El joven que desafía todos los límites

Deportes - Actualidad deportiva 03/01/2022 Por Milagros López (*)
A veces, la vida te golpea. Pero a su vez te hace renacer y querer reinventarte de la peor manera. La historia de Javier Gómez.
fundacion maggie
Gentileza.

La rebeldía típica de la preadolescencia destaca en los primeros años de vida de Javier Gómez. “Crecí en una familia media desordenada”, cuenta.

Contexto: mamá trabajando todos los días para poder traer un plato de comida a la mesa, papá ausente por cosas del destino. El joven buscó esa figura paterna en un tío, una abuela o algún familiar cercano.

Un rebelde que sentía no encajar en ningún lugar, con problemas para socializar. “Siempre fui muy tímido, me costaba mucho socializar y hacer amigos”, relata.

De pronto, cambios repentinos llegaron: nuevo contexto familiar, nueva escuela, nuevo barrio, nuevo “hogar”. Y ese  pequeño Javier  introvertido que lograba conectar sólo con sus paseos en bicicleta.

Con el pasar de los días, ese niño tímido empezó a soltarse, a llevarse mejor con las personas y hacerse de algunos amigos. La vida suele caracterizarse por ser demasiado impredecible e incluso inesperada. Cuando estaba en quinto grado, una simple gripe según los médicos, se volvió un virus que llegó para convertir su vida en una carrera larga sin frenos.

Una mañana se levantó con un poco de tos y mocos que siendo época de invierno no es nada anormal para un niño que quizá tomó frío por estar jugando fuera de casa y con el pasar de los días, para el pequeño , esta “gripe” se convirtió en un impedimento para andar en bici al aparecer sus dolores corporales.

“Me dolía mucho la espalda y perdía mucho el equilibrio”.

Tras ésta situación, decidieron ir al hospital. “Fuimos al hospital de Villa Allende, los médicos nos dijeron que era una simple gripe y mis dolores de cuerpo podían ser por el crecimiento, quedaron en hacerme unos análisis para la próxima semana”, recuerda.

En esta parte de su narración pude notar algo de tristeza en su voz y me imaginé a un jovencito esperando sólo que el doctor le diga que está todo bien para volver a andar en su bicicleta.

Aquello que caracterizaba al Javi de ese momento parecía ser la rebeldía. A pesar de no estar muy bien físicamente, el fin de semana largo del Día de la Virgen decidió emprender viaje hacia el Rally, junto a el papá de sus hermanos. En el proceso de la charla recuerdo haberlo llamado rebelde, se rió y me contestó: “Sí, viste, desde siempre”. Aunque no lo culpo, ¿qué chico a su edad no soñaba con ir a ver autos de carrera en vivo y en directo?

“Allá en el Rally, me acuerdo que era de noche, estaba acostado y me dolía muchísimo la espalda. Dije ‘bueno ya fue me duermo’. A la mañana siguiente, cuando me desperté, no me podía mover”, relata. Recuerda haber llamado a su padrastro por ayuda.

“Cuando me quise parar, directamente no sentía nada, no tenía fuerza”.  En la carpa del lado había un médico quién le dijo que se podía tratar de un caso de hipotermia por el frío de la noche anterior. 

“Intentaron calentarme el cuerpo y no, no había forma no sentía nada”. Se frenó el rally para él y para el resto de las personas presentes por unos 30 minutos, para poder trasladarlo a un hospital en una camioneta.

“Estaba consciente y a la vez no, hubo momentos en los que me desmayaba o vomitaba”.

El paisaje de autos de carreras del Rally se transformó en una ambulancia hacia el destino donde pasaría los 4 meses siguientes: el Hospital de Niños de la Santísima Trinidad en Córdoba.

Con el pasar de los días, su rutina se convirtió en estar postrado en una cama con médicos entrando y saliendo de la habitación, pinchazos y exámenes constantes.

“Los primeros días no podían ni tocarme, tenía hipersensibilidad y cada vez que me tocaban sentía cómo que me apuñalaban, me mantenían a calmantes”.

