El fuego sagrado de Graciana Falco

Deportes 28/05/2021 Por Marcos Villalobo
La triatleta cordobesa tiene, desde pequeña, ilusiones deportivas y se aferra a eso como modo de vida. "Mi sueño de chiquita es representar a mi país en unos Juegos Olímpicos", contó a La Nueva Mañana.
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La “Flaca” Falco, a la espera de las próximas competencias, busca ayuda para poder solventar su carrera deportiva. (Fotos: Gentileza Milagros Yorio)

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Tenía unos cinco o seis años Graciana cuando, sentada junto a su papá Ramiro, le dijo: “Cuando sea grande quiero estar ahí”. Y señaló a la tele. En la pantalla estaban transmitiendo los Juegos Olímpicos. Esa nena veía la admiración de su padre hacia esos deportistas. Y, entonces, ella soñó con ser una de esas deportistas que representan al país.

Han pasado los años y muchas circunstancias; y aunque parezca una utopía, el sueño jamás se esfumó.

- Graciana, ¿cuál es tu sueño?

- Sé que es extremadamente difícil, sacrificado y demanda mucho, pero mi sueño de chiquita es representar a mi país en unos Juegos Olímpicos. No sé si será posible, pero sí quiero darlo todo por representar a la Selección argentina. Estoy dando todo por algo así, y poder estar en un Sudamericano, Panamericano, lo que sea, ese es mi objetivo.

Y “darlo todo” es darlo todo para Graciana Falco, que con sus 18 años (08/08/2002) entrena, observa, entrena, aprende, golpea puertas, entrena, mira, entrena, estudia, y entrena... 

Graciana se dedica al triatlón. Desde finales de 2019 le empezó a dar con todo a esta disciplina que la enamoró. El año pasado terminó la secundaria y actualmente estudia Biotecnología en la Universidad Nacional de Córdoba. “Elegí esa carrera ya que me gusta mucho lo que es nutrición y voy a poder conectarlo con lo que es el deporte que practico”, le cuenta la cordobesa a La Nueva Mañana. Combinar horas de entrenamiento, horas de estudio, horas de descanso... organizarse para cumplir los objetivos. Pero nada la detiene en pos de cumplirlos. “Por eso admiro un montón a Brenda Lubrina, por cómo se organiza para las dos cosas. Trato de copiarle”, afirma sobre la triatleta cordobesa que está pronto a finalizar sus estudios de Abogacía.

Y al igual que “Bren”, también llegó a esta disciplina desde la natación.

Yo vengo de la natación, entrenando en Buccor con el objetivo de ir a un Nacional. Entrené todo un año, yendo a la madrugada, haciendo dobles turnos, con gimnasio, para hacer una marca. Me tomaron el tiempo y no logré la marca. Seguí insistiendo e insistiendo. Pero seguía sin lograr la marca. Mi entrenador me vio frustrada y un día me preguntó si alguna vez había corrido y la verdad que nunca había corrido ni un kilómetro, literalmente –se ríe-. Y me empezó a contar sobre el triatlón, sobre que une la natación, el ciclismo y la carrera. Y yo con la motivación de algún día representar a mi país en cualquier deporte y sabía que con la natación ya no tenía chance, porque empecé de grande, me dije, ‘vamos a intentarlo’. Y me metí en el triatlón”, relata. Y se la nota apasionada en esa descripción de sus orígenes en el triatlón.

Y se metió el triatlón, como dice. Comenzó a entrenar. Era todo nuevo. Un mundo nuevo que se le empezaba a abrir. Comenzó con una bicicleta “comunitaria” de la familia. No era una de competición, pero que servía para los primeros pedaleos. Y empezó a correr. Y no fue fácil. Corría media hora y paraba. Le costaba entrar en ritmo. Así fue el primer mes. Y mientras readaptaba su cuerpo llegó la posibilidad de ir a su primera competencia. “Un amigo de mi papá me prestó su bici de ruta. Un día antes la probé. Y tuve que aprender ahí a poner las trabas. Y así fui, así me llevaron, a mi primera competencia”.

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Esa primera competencia fue en la bella localidad de Embalse de Calamuchita; el 5 de enero de 2020.

No solo era su primera competencia como triatleta; también lo era en aguas abiertas. Tanto es así que se perdió en el agua, y tuve que dar dos vueltas. Pero en la bici le fue bastante bien. Y sorprendió a su familia, que creían que se iba a caer o renegar con las trabas. Pero no. Y corrió. Y llegó a la meta. Y sintió una emoción y felicidad que pocas veces había experimentado. “El llegar a la meta realmente fue una sensación de orgullo increíble que nunca lo había sentido”, exclama al narrar aquel debut en las sierras cordobesas.

