubiera accedido el proyecto quizás no hubiera prosperado”, asegura Casanova, que contabiliza un total de 50 rodajes en el proceso del documental, incluyendo una visita a Colonia Las Pichanas, la localidad del departamento San Justo en la que el Cuarteto Leo hizo su debut hace más de 75 años, el 4 de junio de 1943.

“Es un retrato de cómo se fue armando, contado por sus protagonistas” comenta Casanova en relación al documental y su vocación por abordar históricamente la música que distingue a Córdoba. “Tuvimos mucha suerte de encontrar a Estela, que estuvo presente en ese baile. Hoy esa señora no recuerda nada, la agarramos justo. Encontramos gente que quería hablar del cuarteto, quería contar su historia, su vivencia. Porque todo el mundo vivió algo en relación a esa música. Ya seas bailarín, oyente, o lo que sea. Es una música que nos toca a todos”.

“Es un recorrido histórico, por épocas, y a la vez es un recorrido espacial, de los pibes viajando de un lugar a otro siguiendo a La Mona, que es algo que se hace constantemente y no pasa con ningún otro cuartetero”, agrega el director. “Cuando logramos las entrevistas que queríamos fui montando la película y lo que vi no era lo que yo me imaginaba. Una película de cuarteto no podía ser un manual. La veía muy densa, muy cargada, le faltaba piel, pasión, un poco de vida. Le faltaba algo y lo que apareció fue esa línea de los pibes, de quienes me hice amigo y empecé a viajar con ellos y a grabar”, explica.

“Eso terminó de completar esta otra faceta que tiene el documental. La película te cuenta la historia pero por otro lado la vivís. Ahí me terminó de cerrar, porque yo quería dar una idea sincera del cuarteto, de cómo lo vivís y de cómo se siente la gente, con los sacrificios que se hacen para poder divertirse”, expone Casanova, que destaca la densidad del proyecto fue realizado en un total de cinco años de producción. “Quedaron dos películas afuera”, dice, sobre la edición final del film.

-El estreno se realizó el último 4 de junio. ¿Lo pensaron en relación al aniversario 75 del primer show del Cuarteto Leo?
-Se fue dando, ¿vos sabés? Nunca pensé nada al respecto, hasta un año antes. El cine se puede hacer con dos piedras, eso está totalmente comprobado con esta película. El único apoyo que tuvimos fue a través de la plataforma Panal de Ideas, de financiamiento colectivo. Cualquier ciudadano de a pie ponía 50 pesos. Y a partir de  eso nosotros quedamos comprometidos en entregar la película un año después. Teníamos que estrenarla en 2017 y no llegábamos. En eso me puse a hacer cuenta y me di cuenta del 75 aniversario, las bodas de diamante, y nuestra productora se llama Joia Films, así que cerraba todo. Se fue asentando todo y llegamos a 2018 corriendo, montando durante tres meses. Pero llegamos al final.

-¿Qué creés que destaca a “No te mueras nunca”?
-Lo importante de esta película fue aprovechar a los protagonistas que lo vivieron en carne propia. Como si fuese tu abuelo o tu tío que te contó una anécdota. Hoy en día ya no podés hacer eso. Carlitos Rolán está grande, incluso La Mona misma. Así que aprovechamos el momento, entramos como outsiders y pudimos llegar a algo. Y rescato el hecho de que este material, al lado de producciones gigantes como la película de Rodrigo u otros productos porteños a los que no les importa retratar una cultura musical, es fiel y es testimonio vivo.

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