Con el avanzar la charla, no podía evitar conmoverme pensando en todo lo que había pasado siendo apenas un preadolescente. Sigue contándome que después de varios diagnósticos errados, llegaron a la conclusión de que se trataba de un virus qué podría haber venido una gripe o una bacteria externa qué se instaló en la médula, haciendo que está se inflame quitándole su sensibilidad sobre todo miembros inferiores.

“Con todos los trastornos qué esta situación conlleva me acostumbré mucho a la morfina, me había hecho medio adicto a eso, le había agarrado un gustito porque con eso ya no me dolía nada”

La recuperación fue lenta pero progresiva después de meses de rehabilitación. “Tenía muchos berrinches, pero por suerte tenía a mi vieja acompañándome siempre al pie del cañón”, dice. Algo se alivió en su rostro luego de tanta tensión y un poco de nostalgia en el relato porque al nombrar a su madre sonrió .

Había llegado el momento de volver a casa, pero una manera distinta. A aquel niño estaba acostumbrado a caminar correr y saltar se encontraba con su nueva realidad una silla de ruedas “Movía muy poco los brazos, tenía un muy poca estabilidad de tronco, me costaba mucho hasta sentarme pero me iba después de haber pasado día del niño y Navidad ahí adentro, estaba cansado de todo “ esas fechas tan especiales para quién era a un niño que no hacía más que esperar el regalo más preciado su libertad después de tanto.

Los días en casa para el pequeño se hicieron complicados y la rebeldía se hizo más presente que nunca asimilar el tener una discapacidad tan repentinamente a cualquiera le lleva su tiempo. 

“Hasta los 26 años no lo aceptaba”, narra. 

“Empecé a boicotearme a mí mismo “ dice Javier. 

Un par de años mas tarde, la familia se desintegró aún más; mamá ya no estaba en casa. Un adolescente de 16 años parado en unos bastones queda cargo de su hermano menor, para un chico de adolescente la mejor postal para vivir puro descontrol.

“ Domingo, martes , lunes no importaba el día en mi casa había joda, conocí el alcohol y la droga”, explicó.

El auto boicot, según Google, es boicotearse y ponerse trabas a uno mismo, creer firmemente que no seremos capaces de alcanzar nuestros deseos en cualquier aspecto de la vida, puede estar acompañado también de querer sustituir el sentimiento de aquello que no podemos alcanzar con otras cosas. Para Javier la droga y el alcohol era aquella sustitución para tener un poco de felicidad.  “Lo hacía porque según yo lo disfrutaba y no me daba cuenta de que me estaba destruyendo”, comenta. 

Ese niño que hace unos años atrás disfrutaba de su paseo en bicicleta como símbolo de felicidad sin darse cuenta se convirtió en un adolescente qué buscó por años la” felicidad” en narcóticos que lo hundiría en un “pozo sin fondo” cómo él lo llamó.

“En uno de mis tantos viajes con la droga tuve un mal viaje con el LCD, es una droga alucinógena que me hizo darme cuenta de toda la mierda que llevaba dentro y me cuestioné muchas cosas mi vida “.

El tocar fondo para cualquiera puede ser la completa destrucción o el replantearse cosas y renacer, por suerte la elección en esta vuelta de la carrera en la vida de Javi fue renacer.

“ Dejé las drogas, el alcohol y reinventarme después de eso fue difícil, me dejó en un estado depresivo y no tenían la personalidad para poder decir algo sentía que no tenía voz”.

Así como cualquiera de nosotros, él necesitaba algo en que creer algo qué le llevará a dar un giro completo de su estilo de vida. La bicicleta, como un símbolo de esperanza, volvió a aparecer.

“Estaba buscando videos y cosas para motivarme, había un hombre grande con una discapacidad escalando el Himalaya en una bicicleta de mano”, afirma.

Y ahí estaba la nueva oportunidad de volver a sentir esa libertad que creía perdida representada en Jean Maggi, quién también a raíz de la poliomielitis había quedado paralizado. Pero para su sorpresa, el deporte y la bicicleta eran algo posible y esencial.

“Por dentro mío pensé que si él puede, por qué yo no”.

Eso bastó para cambiarlo todo.

Empezó a leer, a conocer, a interesarse por cosas, a alimentarse mejor, a aceptar su cuerpo y su condición. A encontrar aquella motivación que tanto deseaba, pero para llegar a completarla se contactó con Jean. “Me enteré que él tenía una fundación dedicada a fomentar el deporte para chicos que tienen discapacidad motriz”, relata.

