La angustia frente a la incertidumbre

Sociedad 27/05/2021 Por Carlos Torino
La Nueva Mañana consultó a dos especialistas, Alejandra Vercellone, secretaria gremial del Colegio de Psicólogos de Córdoba, y Ana Salamone, psiquiatra y sanitarista sobre esta problemática.
Cuarentena
El servicio de salud mental se mantuvo y se mantiene activo a todo el sufrimiento emocional causado por la pandemia. Foto: Ilustración.

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Especial para La Nueva Mañana

Para Ana Salamone “la salud mental ha sido y es históricamente excluida. Se puede leer en la historia de la  locura de la época clásica de Foucault cómo desde la obra del Bosco ‘La nave de los locos’ (1504), se embarcaba a los locos sin un destino pero sí lo más lejos posible de su entorno cercano. El nacimiento de los grandes hospicios de comienzos del Siglo xx alojaban inmigrantes, locos o todo aquel a quien no se le comprendiera el idioma lo más alejado posible de sus familiares o allegados”, y agrega a esta caracterización que “se trata todavía hoy de padecimientos invisibles que socavan las capacidades pero que siguen siendo ocultados”. Subraya que en el comienzo de la pandemia se comenzó a hablar mucho de los padecimientos que ella generaba pero, observa que “eso fue usado políticamente por los defensores de la anticuarentena. Así como hoy se usa el daño psicológico en les niñes sin asistencia a las escuelas como fundamento para sostener la presencialidad en las aulas”.

Se habla de cansancio de los planteles médicos y paramédicos pero poca referencia se hace a los departamentos de Salud Mental. Para Alejandra Vercellone, también integrante del servicio de Salud Mental de la Maternidad Provincial,  ese peso relativo tiene que ver con que “la ciencia médica es una ciencia hegemónica con o sin pandemia. Por lo tanto siempre se va a hablar y poner en figura el protagonismo de la medicina” y aclara el sentido de sus palabras: “No quiero bajo ningún concepto disminuir algunas especialidades de la medicina que están en las primeras líneas” y añade que “la psicología es una ciencia más nueva o de menos años y menor hegemonía en el equipo de salud pero no de menos importancia”.

Ana Salamone
Ana Salamone, Médica psiquiatra y Sanitarista.

Resalta que la función de los servicios de salud mental reside “en la contención de la familia que tiene todo paciente que debe pasar por un hospital”, y destaca que “el servicio de salud mental se mantuvo y se  mantiene activo a todo el sufrimiento emocional causado por la pandemia”. Apunta asimismo que “en la prensa –por ejemplo- se habla del médico y la enfermera. Eso tiene que ver con la dolencia física pero no se tiene en cuenta el padecimiento del paciente y el familiar. Atender este dolor y esa angustia es parte de la psicología”.

Refiriéndose a la atención recuerda que el propio Colegio de Psicólogos y Psicólogas de Córdoba brindó un servicio el año pasado con 70 profesionales. “Hemos sido sostén de los individuos y familias. Setenta colegiados atendían telefónicamente si las personas necesitaban ser atendidas”.

“La salud en un principio se desarrolló bajos conceptos  biológicos que otorga la hegemonía ya sellada en el imaginario colectivo” pero la Organización Mundial de la Salud cambió ese paradigma y empezó a hablar y a considerar  que “la salud no es solamente física sino Bio-Psicosocial y que ya aborda lo psicológico, lo vincular, lo social y hasta lo ecológico. No podemos decir que una persona está sana si la persona tiene un padecimiento emocional o una psicopatología”, afirma Vercellone. Y remarca que los y las psicólogas “han sostenido y sostienen a la comunidad sea en los hospitales, sea en los consultorios porque en estos momentos se necesita el sostén de un psicólogo o psicóloga ya que el dolor, el miedo y la incertidumbre van resquebrajando los vínculos”.

Marcas de la pandemia en los sujetos

En otro orden, Salomone señala que se debe diferenciar dos periodos diferentes respecto al impacto de la pandemia en el sujeto. Un primer periodo de cuarentena “donde hubo una menor o mayor dificultad organizacional en las rutinas de la vida cotidiana. Rutinas tales como la alimentación o el sueño se vieron alteradas y ello llevó a desórdenes alimenticios, alteraciones en el ritmo de sueño/ vigilia o aumento en el consumo de sustancias psicotrópicas o de bebidas alcohólicas”.

Enfatiza que “se ha triplicado el consumo de sustancias psicotrópicas con recetas desde el inicio de la cuarentena y se incrementaron los índices de violencia de género y violencia doméstica, como así también el número de femicidios. Hemos constatado fundamentalmente una suba en los síntomas tales como los trastornos de ansiedad, los síntomas de la serie depresiva o el aumento en el consumo de sustancias ya sea que se trate de alcohol u otras” y resume contundente que “podríamos decir que el paradigma de la época es la angustia frente a la incertidumbre”.

Vercellone
Alejandra Vercellone, integrante del servicio de Salud Mental de la Maternidad Provincial.

Con estudios aún en fase descriptiva, la sanitarista dice que “todavía no se puede evaluar el impacto psíquico que produjo la pandemia debido a que estamos en pleno proceso de expansión de la enfermedad y de aumento del número de muertes” pero “sí podemos hablar de que existe un efecto traumático. Como si se tratase de una guerra o un fenómeno climático extremo. Existe un duelo imposible de efectuar y que es evidente. Hay miles de familias con pérdidas afectivas muy grandes y eso es una catástrofe”.

Menciona un fenómeno importante y no evaluado aún que “es el hecho de haber atravesado la enfermedad. O sea, un cuerpo atravesado por otro siniestro que puede llevarnos a la muerte. Algunos sobreviven sin sobresaltos. Otros deben transitar en soledad una enfermedad extenuante. Se ha empezado a hablar de la bruma mental que perdura en el sujeto hasta muchos meses después de haber sobrevivido a la enfermedad”.

Virus y ¿después?

Para Salamone el futuro ya con virus controlado y una nueva normalidad no es igual a retomar donde quedó la vida antes de marzo del año pasado. “No creo que seamos iguales. La pandemia nos dejará mayores o menores marcas o huellas psíquicas más o menos imborrables”, sostiene  pero considera que “la mejor salida sería la de minimizar el efecto de la desigualdad social con políticas públicas de contención de todas las problemáticas, donde se incluya también a la salud mental” y se plantea que “un mundo mejor sería posible si se pensara en un mundo que si no es para todes, al menos para la mayor parte de habitantes”.

En tanto, Vercellone infiere que habrá que “acudir a la capacidad de la adaptación y como un signo de salud mental ver cuán capaz soy de adaptarme a una nueva normalidad” aunque respecto al futuro ya sin  amenaza del coronavirus dice “lo que viene tiene que ver con que los gobiernos tomen medidas sanitarias oportunas y podamos conservarnos con la menor posibilidad de contagio” y concluye: “Mucha gente se ha ido y mucha quedó con una sintomatología no tan solo física sino psicológica”. 

 

 

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