La objetividad informativa huye de los disparos

Especiales - Opinión 17/05/2021 Por Néstor Pérez
"La tempestad que azota a Colombia y Medio Oriente nos devuelve prácticas informativas nunca revisadas", analiza el autor de esta nota de opinión.
imagen columna

En dos regiones donde la violencia de la muerte no asombra – la hubo y en cantidades, casi sin pausa, como que cuando se disipa parece solo cosa del deseo -, en dos lágrimas del mundo, esa violencia vuelve hoy a señalar los límites donde se estrella la paz cuando se ponen en juego intereses contrapuestos. La tempestad que azota a Colombia y Medio Oriente nos devuelve prácticas informativas nunca revisadas, repitiendo patrones imperiales a la hora de ofrecer a los públicos algo aproximado a una explicación de los sucesos.

Este oscuro momento planetario que nos sacude sin pausa desde marzo del año pasado, todavía puede depararnos tragos muy amargos considerando la escalada de casos en países que no tuvieron antes, no poseen hoy, ni dispondrán mañana de la necesaria capacidad de respuesta que la pandemia exige. Economías al borde del colapso expresan la angustia de lo inoportuno. Ahí, en ese escenario inhóspito y trémulo, también estamos nosotros, naturalmente.

Pero en esta ocasión el cronista enfunda su interés por la aldea propia; porque otros fuegos arden, y las víctimas se cuentan a montones.

En dos regiones donde la violencia de la muerte no asombra – la hubo y en cantidades, casi sin pausa, como que cuando se disipa parece solo cosa del deseo -, en dos lágrimas del mundo, esa violencia vuelve hoy a señalar los límites donde se estrella la paz cuando se ponen en juego intereses contrapuestos. La tempestad que azota a Colombia y Medio Oriente nos devuelve prácticas informativas nunca revisadas, repitiendo patrones imperiales a la hora de ofrecer a los públicos algo aproximado a una explicación de los sucesos. Pongo el acento en la información que procede de esas tierras donde se disputa en medio de pasiones desbordadas.

Señora, señor, con la tele encendida y una mano en el corazón, dígame por favor, ¿cuántas voces islámicas escuchó usted?… ¿Cuántos ciudadanos de Palestina, de la Franja de Gaza, o Siria, cuántos?… Las dos campanas que cualquiera de nosotros proponemos como considerada y ajustada a la mejor tradición al hablar de libertad de expresión y prensa, esa doble campana preñada de respeto por los disensos, ¿se escuchan en medio de una lucha despiadada, pero con muertos también entre esos hombres y mujeres que nos parecen tan extraños, con esos ojos de fuego, y miradas donde la industria ideológica que es el cine occidental informa que son satánicas?…

Cuando en Francia los ciudadanos en protesta por el alza del costo de la vida ganaron los titulares de la prensa mundial, hubo menos afán en demoler sus intenciones que en caracterizarlos, se los conocería entonces como los “Chalecos Amarillos”, esos que “irrumpieron desde la periferia, desde el corazón herido de una Francia a la que se llamó erróneamente ´invisible´, escribía el periodista Eduardo Febbro desde una Europa conmovida.

Cuando los del grito y puños en alto son “sudacas”, africanos o musulmanes, esa explicación laudatoria se revuelve en invectivas. O calla.

Protestas, cuando lo accesorio se vuelve central

En Colombia, la protesta que comenzó por el aumento de los impuestos derivó en demandas por trabajo, bajo robustos fundamentos en la población joven; la falta de laburo los agrede sin piedad. En esa exuberante tierra la represión fue brutal, y los medios hicieron el silencio acostumbrado, ¿qué otra cosa harían?

La justicia penal colombiana investiga 14 muertes ocurridas durante las protestas, sospecha de miembros de las fuerzas de seguridad. Hay además 740 lesionados de distinta gravedad, la mayoría de Bogotá. Por su parte, el ministerio de Defensa abrió investigación a 120 hombres y mujeres por 8 asesinatos, 25 agresiones físicas, 7 lesionados y 67 abusos de autoridad. Aún hay otro dato que tensiona al máximo la convivencia democrática: desde el año 2016, 400 líderes sociales fueron asesinados.

El plan inclinado de occidente

La violencia de Hamas que estalló hace días causó destrucción y muerte, sembrando tragedia en las familias de las víctimas. Es el espanto cotidiano que Medio Oriente sufre desde tiempo inmemorial. Lo que ocurre esa tierra, seca por naturaleza, húmeda por la sangre derramada, nos llega por interpretaciones de los aliados de Israel; o sus socios planetarios. Todos sufren esa honda tragedia; pero siempre nos llega el dolor de un solo pueblo. Veamos algo más.

La historia, como instrumento de negociación con el pasado y de argumentación en el presente, nos ayuda a ver.

En 1947. la ONU partió desigualmente el territorio del “Mandato” británico, 56 por ciento para Israel y el resto para Palestina. El Mandato británico de Palestina resultó de la invasión luego de la 1° Gran Guerra; es hoy Israel, Cisjordania, La Franja de Gaza y Jerusalén.

Al ganar la guerra del 48/49, Israel avanzó anexándose el 78 por ciento del territorio del Mandato.

En 1967, Israel conquistó cinco territorios: Cisjordania, Gaza, Jerusalén Oriental, Los Altos del Golán y la Península del Sinaí. Desde entonces domina la región y es aliado del gendarme del mundo, los EEUU.

En 1988 el Consejo Nacional Palestino reconoció la co-existencia de dos Estados, fundando su derrota en sendas resoluciones de la ONU; lo cual significó darle la razón a Israel en su ocupación de casi el 80 por ciento de las tierras disputadas. Más tarde vendrían los fracasos del laudo que intentara la Casa Blanca en los acuerdos de Camp David. Algo así como poner de referí en un combate al padre de uno de los contendores…

En tema tan extenso y árido desde perspectivas tan variadas como necesarias, el cronista no pretende desconocer la violencia de una fuerza no regular y radicalizada como Hamas. Solo hace foco en la dinámica histórica de transferencia de información, cultura y paradigmas. El plano inclinado de occidente remite a cualquier querella donde se pongan en juego los intereses del mundo hegemónico.

Para cerrar, cedo la palabra y leo: “En la guerra de Vietnam los medios masivos de comunicación de los EEUU dieron a conocer a la opinión pública la posición de su gobierno y también la del enemigo. George Bayley, curioso de estos asuntos, midió el tiempo dedicado a una y otra parte en las cadenas televisivas entre 1965 y 1970: el punto de vista de la nación invasora ocupó el 97 por ciento del espacio (…) Noventa y siete a tres. Para los invadidos, el deber de sufrir la guerra; para los invasores, el derecho de contarla. La información hace la realidad, y no al revés”. Eduardo Galeano (1)

(1) “La información objetiva”, Espejos Página 290
 

Te puede interesar