La ONG Jean Maggi entrega bicicletas de mano a jóvenes y niños con alguna discapacidad motriz, con el fin de fomentar su movimiento e independencia.

“Me dieron la bici, volví a andar en aquello que me hacía bien, cansado y feliz con una sensación rara porque también me sentía con energía”.

La sensación de libertad, creo que eso fue lo que pude leer entre líneas mientras lo escuchaba.

“Leyendo me enteré que la droga genera una sustancia que se llama serotonina, que me genera felicidad por lo menos en este de consumo. Resulta que esa misma sustancia se genera cuando hacés ejercicio”, describe. En esta etapa destaca la acción de la fundación, la bicicleta adaptada y acompañamiento de su novia que establecieron en su cabeza y corazón la posibilidad de cambiar de hábitos y perspectivas de suplantar la droga por el deporte.

“ Una conjunción de cosas buenas que se qué se dieron en ese momento me hicieron ver que no era tan difícil salir adelante”. Una nueva largada en la carrera de su vida pero en esta oportunidad cargada de positivismo y grandes hazañas tocaba su puerta . En enero del 2020, participó del  Miami Marathon and Half en Estados Unidos, acompañado de otros 5 jóvenes con discapacidad.

“Fue muy loco, me entregaron la bici en octubre y en enero estaba corriendo en un maratón de 42 kms, mi primer maratón“, expresó entre risas como casi sin poder creerlo todavía. Cuando se anotó llevaba tiempo entrenando pero lo máximo que había recorrido eran 21 km y tenía tres meses para prepararse para este nuevo desafío.

 “Fue una experiencia única e inolvidable para mí. La salida fuera del país, mi primer vuelo, la primera vez que tenía un desafío tan grande”, destaca. Acompañado de la fundación, un equipo se convirtió en su contención que creyó en él, lo apoyó y le dio la oportunidad de darle una vuelta a su historia.

“Los últimos kilómetros de la carrera pero corrí junto a Jean. No crecí con una figura paterna, siempre he tenido padres de la vida, rescato cosas de personas para crecer. Con Jean como referente, aprendí cosas que me hicieron estar acá hoy y ser fuerte”.

Los kilómetros iban pasando. Cada vez estaba más cerca de aquella meta para demostrarse a sí mismo que ese niño perdido de 12 años hoy era todo un hombre con muchos sueños por alcanzar. “Llegar primero, segundo, o último no me importaba. Yo solo quería llegar para cumplir mi meta", remarca aquel hombre a punto de cruzar la meta de no sólo una maratón tan importante, si no de su propia realización.

“Yo creo que esos últimos segundos me acordé de todo el camino que recorrí para llegar ahí. El camino que fui transitando en la vida lo fui reviviendo en cada uno de los kilómetros, cuando llegué al 42, como que solté algo me sentí en calma”, destaca. 

Todos esos minutos me sentí expectante con cada parte de lo que contaba me transmitió con el tono de su voz la felicidad y el orgullo que supongo sintió.

Hoy, el movimiento es algo esencial en su vida: “Hago otro tipo de deportes como natación y voy al gimnasio, pero si me dan elegir siempre elijo la bici, porque me dio la oportunidad de volver a percibir aquello que me pasaba cuando era chico”. Javi tiene metas más altas como participar del triatlón Ironman y su anhelo más grande ser parte de un Juego Paralímpico.

“Me encantaría participar en unos paraolímpicos, es una lucha todos los días y entreno para  que eso sea posible y esté cada vez más cerca”, dice al contar su propio sueño. 

Actualmente, Javi tiene clara sus metas en la vida: es deportista federado, tiene una pareja estable con la cual comparte su pasión por la bicicleta, un trabajo en Super Adaptados La Fábrica, en el área de elaboración de bicicletas adaptadas junto a la Fundación Maggi, y además es miembro del consejo directivo. Un ejemplo claro de que si confiás en vos mismo, los caminos de la vida pueden sorprenderte.

 

(*) Milagros es también integrante de la Fundación Jean Maggi y de la Fábrica Superadaptados, que produce bicicletas adaptadas para personas con discapacidad.

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