Se dijo, entonces, que se quería dedicar de lleno al triatlón. “Me quedo con esto”, y les comunicó a sus allegados. Al mes siguiente participó de la edición 35a del Triatlón Internacional Vendimia. Ahí ya lo pudo hacer con una bicicleta propia. “Empecé a entrenar, me dijo que era lo que quería hacer, le empecé a dar y al mes me agarró la cuarentena”, relata y se lamenta. Sin embargo, no se quedó en lamentaciones. Entró todos los días durante el confinamiento, con disciplina, levantándose temprano, pedaleando en una bici fija, saltando la soga y haciendo ejercicios por doquier. “Ahí me di cuenta realmente que quería hacer esto, porque era entrenar sin ninguna carrera a la vista, sin objetivo, sino porque me gustaba. Terminó la cuarentena, volví a entrenar a la calle, a correr seriamente. Y ya en este 2021 pude competir, no fui de las mejores, pero logré buenos resultados, siento que estoy avanzando”, narra apasionada.

La “Flaca”, como le dicen sus entrenadores, dice entre risas: “Lo empecé a hacer todo medio inconsciente, sin saber adónde me estaba metiendo. Pero a medida que pasa el tiempo, tomé noción y me doy cuenta de la vida del triatlón. Te permite andar en bicicleta y conocer lugares increíbles, conocer mucha gente buena, es hermoso charlar con gente en las competencias, en el entrenamiento con mis compañeros, el conformar una familia, sentir el apoyo”, expresa. Este año participó del Campeonato Cordobés en Almafuerte, donde hasta ella misma se sorprendió de su crecimiento y posición que logró, estando en lugares de vanguardia. Después en el evento en Villa Rumipal no pudo terminar, pero salió entre las primeras en agua y debió abandonar en la bicicleta por unos dolores que le aparecieron.

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“Veo fotos de mi primera carrera  ahora y observo que hasta mi físico cambió. El ‘Bochi’ Sosa y Alejandro González fueron clave para este crecimiento, me han dado mucha confianza. Es maravilloso estar en este equipo”, expresa la atleta cordobesa, que cuando inició este proceso debió adaptarse a los cambios incluso sociales. Ya sus tiempos de salida de viernes o sábados por la noche quedaron de lado, como así también algunos compañeros que no la supieron entender. Aun así, se centró en su meta deportiva.

Graciana hizo deporte toda su vida. Pasó por la equitación, el hockey, esgrima, atletismo, básquet, debido a la admiración hacia “Manu” Ginóbili, y la referenciada natación. Pero el triatlón le cambió la vida; así lo sentencia: “Yo creo que hoy en día el triatlón realmente cambió mi vida, más allá de lo físico me dio otra mentalidad, otra forma de ver la vida y me dio una familia en la que nos apoyamos mutuamente para cumplir nuestros objetivos. Antes pensaba en terminar el secundario, empezar la universidad, pero nada más. Ahora tengo mi cabeza pensando en cómo organizarme para todo. Te abre la cabeza, es otro panorama, siento que soy más responsable. Me dio mentalidad de organización, disciplina, conducta que también puedo adaptar a mi vida cotidiana”.

También este deporte tiene una contra: es caro.
El triatlón es un deporte caro. Es una importante inversión, con mucha erogación de dinero. Son muchos los gastos. Traje de baño y los elementos de natación, la bicicleta y la vestimenta del ciclismo, el conjunto para correr y las zapatillas especiales, además de los complementos nutricionales, entrenador y la lista sigue.
“La verdad que el deporte que practico tiene esa gran desventaja que es demasiado caro. Al demandar tantas horas de entrenamiento, más las horas de estudio por la facultad, se me está imposible lograr trabajar para cubrir los gastos”, explica. 

Hoy su sostén es su familia. Pero es una familia con tres hermanos. Entonces, no es fácil. Y sus metas son grandes. “Sé que es muy costoso, por lo que me gustaría conseguir alguna ayuda para lo que son los elementos de entrenamiento, cuotas, suplementos alimenticios”, cuenta Graciana; que narra que “la bici es lo más caro”, debido a que cada mes hay hacerle un service, cambiar cubiertas, cuando se rompe algo, es caro el repuesto. “Y cuesta”, dice, al tiempo que agradece a la Bicicletería Cingolani, porque “nos dan una mano a los triatletas que entrenamos en el Kempes”. Los deportistas en Argentina tienen ese condicionante. Además de practicar y enfocarse en los objetivos, tienen que salir a tocar puertas en búsqueda de apoyo.

“Mi familia me apoya un montón”, exclama ‘Grachu’. Y se emociona al hablar de ellos, del valor que le dan a su pasión deportiva. “Sería imposible si no tuviera el apoyo de ellos, no solo en lo económico”, agrega, y cuenta sobre cuando se levantaban mamá y papá a las cuatro de la mañana para llevarla a entrenar o cuando la acompañan a las carreras.

Desde hace un tiempo Graciana y su papá Ramiro corren juntos los domingos bien temprano. Y mientras van a la par, observando el paisaje van intercambiando charlas y ella le comparte sus sueños... como aquella vez que era niñita y le confesó sus ilusiones olímpicas.

 

 

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