Mujeres que se ayudan: crearon una casa para víctimas de violencia

Sociedad 29/10/2018 Por
Se conocieron militando en el Encuentro de Organizaciones (EO) y recorriendo los barrios más vulnerables de Córdoba. Desde hace tres años contienen y acompañan a quienes sufren violencia de género.
Libertad

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En Casa Comunidad no hay hombres. Al menos, no hay hombres adultos. Solo mujeres ayudándose unas a otras. Tejiendo redes invisibles que se transforman en frazadas y escarpines. Regando una huerta donde crecen tomates, lechugas y pimientos. Aprendiendo nuevas formas de relacionarse y distintos oficios para subsistir y nuevas formas de vida. Casa Comunidad es como un pequeño pueblo de amazonas donde, desde hace tres años, cada día empieza y termina dándole batalla a la violencia de género. Algunas se forman durante meses para después salir a las calles de los barrios más vulnerables de la ciudad y ayudar a las que están siendo víctimas de violencia. Esas son las promotoras. Otras acompañan dando consejos y escuchando porque la escucha, dicen, es justamente una de las cosas que más falta en el Estado.

Llegar no es fácil. Las redes invisibles protegen el lugar donde viven quienes lograron escapar de situaciones de extrema violencia. El principio del cuidado y el resguardo rigen el accionar y los movimientos de cada una de las integrantes. A contramano de la tecnología, el acceso a la casa y a su historia se basa en el boca en boca y en una sucesión de círculos que van autorizando la llegada o no a Casa Comunidad.

Formada por mujeres que se conocieron militando en el Encuentro de Organizaciones, la iniciativa de dar contención a víctimas de violencia de género surgió a fines del 2015. El origen fue la necesidad que plantearon las mismas vecinas de los distintos barrios de la ciudad de Córdoba a los que llega el EO. Más de 20 barrios -de norte a sur y de este a oeste- que comparten la pobreza como rasgo distintivo, así como la falta de acceso a programas del Estado, como los que se llevan adelante en el Polo Integral de la Mujer. La distancia geográfica, en la mayoría de los casos, también incide en la llegada a la información más básica.

Un lugar para recomenzar

Delfina Saab tiene 23 años, estudia abogacía en la Universidad Nacional de Córdoba, milita en el EO y es una de las referentes de Casa Comunidad. “La idea de trabajar la cuestión de género fue una de las primeras necesidades que surgió cuando se creó el Encuentro de Organizaciones y empezó el trabajo territorial. Las mismas vecinas de los barrios a los que íbamos comenzaron a plantear situaciones que estaban viviendo. Era complejo porque sus parejas también formaban parte del EO, por lo que nos organizamos teniendo como prioridad el trabajo con las mujeres. Detectamos, más que la necesidad de hacer o no la denuncia, la cuestión de ser escuchadas y acompañadas. Durante un plenario, en el que se puso en tema las cuestiones que tenían que ver con género, patriarcado y feminismo, las compañeras de los barrios dijeron ‘podemos debatir sobre trabajo doméstico, salario y trabajo no remunerado, pero nosotras entendemos que hay vecinas a las están cagando a palos’. Así fue como decidimos crear una herramienta para hacerle frente a este tipo de violencias machistas, que se inscriben en la organización, y que la atraviesan”, explica Delfina.

Un trabajo integral con las víctimas

Así fue como decidieron trabajar en dos ejes, por un lado en el acompañamiento y por otro, en la promoción. El espacio de acompañamiento tiene una mirada integral y hace un seguimiento de cada caso, a la vez que da asesoramiento psicológico y jurídico. Hay politólogas, trabajadoras sociales, psicólogas, abogadas, entre las profesionales, y también mujeres que han sido acompañadas en situación de violencia y que se convierten en referentes. Por su parte, las promotoras de género se reúnen durante seis meses consecutivos en los que se capacitan y vuelven al territorio, es decir, a los barrios donde viven, para seguir a su vez, capacitando a otras mujeres.

Actualmente hay 10 acompañantes; 8 personas en coordinación; y tres camadas de promotoras de género que detectan los casos en el terreno y hacen redes. Cuando una mujer llega a nuestro espacio en situación de violencia, se le hace una primera entrevista donde se toman sus datos y se la escucha. Después se evalúa el proceso con el Polo de la Mujer, con la fiscalía si es que hizo la denuncia; con el barrio donde vive, con los militantes del EO, entre otros puntos. Además, abordamos los pasos que implica una denuncia así como también los tiempos”, cuenta la estudiante de abogacía.

Empoderarse para desnaturalizar

Además, la casa funciona como un espacio cultural donde se dictan talleres para que las mujeres incorporen saberes que les permitan producir ingresos, ya que el factor económico es una de las primeras consecuencias cuando -tras episodios de violencia- deciden abandonar sus hogares y recomenzar nuevamente sus vidas.

“Muchas llegan buscando información acerca cómo manejarse ante una cuota alimentaria, tenencia los hijos, regímenes de visita e incluso casos de abuso sexual familiar. Es común que el factor hijos desencadene episodios de violencia. Por eso siempre contemplamos la posibilidad de que ante una situación extrema la mujer venga a vivir a la casa con los chicos, al menos hasta que sean menores de 18 años. En este momento hay tres mujeres y las tres viven con sus hijos en la casa. Por otro lado, no es casual que comencemos a receptar denuncias de abusos sexuales, ya que a través de las promotoras hay muchas niñas, jóvenes y adultas que comienzan a tomar conciencia y a empoderarse para desnaturalizar lo que antes no se animaba a visibilizar”, concluye Saab.

 

 

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